SOCIEDAD

Científicos descubren que la formación de los continentes fue clave para el origen de la vida

Un estudio liderado por la Universidad de British Columbia determinó que el surgimiento de la corteza continental reguló los niveles de boro, estabilizando las moléculas de ARN hace 3.700 millones de años.

Redacción El Capitán 23 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: Infobae

Un equipo de investigadores de la Universidad de British Columbia y la Universidad de Oxford identificó que la formación de los primeros continentes terrestres, hace más de 3.700 millones de años, resultó determinante para estabilizar los componentes químicos esenciales de la vida.

El estudio, publicado recientemente en la revista científica Terra Nova, sostiene que el surgimiento de grandes masas de tierra firme permitió regular las concentraciones de boro en los océanos primitivos. Según explicaron los especialistas, este elemento químico es fundamental para la estabilización de los azúcares que conforman el ácido ribonucleico (ARN), la molécula que precedió al ADN en la cadena evolutiva. Antes de la aparición de la corteza continental, la Tierra era un océano profundo y químicamente inestable donde las concentraciones de boro eran probablemente excesivas y tóxicas para cualquier sistema biológico incipiente. La investigación, encabezada por Brendan Dyck, profesor asociado en la Facultad de Ciencias Irving K. Barber de la UBC Okanagan, detalla que el equilibrio químico alcanzado fue el resultado de un proceso geológico de millones de años que transformó la superficie del planeta de un entorno hostil a uno habitable.

La clave de este proceso reside en la formación de una corteza continental rica en granito, la cual introdujo un mineral específico denominado turmalina. Este mineral, que abunda en las rocas continentales, tiene la propiedad única de retener el boro y liberarlo de manera gradual a través de la erosión. De acuerdo con los datos analizados por el equipo de Dyck, la turmalina actuó como un reservorio geológico que evitó que el boro inundara los océanos en cantidades letales. “La turmalina retuvo el boro a lo largo del tiempo geológico. A medida que la corteza terrestre crecía y se erosionaba, el boro se liberaba lenta y constantemente en las aguas superficiales, hasta estabilizarse en concentraciones similares a las actuales”, indicaron los investigadores en el informe técnico. Esta liberación controlada permitió que los niveles de boro en el agua se mantuvieran en un rango óptimo, lo suficientemente alto para estabilizar el ARN pero lo suficientemente bajo para no destruir las estructuras orgánicas en formación.

Los geólogos involucrados en el proyecto destacan que el boro es un ingrediente esencial pero escaso en el universo, y su comportamiento en la Tierra primitiva fue atípico en comparación con otros planetas rocosos. Sin la intervención de la corteza granítica, los componentes básicos de la vida probablemente nunca habrían logrado unirse de forma permanente. El boro ayuda a proteger los frágiles azúcares necesarios para construir el ARN, actuando como un andamiaje químico que impide la degradación rápida de las moléculas en el agua. Según fuentes del equipo de investigación, este mecanismo funcionó como un auténtico sistema de control geológico que afinó la química superficial del planeta. La interacción entre la tectónica de placas, la formación de montañas y la erosión hídrica creó un ciclo de retroalimentación que permitió que la vida diera sus primeros pasos en un entorno químico predecible y estable.

Contexto

Para comprender la magnitud de este hallazgo, es necesario remontarse a las condiciones de la Tierra hace casi 4.000 millones de años. En aquel período, el planeta carecía de la geografía que conocemos hoy; no existían los siete continentes ni las cuencas oceánicas definidas. La actividad volcánica era constante y la atmósfera carecía de oxígeno libre. Los científicos han debatido durante décadas cómo fue posible que moléculas complejas como el ARN sobrevivieran en un entorno tan dinámico y agresivo. Estudios previos ya habían señalado al boro como un estabilizador potencial, pero no se había logrado explicar cómo este elemento llegó a estar disponible en las dosis exactas en el momento preciso. La teoría predominante sugería que el boro provenía exclusivamente de impactos de meteoritos o de fuentes hidrotermales, pero ninguna de estas fuentes explicaba la estabilidad a largo plazo necesaria para la evolución biológica.

El nuevo enfoque de la UBC Okanagan y Oxford introduce la variable de la evolución geológica interna como motor de la habitabilidad. El surgimiento del granito marcó un punto de inflexión en la historia del planeta, diferenciando a la Tierra de sus vecinos inmediatos, Marte y Venus. Mientras que Marte posee una corteza principalmente basáltica, la Tierra desarrolló una corteza continental diferenciada que permitió el ciclo de la turmalina. Este contexto geológico sugiere que la vida no es solo una consecuencia de la ubicación de un planeta respecto a su sol, sino también de su capacidad para generar y reciclar minerales específicos a través de procesos tectónicos complejos. La historia de la vida en la Tierra está, por lo tanto, intrínsecamente ligada a la historia de sus rocas y al crecimiento de sus masas continentales.

Impacto

Este descubrimiento tiene implicancias directas en el campo de la astrobiología y la búsqueda de vida extraterrestre. Hasta ahora, los criterios para identificar planetas potencialmente habitables se centraban en la presencia de agua líquida y la distancia respecto a su estrella, la denominada “zona habitable”. Sin embargo, el trabajo de Dyck y su equipo sugiere que estos parámetros son insuficientes. La presencia de una corteza continental rica en granito podría ser el factor determinante que defina si un exoplaneta puede realmente albergar vida compleja. “Los planetas rocosos que carecen de una corteza continental rica en granito, como Marte, difícilmente tendrán aguas superficiales con boro en una forma que la vida pueda utilizar”, advierte el estudio, lo que reduce significativamente el número de candidatos viables en nuestra galaxia.

Además, el hallazgo obliga a los científicos a reconsiderar la historia química de nuestro propio sistema solar. Si la estabilización del boro fue el factor crítico, esto explicaría por qué la vida floreció en la Tierra y no en otros cuerpos celestes que también tuvieron agua en su pasado remoto. El impacto de esta investigación también alcanza a la química prebiótica de laboratorio, donde los científicos intentan recrear el origen de la vida. Ahora, los experimentos deberán considerar la presencia de minerales como la turmalina y la liberación gradual de boro para simular con mayor precisión las condiciones de la Tierra primitiva. La geología deja de ser un mero escenario para convertirse en un actor protagonista de la biología.

El próximo paso para la comunidad científica será analizar muestras de rocas antiguas en busca de rastros de boro que confirmen estas fluctuaciones químicas en el registro geológico. Los investigadores planean utilizar modelos computacionales avanzados para simular cómo otros minerales podrían haber regulado diferentes elementos esenciales, como el fósforo o el molibdeno. La tensión pendiente reside en determinar si este proceso geológico es una rareza estadística del universo o si otros sistemas estelares han logrado replicar esta sintonía fina entre la piedra y la vida. El estudio concluye que la lenta evolución geológica del interior de un planeta puede moldear la superficie de formas que son, en última instancia, las que permiten nuestra existencia.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

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