El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, oficializó este miércoles el nombramiento del general Mijailo Drapati como nuevo jefe del Ejército y del general Igor Skibiuk al frente del Estado Mayor de la Defensa, en un intento por reorganizar el mando militar.
La reestructuración de la cúpula castrense ocurre en un momento de extrema fragilidad política para la administración de Kiev. Según indicaron fuentes del Ministerio de Defensa, la designación de Drapati busca oxigenar una estructura desgastada por los enfrentamientos internos, especialmente tras la salida de Mijailo Fédorov de la cartera de Defensa. Aunque el mandatario ofreció a Fédorov un nuevo cargo estratégico vinculado a la transformación tecnológica y la modernización del armamento, el exministro aún no ha aceptado la propuesta. Esta falta de definición mantiene en vilo a la Casa Rosada ucraniana, ya que Fédorov cuenta con un respaldo popular que supera al del propio presidente, lo que convierte su silencio en un factor de inestabilidad institucional que el Gobierno intenta mitigar con estos nuevos nombramientos de perfil reformista.
A pesar de su alejamiento del gabinete, Fédorov manifestó su apoyo público a la llegada de Drapati, a quien calificó como una señal de renovación necesaria para las Fuerzas Armadas. En declaraciones que circularon en los canales oficiales de comunicación, el exministro definió el nombramiento como una bocanada de aire fresco y un motivo de esperanza en la lucha por la libertad. Drapati, perteneciente a una generación de oficiales jóvenes con formación moderna, comparte con Fédorov la visión de una defensa basada en la innovación tecnológica y la agilidad operativa. Sin embargo, la salida del exministro fue el resultado directo de un choque de visiones con el ahora desplazado jefe del Ejército, Oleksandr Sirski. Fuentes cercanas al Estado Mayor indicaron que Zelensky inicialmente respaldó a Sirski, pero la presión social y los datos de las consultoras de opinión pública forzaron un giro en la estrategia presidencial para evitar un quiebre mayor con la ciudadanía.
La magnitud del conflicto se refleja en las cifras de confianza pública difundidas por la consultora Rating Group tras la crisis ministerial. El estudio revela que Fédorov posee un 65% de imagen positiva, superando el 59% que registra Zelensky. Solo el excomandante Valeri Zaluzhni mantiene niveles de aceptación superiores. El descontento con la remoción de Fédorov es contundente: el 72% de los ucranianos encuestados se manifestó en contra de su salida, mientras que apenas un 5% aprobó la decisión presidencial. Estos números explican por qué el Gobierno se apuró en difundir una fotografía de unidad institucional donde aparecen Drapati, Skibiuk y el nuevo ministro de Defensa, Yevguen Jmara, quien anteriormente lideraba el grupo de operaciones especiales Alfa del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU). No obstante, la ausencia de Fédorov en dicha imagen fue interpretada por analistas políticos como una señal de que la crisis interna está lejos de resolverse.
Contexto
La crisis en la conducción militar ucraniana no es un hecho aislado, sino el resultado de meses de tensiones acumuladas sobre la estrategia de defensa y la gestión de recursos. El antecedente inmediato es la disputa pública entre el ala política reformista, liderada por Fédorov, y la vieja guardia militar representada por Oleksandr Sirski. Fédorov impulsó una digitalización agresiva del campo de batalla y el uso masivo de drones, chocando frecuentemente con la burocracia tradicional del Ejército. Esta fricción alcanzó su punto máximo hace semanas, derivando en una purga que inicialmente pareció favorecer a los sectores conservadores, pero que terminó volviéndose contra Zelensky ante la caída estrepitosa de su popularidad en los sondeos internos que maneja la oficina presidencial.
Históricamente, la estabilidad del Gobierno de Zelensky ha dependido de mantener un equilibrio entre las distintas facciones militares y el apoyo de los voluntarios civiles. La remoción de figuras clave en momentos críticos de la guerra ha generado precedentes de tensión, como ocurrió con la salida de Zaluzhni meses atrás. En esta oportunidad, la diferencia radica en que Fédorov no solo es visto como un gestor eficiente, sino como el arquitecto de la ventaja tecnológica ucraniana. Su salida provocó que veteranos de guerra y sectores de la sociedad civil comenzaran a organizarse de manera independiente, planteando exigencias directas al Ejecutivo que van más allá de los cambios de nombres y apuntan a una restitución total del esquema de mando previo.
Impacto
El impacto de esta reestructuración es doble: por un lado, busca profesionalizar el mando con oficiales de perfil técnico como Drapati y Skibiuk; por otro, intenta desactivar una bomba de tiempo social. La importancia de este cambio radica en que el 72% de rechazo a la salida de Fédorov podría traducirse en movilizaciones masivas que debiliten el frente interno. Operadores políticos en Kiev advierten que si el exministro rechaza finalmente el cargo ofrecido, el Gobierno enfrentará una crisis de legitimidad en plena vigencia de la ley marcial. La designación de Yevguen Jmara, un hombre proveniente de la inteligencia (SBU), sugiere un intento de Zelensky por reforzar el control interno y la disciplina dentro de las estructuras de mando para evitar filtraciones o insubordinaciones.
Para el ciudadano común y los combatientes en el frente, la llegada de Drapati representa la posibilidad de una conducción menos burocrática y más adaptada a las necesidades reales del combate moderno. Sin embargo, la tensión persiste porque la demanda principal de los manifestantes y de los sectores críticos no ha sido satisfecha: la vuelta de Fédorov al Ministerio de Defensa. La estabilidad de la nueva cúpula militar dependerá, en gran medida, de los resultados inmediatos que puedan mostrar en el terreno y de su capacidad para integrar las reformas tecnológicas que Fédorov dejó inconclusas. La falta de cohesión en el liderazgo superior podría afectar la coordinación con los aliados occidentales, quienes observan con preocupación la volatilidad en los cargos de máxima responsabilidad de Ucrania.
El próximo paso decisivo ocurrirá este viernes, fecha para la cual diversos grupos de veteranos y activistas han convocado a nuevas protestas en las calles si no se produce la restitución de Fédorov. La presión se centra ahora en la respuesta que el exministro dé al ofrecimiento de Zelensky. Mientras tanto, el presidente intenta retener a los desplazados Sirski y Gnátov en funciones de asesoría para evitar que su salida sea interpretada como una derrota total de la línea dura. El equilibrio de poder en Kiev se mantiene en una situación de extrema fragilidad, donde la gestión de las expectativas sociales será tan determinante como la estrategia militar en el campo de batalla durante las próximas semanas.