La fabricante de cosechadoras Vassalli negocia en Firmat su traspaso a un nuevo grupo inversor por el valor simbólico de un dólar, con el objetivo de evitar el cierre definitivo de su planta industrial en Santa Fe.
La operación, que las partes esperan sellar antes de que finalice el mes de junio, establece como condición excluyente que el nuevo accionista absorba la totalidad de los pasivos acumulados por la firma. Según registros oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la compañía arrastra una situación financiera crítica con 869 cheques rechazados que totalizan un monto de 1.337 millones de pesos. Esta cifra, sumada a las deudas con proveedores y compromisos previsionales, configura un escenario de asfixia financiera que obligó a la actual gestión a buscar una salida de emergencia. La propuesta de adquisición está encabezada por Roberto Santiago Chinelli, un hombre con trayectoria en la firma desde la década del 90 y exgerente general durante la administración de Eduardo Marsó. Chinelli lidera un grupo de capitales nacionales cuya identidad se mantiene bajo reserva, aunque se confirmó que el plan contempla que él asuma la dirección operativa total, abarcando desde la producción y el desarrollo de producto hasta el área comercial y de recursos humanos, mientras que la estructura financiera permanecería centralizada en la Ciudad de Buenos Aires.
El proceso de transferencia enfrenta obstáculos administrativos derivados de la inestabilidad societaria de los últimos años. De acuerdo con fuentes del sector metalúrgico y operadores vinculados a la transacción, existe un complejo entramado de documentación pendiente que se arrastra desde la gestión de Esteban Eskenazi y Matías Carballo, pasando por la venta inconclusa a Eduardo Marsó. El empresario entrerriano Marsó había pactado la compra en enero de 2024 por 8 millones de dólares, pero tras un desembolso inicial del 10%, habría interrumpido los pagos restantes. Esta deuda pendiente con los propietarios anteriores es uno de los nudos legales que los asesores jurídicos intentan destrabar para formalizar el nuevo cambio de manos. Desde la Municipalidad de Firmat indicaron que, si bien se proyectaba cerrar el acuerdo entre el 15 y el 20 de junio, la burocracia interna y la verificación de deudas laborales podrían generar nuevas prórrogas, una situación que genera incertidumbre en la comunidad local que depende directamente de la actividad de la fábrica.
Contexto
Fundada en 1949 por Roque Vassalli, la empresa se consolidó como un emblema de la industria nacional, llegando a contar con tres plantas que suman 99.000 metros cuadrados cubiertos. Sin embargo, su historia reciente está marcada por una inestabilidad crónica. En 2020, tras una convocatoria de acreedores, la firma Financiamiento Estratégico S.A., liderada por Esteban Eskenazi —hijo del titular del Grupo Petersen—, tomó el 90% del capital accionario. Aunque esa gestión logró estabilizar parcialmente las cuentas, el impacto de la sequía histórica de 2023 desarticuló los planes de expansión. Durante ese año, la falta de demanda del sector agropecuario obligó a la empresa a suspender la toma de nuevos pedidos, limitándose a terminar apenas 39 unidades que ya estaban comprometidas. Para noviembre de 2023, la actividad fabril era prácticamente nula, dejando a la planta en una situación de vulnerabilidad extrema frente a sus competidores internacionales que cuentan con mayor espalda financiera para resistir ciclos climáticos adversos.
La crisis actual no es solo financiera, sino también operativa y social. Los trabajadores de la planta de Firmat se encuentran bajo un esquema de jornada reducida de cuatro horas diarias, acordado entre la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el Ministerio de Trabajo de Santa Fe y la propia empresa. Esta medida, que buscaba evitar despidos masivos, no impidió que se acumularan importantes atrasos en el pago de haberes. Fuentes cercanas a la negociación señalaron que la principal preocupación del grupo inversor entrante es la magnitud de la masa salarial adeudada, que representa una carga inmediata de difícil resolución sin una inyección de capital externa. Ante la gravedad de la situación, el gobierno provincial y el municipio debieron intervenir en los últimos meses con asistencia alimentaria y sanitaria para las familias de los operarios más afectados por la parálisis de la producción.
Impacto
La resolución de este conflicto es vital para el entramado productivo del sur santafesino, ya que Vassalli no solo es un empleador directo de relevancia, sino el motor de una red de proveedores locales de piezas y servicios. El plan de reorganización propuesto por el grupo de Chinelli no se limita al saneamiento de la deuda, sino que apunta a una modernización tecnológica necesaria para competir en el mercado actual. Uno de los pilares de la nueva gestión sería la creación de herramientas financieras propias. En la industria de maquinaria agrícola, la capacidad de ofrecer crédito directo al productor es un factor determinante para la venta; actualmente, las marcas globales dominan el mercado local precisamente por su capacidad de financiamiento, una ventaja que Vassalli perdió durante sus sucesivas crisis y que el nuevo proyecto busca recuperar para volver a posicionar a la marca en las concesionarias de todo el país.
El éxito de la operación depende ahora de la celeridad con la que se logren auditar los pasivos reales y de la voluntad de los acreedores para aceptar un plan de pagos sustentable. La figura de Roberto Santiago Chinelli actúa como un puente de confianza para los trabajadores y proveedores debido a su conocimiento histórico de la planta, pero el mercado observa con cautela si este cuarto cambio de dueños en menos de una década será finalmente el que logre la estabilidad definitiva. El próximo paso crítico será la firma del acta de transferencia definitiva, prevista para la segunda quincena de junio, momento en el cual se conocerá el cronograma de pagos para los salarios atrasados y el inicio del plan de reactivación de la línea de montaje, que hoy permanece operando al mínimo de su capacidad instalada.