Un efectivo de la Policía Bonaerense de 30 años se defendió a los tiros este lunes tras ser abordado por dos delincuentes en la intersección de las calles 885 y 812, en la localidad de San Francisco Solano.
El hecho ocurrió mientras el oficial, que presta servicios en la zona de Avellaneda, se encontraba de franco y desempeñaba tareas adicionales como conductor de la aplicación de transporte Didi. Según informaron fuentes del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, el agente circulaba en su motocicleta Yamaha YBR negra cuando fue interceptado por dos hombres bajo la modalidad de robo a mano armada. Las cámaras de seguridad del municipio registraron el momento exacto en que uno de los asaltantes se acercó al conductor simulando realizar una consulta de orientación, técnica habitual para reducir la capacidad de reacción de la víctima. En cuestión de segundos, un segundo cómplice apareció en escena, obligando al oficial a descender del rodado mientras lo apuntaban con un arma de fuego. La secuencia, que duró menos de un minuto, culminó cuando el policía extrajo su arma reglamentaria, una pistola Bersa TPR calibre 9 milímetros, y efectuó una serie de disparos para frustrar el asalto, logrando que los malvivientes huyeran a pie del lugar sin concretar el robo de la unidad.
Durante el peritaje realizado en la escena del crimen, los investigadores de la Policía Científica secuestraron una gorra de color rojo y un arma de utilería que los delincuentes abandonaron en su huida. Fuentes judiciales confirmaron que la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N.º 12 del Departamento Judicial de Quilmes tomó intervención en el caso, caratulando el expediente inicialmente como robo agravado en grado de tentativa. Los peritos balísticos analizan ahora las vainas servidas halladas en el pavimento para determinar la cantidad exacta de disparos efectuados por el oficial, quien resultó ileso tras el enfrentamiento. El personal policial desplegó un operativo de rastrillaje en los centros de salud cercanos, como el Hospital Oller de Solano, ante la posibilidad de que alguno de los sospechosos hubiera ingresado con heridas de bala, aunque hasta el momento los resultados han sido negativos. La motocicleta Yamaha, herramienta de trabajo del efectivo fuera de su horario de servicio, quedó bajo custodia para los peritajes de rigor antes de ser restituida a su propietario.
Contexto
Este episodio se inscribe en una tendencia creciente de efectivos de fuerzas de seguridad que recurren a empleos secundarios en plataformas de transporte para complementar sus ingresos mensuales. La situación de pluriempleo en las fuerzas policiales del conurbano bonaerense ha quedado expuesta en diversos hechos de inseguridad recientes, donde la condición de civil de los agentes actúa como un factor de sorpresa ante el accionar delictivo. Solo días atrás, se registró un incidente de características similares en el municipio de Florencio Varela, donde otro oficial de la Bonaerense fue abordado por dos delincuentes mientras estacionaba su vehículo particular, un Peugeot 2008, frente a su domicilio. En aquella oportunidad, el agente también se encontraba de franco y se disponía a buscar a su nieta cuando fue interceptado bajo la amenaza de muerte: “¡Bajate! ¡Te mato!”, le gritaron los asaltantes. Al igual que en el caso de San Francisco Solano, la imposibilidad de los ladrones para poner en marcha el vehículo le otorgó al policía el tiempo necesario para identificarse y utilizar su arma reglamentaria, evitando el robo en una zona que los vecinos denuncian como liberada durante las horas nocturnas.
La recurrencia de estos enfrentamientos pone de manifiesto la vulnerabilidad de los efectivos cuando operan fuera de su horario de servicio y sin el equipamiento de protección estándar, como chalecos antibalas. Según datos de consultoras de seguridad privada y estadísticas del Ministerio de Seguridad, los robos de motocicletas y vehículos de gama media han aumentado un 15% en el último trimestre en los partidos de Quilmes y Almirante Brown. Los delincuentes suelen atacar a conductores de aplicaciones debido a que estos realizan paradas frecuentes en zonas residenciales, lo que facilita la emboscada. La utilización de armas de utilería, como la hallada en el procedimiento de este lunes, es una constante en los asaltos callejeros, ya que permite a los delincuentes amedrentar a las víctimas con un riesgo legal menor en caso de ser capturados, aunque en este caso la respuesta armada del oficial neutralizó la amenaza de forma inmediata.
Impacto
El impacto de este suceso trasciende lo policial y se instala en el debate sobre la seguridad de los trabajadores de plataformas digitales y la situación económica de los uniformados. Para los conductores de aplicaciones, el caso de San Francisco Solano refuerza el temor por la falta de filtros de seguridad en las apps, que permiten a los delincuentes solicitar viajes o identificar víctimas potenciales con facilidad. Desde el sindicato de conductores de plataformas han manifestado en reiteradas ocasiones la necesidad de implementar botones de pánico y sistemas de verificación de identidad más estrictos para los pasajeros. Por otro lado, el hecho de que un oficial deba trabajar como repartidor o chofer para alcanzar la canasta básica genera una tensión interna en la fuerza, ya que el cansancio acumulado y la exposición constante al peligro fuera del horario laboral pueden afectar el rendimiento profesional y la salud mental de los agentes involucrados en estos tiroteos.
En términos legales, el accionar del policía está siendo evaluado bajo la figura de la legítima defensa. Los fiscales de la UFI N.º 12 deben determinar si existió proporcionalidad en el uso de la fuerza, especialmente tras confirmarse que el arma de los delincuentes era de utilería. Sin embargo, la jurisprudencia reciente en la provincia de Buenos Aires suele favorecer a los efectivos en situaciones donde la amenaza es percibida como real y el ataque es inminente. El secuestro del arma de juguete y la gorra roja son piezas clave para la identificación de los sospechosos a través de pruebas de ADN y el análisis de otras cámaras de seguridad del centro comercial de Solano. La comunidad local, por su parte, ha expresado su preocupación por la audacia de los delincuentes, quienes no dudaron en atacar a plena luz del día en una zona de tránsito frecuente.
La investigación continúa abierta con el análisis de los teléfonos celulares que podrían haber estado vinculados a la solicitud del servicio de transporte, en caso de que el oficial estuviera cumpliendo un viaje activo al momento del ataque. Se espera que en las próximas horas se realice un relevamiento de las cámaras de seguridad privadas de las viviendas linderas para obtener un ángulo más claro de la dirección de escape de los asaltantes. Mientras tanto, el Ministerio de Seguridad bonaerense no ha emitido sanciones administrativas contra el oficial, quien permanece en funciones operativas en su destino original en Avellaneda. El caso queda como un recordatorio de la compleja realidad que atraviesan los distritos del sur del Gran Buenos Aires, donde la delincuencia y la respuesta armada se cruzan en la rutina diaria de quienes transitan sus calles.