SOCIEDAD

Alertan sobre riesgos de carnes procesadas por consumo de picadas

La nutricionista Nadia Hrycyk advirtió que el consumo diario de 50 gramos de fiambres aumenta significativamente el riesgo de cáncer colorrectal debido a los conservantes y colorantes utilizados en su producción industrial.

Redacción El Capitán 15 de julio de 2026 6 min de lectura
Alertan sobre riesgos de carnes procesadas por consumo de picadas
Foto: La Nación

La nutricionista Nadia Hrycyk advirtió esta semana sobre los riesgos para la salud derivados del consumo excesivo de fiambres y carnes procesadas, productos que suelen protagonizar las picadas durante eventos de alta exposición mediática como el Mundial.

El eje de la preocupación radica en la composición química de estos alimentos. Según detalló Hrycyk, el peligro principal de las carnes procesadas no reside únicamente en su contenido graso, sino en la presencia sistemática de colorantes y conservantes artificiales. La especialista puntualizó que el consumo frecuente de estos productos tiene una correlación directa con patologías graves. Específicamente, señaló que la ingesta diaria de al menos 50 gramos de fiambre eleva de manera considerable la incidencia de contraer cáncer de colon o recto. Esta cifra, que equivale a apenas unas pocas fetas de jamón o salame, representa un umbral crítico que muchos consumidores superan habitualmente sin advertir las consecuencias a largo plazo en su organismo.

La base científica de esta advertencia se sustenta en las clasificaciones internacionales de seguridad alimentaria. Hrycyk recordó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) categoriza a las carnes procesadas dentro del Grupo 1. Esta clasificación agrupa a los elementos con mayor evidencia científica de carcinogenicidad en humanos, situándolos en el mismo escalafón que sustancias de alta toxicidad como el tabaco y el asbesto. El componente crítico identificado en estos procesos industriales son las nitrosaminas. De acuerdo con fuentes del sector sanitario, estos compuestos químicos no solo actúan como agentes vinculados a la aparición de enfermedades oncológicas, sino que son los responsables de otorgar a los fiambres esa apariencia rosácea y fresca que los hace visualmente atractivos en las góndolas de los supermercados y almacenes.

Frente a este escenario, la especialista propuso estrategias de mitigación y sustitución para reducir el impacto negativo en la salud intestinal. La clave, según explicó, reside en la protección de la mucosa intestinal, la cual se ve favorecida por la segregación de sustancias derivadas del consumo de fibra. Para contrarrestar los efectos de los conservantes, se recomienda integrar a la dieta diaria frutas, verduras, frutos secos y variedades de arroz integral como el yamaní. Respecto a los mitos culinarios, Hrycyk aclaró que la pasta fría no se transforma en fibra, sino que atraviesa un proceso de gelatinización del almidón. Este fenómeno físico-químico impide que se produzcan picos elevados de azúcar en sangre, lo cual representa un beneficio metabólico, aunque no reemplaza la necesidad de ingerir fibras vegetales genuinas para la salud del colon.

Contexto

La advertencia de Hrycyk se produce en un momento de alta demanda de alimentos ultraprocesados en Argentina, donde la cultura de la picada está profundamente arraigada en las reuniones sociales y familiares. Históricamente, el consumo de embutidos en el país ha mostrado picos estacionales vinculados a eventos deportivos internacionales, donde la practicidad del alimento prima sobre su valor nutricional. Informes previos del Ministerio de Salud han indicado que las enfermedades no transmisibles, incluyendo varios tipos de cáncer, representan una carga significativa para el sistema sanitario nacional. La inclusión de las carnes procesadas en el Grupo 1 por parte de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) en 2015 marcó un antes y un después en la regulación y recomendación de estos productos a nivel global, obligando a las autoridades locales a revisar las guías alimentarias para la población.

En años anteriores, diversas campañas de concientización intentaron reducir el consumo de sodio y conservantes en la industria chacinera argentina, aunque los niveles de ingesta per cápita se mantienen estables. La industria del fiambre en Argentina es una de las más tradicionales, con una cadena de valor que abarca desde la producción porcina y bovina hasta el procesamiento industrial en plantas distribuidas principalmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Esta tradición choca frecuentemente con las nuevas evidencias científicas que demandan una reformulación de los hábitos alimenticios. La nutricionista subrayó que, a diferencia de los fiambres, los quesos poseen un proceso de maduración más natural, lo que los posiciona como una opción menos nociva dentro de una tabla de picada, siempre que se consuman con moderación debido a su contenido calórico y graso.

Impacto

El impacto de estas advertencias recae directamente sobre los hábitos de compra y consumo de la clase media argentina, que ve en la picada un elemento central de su identidad gastronómica. La recomendación de incorporar bastoncitos de zanahoria, aceitunas y otros vegetales busca transformar un hábito potencialmente cancerígeno en una opción equilibrada. Operadores del mercado alimenticio sugieren que existe una tendencia creciente hacia productos con etiquetas “limpias” o reducidos en nitritos, aunque estos suelen tener un costo superior y una vida útil más corta en el hogar. La educación nutricional se vuelve entonces una herramienta de salud pública para evitar que el consumo recreativo de alimentos procesados se convierta en una crisis sanitaria crónica derivada de la frecuencia de ingesta.

Desde el punto de vista clínico, la insistencia en la frecuencia de consumo es el factor determinante. Hrycyk enfatizó que el peligro no reside en el consumo esporádico, sino en la cotidianeidad de incluir fiambres en sándwiches o colaciones diarias. La comunidad médica coincide en que la prevención primaria, a través de la modificación de la dieta, es la estrategia más costo-efectiva para reducir la mortalidad por cáncer colorrectal en el país. La visibilización de estos riesgos en medios masivos busca generar un cambio de conducta en el consumidor final, quien a menudo desconoce la composición química de los productos que adquiere. La transición hacia una dieta rica en fibras y baja en carnes procesadas es, según los especialistas, una urgencia sanitaria para mejorar la expectativa de vida de la población urbana.

Hacia adelante, se espera que las autoridades sanitarias y los organismos de control alimentario refuercen las normativas de etiquetado frontal para advertir no solo sobre el exceso de sodio y grasas, sino también sobre la presencia de aditivos vinculados a riesgos oncológicos. La tensión entre la industria alimentaria tradicional y las recomendaciones de salud pública continuará marcando la agenda de los próximos años, mientras los consumidores buscan alternativas más saludables sin resignar los espacios de encuentro social. El desafío pendiente para la sociedad argentina es desvincular el concepto de celebración del consumo excesivo de productos procesados, priorizando la calidad de los ingredientes y la información verificada sobre las tendencias de marketing alimentario.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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