SOCIEDAD

Hígado graso: la dieta mediterránea es la clave para revertir la

Especialistas advierten que uno de cada tres argentinos padece hígado graso, una condición asintomática vinculada al consumo de jarabe de maíz de alta fructosa y al sedentarismo, tratable mediante cambios nutricionales específicos.

Redacción El Capitán 12 de julio de 2026 6 min de lectura
Hígado graso: la dieta mediterránea es la clave para revertir la
Foto: La Nación

Uno de cada tres argentinos padece actualmente hígado graso, una afección mayoritariamente asintomática vinculada al sobrepeso y la mala alimentación, según advirtieron especialistas médicos en el marco de las nuevas guías de tratamiento nutricional presentadas esta semana.

La prevalencia de esta condición en la Argentina alcanzó niveles críticos debido a la combinación de dietas ricas en ultraprocesados y una marcada tendencia al sedentarismo en la población urbana. De acuerdo con datos del sistema de salud pública, la acumulación de lípidos en las células hepáticas no presenta señales externas visibles en sus etapas iniciales, lo que retrasa el diagnóstico preventivo. El cardiólogo Jorge Tartaglione explicó que el proceso comienza con la inflamación y posterior cicatrización del tejido, una fase que todavía es reversible mediante la intervención clínica. Sin embargo, el profesional alertó que una vez que el cuadro evoluciona hacia la cirrosis, las posibilidades de recuperación total disminuyen drásticamente, transformándose en una patología crónica con riesgo de vida.

El tratamiento más eficaz identificado por la comunidad médica internacional es la adopción estricta de la dieta mediterránea. Este régimen nutricional se destaca por su alto contenido de antioxidantes, fibra proveniente de legumbres y semillas, y un aporte significativo de omega 3. Las recomendaciones actuales del Ministerio de Salud sugieren aumentar el consumo de pescado de forma gradual: quienes lo ingieren quincenalmente deben pasar a una frecuencia semanal, mientras que aquellos que ya lo consumen una vez por semana deberían duplicar la dosis. Este cambio permite desplazar el consumo de carnes rojas, las cuales deben ser acompañadas siempre por vegetales o cereales integrales para evitar que constituyan el componente principal del plato. Asimismo, se promueve el uso de aceite de oliva virgen extra en crudo para preservar sus propiedades químicas, complementándolo con otros aceites vegetales para la cocción diaria.

Un factor determinante en el aumento de casos es el consumo de jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), un endulzante líquido de bajo costo presente en una vasta gama de productos industriales. Según indicaron fuentes del sector sanitario, este componente se metaboliza exclusivamente en el hígado, lo que genera un impacto directo y una acumulación acelerada de grasa. Tartaglione subrayó que el JMAF es preferido por la industria alimenticia por su rentabilidad económica frente al azúcar tradicional, pero su efecto en el organismo es devastador si se consume de forma sostenida. La recomendación médica es taxativa: evitar productos procesados que incluyan este edulcorante en sus etiquetas y priorizar el consumo de frutas y verduras frescas, buscando alcanzar las cinco porciones diarias recomendadas para obtener los minerales y vitaminas necesarios.

Contexto

El hígado graso se divide principalmente en dos categorías: el alcohólico, derivado del consumo excesivo de etanol, y el no alcohólico, estrechamente ligado a la diabetes tipo 2 y la obesidad. Históricamente, esta afección era considerada un problema menor, pero en la última década se consolidó como una de las principales causas de trasplante hepático en Occidente. Los antecedentes clínicos demuestran que la detección temprana depende de dos herramientas fundamentales: la ecografía abdominal y el análisis de sangre para medir las enzimas hepáticas. Cuando estos valores se encuentran elevados, se activa el protocolo de sospecha. La medicina preventiva argentina ha puesto el foco en pacientes de alrededor de 40 años, ya que la presencia de grasa en el hígado a esa edad funciona como un predictor temprano de eventos cardiovasculares que podrían ocurrir una década después.

La relación entre el hígado y el sistema circulatorio es directa y alarmante para los cardiólogos. La presencia de esta patología se considera hoy un factor de riesgo independiente para el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular (ACV). En términos fisiológicos, el hígado graso actúa como una “alerta temprana” del corazón. Si el órgano encargado de procesar las toxinas y grasas está saturado, el sistema vascular sufre las consecuencias de forma sistémica. Por este motivo, las instituciones médicas insisten en que el tratamiento no debe limitarse a la abstinencia de alcohol, sino que debe integrar una pérdida de peso controlada y una actividad física regular que permita al cuerpo metabolizar las reservas de energía acumuladas en el tejido hepático.

Impacto

La falta de control sobre esta condición puede derivar en tres patologías graves: fibrosis, cirrosis y carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado). El impacto en el sistema de salud es significativo, dado que el tratamiento de las etapas avanzadas requiere intervenciones quirúrgicas de alta complejidad y medicación de alto costo. Para mitigar estos riesgos, organizaciones como Fundahígado y la British Liver Trust promueven el uso de aliados naturales con evidencia científica. El jugo de remolacha, rico en betalaína, ayuda a reducir la inflamación, mientras que el té verde ha demostrado en diversos metaanálisis una capacidad para disminuir la probabilidad de desarrollar hepatitis y cirrosis. Incluso el consumo moderado de café, entre 3 y 4 tazas diarias, se asocia con una menor incidencia de enfermedades hepáticas crónicas, según estudios publicados en el International Journal of Clinical and Experimental Medicine.

El cambio de paradigma hacia una alimentación basada en legumbres como lentejas, garbanzos y porotos busca romper el mito de que la proteína solo proviene de fuentes animales. Al combinar legumbres con cereales, se obtiene un perfil aminoacídico completo que protege al hígado sin los efectos secundarios de las grasas saturadas. Además, la incorporación de frutos secos aporta grasas cardioprotectoras esenciales para equilibrar el perfil lipídico del paciente. La transición hacia lácteos descremados y la eliminación de bebidas azucaradas son pasos obligatorios para detener la progresión de la fibrosis, permitiendo que el órgano recupere su funcionalidad normal antes de que el daño sea irreversible.

El próximo paso para las autoridades sanitarias será la implementación de campañas de etiquetado más rigurosas sobre el contenido de jarabe de maíz de alta fructosa en alimentos procesados. Mientras tanto, la comunidad médica aguarda los resultados de nuevos estudios sobre la eficacia de antioxidantes específicos en la reversión de la esteatosis hepática. La tensión pendiente reside en la capacidad de la población para modificar hábitos estructurales en un entorno económico que suele favorecer el consumo de alimentos ultraprocesados y económicos por sobre los productos frescos de la dieta mediterránea.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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