SOCIEDAD

Detectan eritrulosa en el centro galáctico: un hallazgo clave para la

Un equipo internacional de astrónomos identificó eritrulosa, un azúcar complejo, en una nube de gas cercana al núcleo de la Vía Láctea, reforzando la teoría del origen interestelar de los componentes biológicos.

Redacción El Capitán 14 de julio de 2026 5 min de lectura
Detectan eritrulosa en el centro galáctico: un hallazgo clave para la
Foto: La Nación

Un equipo internacional de astrónomos detectó eritrulosa, un azúcar complejo de cuatro carbonos, en una masiva nube de gas ubicada en las proximidades del centro de la Vía Láctea, según un estudio publicado recientemente en la revista Nature Astronomy.

El descubrimiento de esta sustancia, que en la Tierra se encuentra de forma natural en las frambuesas y se utiliza comercialmente en productos autobronceadores, representa un hito en la astroquímica moderna. La detección se produjo en el medio interestelar, esa vasta red de gas y polvo que separa los sistemas estelares, y fue posible gracias al uso de dos radiotelescopios de alta precisión situados en España. Según informaron desde el Centro de Astrobiología (CAB), los investigadores compararon las señales de radiofrecuencia captadas desde el núcleo galáctico con muestras de control obtenidas en laboratorios terrestres para confirmar la presencia del compuesto en fase gaseosa. Este hallazgo no es menor, ya que la eritrulosa es uno de los azúcares más complejos identificados hasta la fecha en el espacio profundo, sumándose a una lista selecta de moléculas orgánicas que podrían ser los ladrillos fundamentales de la biología universal.

La metodología empleada por los expertos permitió aislar la firma química de la eritrulosa entre miles de señales electromagnéticas provenientes de una región que, curiosamente, ya ha sido transitada de forma indirecta por instrumentos humanos. Se trata de una zona del espacio profundo vinculada a la trayectoria de las sondas gemelas Voyager de la NASA, los objetos fabricados por el hombre que más lejos han llegado en la historia. De acuerdo con los datos analizados por la doctora Izaskun Jiménez-Serra, astrofísica del Centro de Astrobiología y autora principal del estudio, la presencia de estos compuestos en el medio interestelar sugiere que la química necesaria para la vida no es exclusiva de los planetas consolidados, sino que preexiste en las nubes primordiales que dan origen a los sistemas solares. La eritrulosa, si bien no es un componente directo del ADN, posee una capacidad de transformación química que la sitúa como un precursor indispensable para los procesos biológicos que ocurrieron en la Tierra hace miles de millones de años.

Contexto

La búsqueda de azúcares en el cosmos tiene antecedentes significativos que marcan una línea de investigación de más de dos décadas. Hace aproximadamente 25 años, la comunidad científica logró detectar por primera vez un azúcar simple, con características similares al azúcar de mesa, en una región cercana al centro galáctico. Este camino se profundizó recientemente con la misión Osiris-Rex de la NASA, la cual recolectó granos negros del asteroide Bennu. El análisis de esas muestras reveló la existencia de diversos azúcares, incluyendo aquellos que forman la estructura del material genético. La detección actual de eritrulosa en el medio interestelar completa un eslabón perdido en la cadena de complejidad química, demostrando que las moléculas no solo viajan en rocas espaciales, sino que flotan libremente en las nubes de gas que colapsan para formar nuevas estrellas y planetas.

Históricamente, la ciencia se ha debatido entre dos grandes hipótesis sobre el origen de la vida en la Tierra. La primera teoría propone que los ingredientes esenciales, como los aminoácidos y los azúcares, fueron transportados por cometas y meteoritos que impactaron contra el planeta durante su fase de formación. La segunda teoría, que gana peso con este nuevo hallazgo, sostiene que estos componentes básicos ya estaban presentes en el medio interestelar mucho antes de que el Sol y la Tierra existieran. La astrofísica Erika Hamden, de la Universidad de Arizona, señaló que este descubrimiento es un ejemplo contundente de la riqueza química que simplemente flota en la galaxia, esperando las condiciones adecuadas para integrarse en procesos biológicos complejos. La eritrulosa se convierte así en una prueba de que el inventario químico del universo es mucho más sofisticado de lo que se estimaba a mediados del siglo pasado.

Impacto

La relevancia de este hallazgo radica en su capacidad para redefinir las zonas de habitabilidad y las probabilidades de hallar vida en otros sistemas solares. Al confirmarse que azúcares complejos como la eritrulosa están presentes en el núcleo de la Vía Láctea, se abre la posibilidad estadística de que estos mismos compuestos se encuentren en rincones distantes de la galaxia. Según indicaron fuentes del equipo de investigación, esto implica que las “piezas del rompecabezas” biológico están distribuidas de manera más uniforme de lo pensado. Para la astrobiología, esto significa que la vida no sería un accidente químico aislado de la Tierra, sino una consecuencia probable de la evolución química del medio interestelar. El impacto directo se verá en las futuras misiones de exploración espacial, que ahora ajustarán sus espectrómetros para buscar específicamente estos precursores en discos protoplanetarios de estrellas jóvenes.

Además, el estudio de la eritrulosa permite comprender mejor cómo las moléculas simples evolucionan hacia estructuras más complejas bajo las condiciones extremas del espacio, donde las temperaturas son cercanas al cero absoluto y la radiación es constante. Los expertos del Centro de Astrobiología destacan que el hecho de encontrar estos compuestos en fase gaseosa facilita su estudio mediante radioastronomía, permitiendo mapear la distribución de la materia orgánica en la galaxia sin necesidad de enviar sondas físicas a cada punto de interés. Este avance tecnológico y teórico posiciona a la química interestelar como la llave para descifrar no solo nuestro pasado, sino el potencial biológico de los miles de exoplanetas descubiertos en la última década por telescopios como el James Webb.

El próximo paso para el equipo liderado por la doctora Jiménez-Serra será la búsqueda de variedades de azúcares aún más complejas y el análisis de cómo estas moléculas interactúan con otros compuestos orgánicos en las nubes de gas. La meta final es identificar la ruta química completa que lleva desde los átomos aislados en el vacío hasta las cadenas de nucleótidos. La confirmación de que estos elementos están “ocultos en rincones distantes”, como afirmó la autora del estudio, mantiene abierta la tensión científica sobre la existencia de vida extraterrestre, sugiriendo que las condiciones para su surgimiento podrían ser una norma y no una excepción en el universo conocido.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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