SOCIEDAD

Conrado Estol advierte sobre la necesidad de tratar la ansiedad

El neurólogo Conrado Estol instó a jóvenes y adultos a adoptar hábitos preventivos para evitar la degradación física en la vejez, destacando que la consulta profesional es clave cuando la ansiedad no se controla con rutinas saludables.

Redacción El Capitán 13 de julio de 2026 6 min de lectura
Conrado Estol advierte sobre la necesidad de tratar la ansiedad
Foto: La Nación

El médico neurólogo Conrado Estol afirmó que la sociedad atraviesa un cambio histórico en la expectativa de vida, donde el foco debe trasladarse de la duración de los años a la calidad con la que se transitan los mismos.

La medicina moderna enfrenta hoy el desafío de lo que Estol denomina la “década perdida”, un fenómeno donde dos tercios de la población transitan sus últimos diez años de vida en condiciones de salud deficientes o muy malas. Según datos observados en la práctica clínica y reportados por especialistas del sector, esta degradación no es una consecuencia inevitable del paso del tiempo, sino el resultado de una falta de prevención en etapas tempranas. El neurólogo enfatizó que los adultos menores de 50 años deben modificar su mentalidad actual para comprender que alcanzar los 90 o 100 años en plenitud física y cognitiva es una posibilidad biológica real, siempre que se establezcan bases sólidas de bienestar antes de que aparezcan las patologías crónicas. La clave, según el especialista, reside en la adopción sistemática de siete pilares fundamentales: control del estrés, mantenimiento de vínculos sociales, higiene del sueño, eliminación del tabaquismo, moderación en el consumo de alcohol, nutrición equilibrada y ejercicio físico regular.

Uno de los puntos más críticos señalados por el profesional es el manejo de la salud mental y su impacto directo en la longevidad. Estol advirtió que si una persona no logra regular sus niveles de ansiedad mediante la modificación de hábitos cotidianos, resulta imperativo buscar asistencia médica especializada. En este sentido, el neurólogo buscó desmitificar el uso de psicofármacos cuando estos son necesarios y están correctamente supervisados por un profesional. De acuerdo con fuentes del ámbito de la neurología y la psiquiatría, el miedo al tratamiento farmacológico suele retrasar recuperaciones que podrían evitar daños cognitivos a largo plazo. La ansiedad crónica no tratada actúa como un factor de desgaste sistémico que acelera el envejecimiento celular, por lo que la intervención temprana se vuelve una herramienta de medicina preventiva tan relevante como el control de la presión arterial o los niveles de glucosa en sangre.

El concepto tradicional de vejez también fue objeto de análisis por parte del experto, quien sugirió que la denominación actual debería quedar obsoleta frente a la nueva realidad biológica del siglo XXI. Estol cuestionó la relevancia del número cronológico, señalando que existen individuos de 30 años que presentan un deterioro funcional compatible con términos antiguos de ancianidad, mientras que personas de 70 u 80 años mantienen niveles de actividad y lucidez óptimos. Esta disparidad refuerza la idea de que la edad es un indicador relativo y que la capacidad funcional depende directamente de la inversión en salud realizada durante las décadas previas. Mantener un propósito de vida y un optimismo activo no son meros clichés psicológicos, sino componentes biológicamente activos que influyen en la respuesta inmunológica y la resiliencia del organismo frente a las enfermedades degenerativas.

Contexto

El planteo de Estol surge en un momento donde la demografía global muestra un envejecimiento acelerado de la población, pero con una brecha creciente entre la cantidad de años vividos y los años vividos en salud. Históricamente, los avances en antibióticos y vacunas durante el siglo XX extendieron la vida humana al combatir enfermedades infecciosas, pero el siglo XXI presenta el reto de las enfermedades no transmisibles y el deterioro cognitivo. Según registros de organismos internacionales de salud, la prevalencia de trastornos de ansiedad y depresión ha mostrado un incremento sostenido en la última década, afectando la productividad y la calidad de vida de los adultos jóvenes. Este escenario ha llevado a que la comunidad médica argentina comience a priorizar la medicina de precisión y el cambio de comportamiento conductual como las herramientas más efectivas para reducir la carga sobre el sistema sanitario público y privado.

Asimismo, el antecedente de la jubilación como un cese total de actividades está siendo reevaluado por la ciencia médica y la sociología laboral. Estol remarcó que la pasividad es uno de los mayores enemigos de la salud cerebral, citando que la mayor parte de los negocios exitosos a nivel global son iniciados por personas mayores de 60 años. Este dato contradice el estigma de la jubilación temprana y la visión de la vejez como una etapa de retiro contemplativo frente a una pantalla. La evidencia científica acumulada en los últimos diez años demuestra que la neuroplasticidad se mantiene activa durante toda la vida, siempre y cuando el individuo se someta a desafíos intelectuales y sociales constantes, lo que redefine completamente el ciclo vital humano tal como se conocía hasta hace apenas dos décadas.

Impacto

La implementación de esta visión preventiva tiene consecuencias directas en la estructura socioeconómica y en la gestión de la salud individual. Al reducir la incidencia de la “década perdida”, se disminuye la presión sobre los sistemas de cuidados paliativos y de atención a la dependencia, que actualmente representan uno de los mayores costos para las obras sociales y prepagas en Argentina. Para el ciudadano, esto implica una transición de un modelo de medicina reactiva —donde se consulta al médico ante la aparición del síntoma— a un modelo proactivo de monitoreo constante. Los especialistas del sector indican que la adopción de los siete pilares mencionados por Estol podría reducir hasta en un 60% la aparición de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, transformando radicalmente la experiencia de envejecer en los centros urbanos.

Por otro lado, el impacto en la salud mental es significativo al validar la consulta profesional por ansiedad como un paso necesario y no como una debilidad. Esto permite que una mayor parte de la población activa acceda a herramientas terapéuticas antes de que el estrés crónico derive en patologías físicas irreversibles. La integración de la salud mental dentro del esquema de hábitos saludables nivela la importancia del bienestar emocional con la nutrición o el ejercicio, eliminando barreras culturales que históricamente impidieron el tratamiento adecuado de trastornos comunes. La visión de Estol propone, en última instancia, una democratización de la longevidad basada en el conocimiento y la disciplina personal, más que en el acceso a tecnologías médicas de alta complejidad.

El desafío inmediato para la comunidad médica y la sociedad civil radica en la educación de las nuevas generaciones sobre la importancia de la reserva cognitiva y física. Se espera que en los próximos años aumenten las campañas de concientización enfocadas en la mediana edad, buscando que los controles preventivos no se limiten a chequeos anuales, sino a una revisión integral del estilo de vida. La tensión pendiente se encuentra en la capacidad de los individuos para sostener estos cambios en un entorno que a menudo promueve el sedentarismo y el consumo de alimentos ultraprocesados, factores que atentan directamente contra la meta de una longevidad plena.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias