Roberto Devorik, asesor de imagen y confidente de la princesa Diana durante quince años, recordó el inicio de la etapa de independencia de la aristócrata tras su separación formal del entonces príncipe Carlos en mayo de 1996.
El empresario de 77 años, quien reside actualmente entre Buenos Aires y Viena, reconstruyó los pormenores de una jornada que marcó un quiebre en la historia de la corona británica. Según detalló Devorik, el 1 de mayo de 1996 recibió un llamado directo desde el Palacio de Kensington en el que Diana de Gales le comunicó su nueva condición de mujer separada. La princesa le manifestó sentirse finalmente libre tras haber acordado los términos de la ruptura con la reina Isabel II, quien habría aceptado la disolución del vínculo para evitar la filtración de detalles perjudiciales para la institución monárquica. Este testimonio, brindado por una de las pocas personas con acceso al círculo íntimo de la familia Spencer, arroja luz sobre la transición emocional de una figura que redefinió el rol de la realeza en la modernidad.
Durante aquel encuentro histórico en la residencia de Devorik en Holland Park, que se extendió desde el mediodía hasta las 16:30 horas, se gestó la famosa fotografía que recorrió el mundo y que hoy es considerada patrimonio histórico de la prensa internacional. El asesor recordó que Diana se mostraba optimista respecto a su futuro y que, a pesar de la presión mediática, mantenía una vocación intacta por las causas humanitarias. Devorik, hijo de Emma Saint-Félix y figura clave en la expansión de marcas como Versace, Gianfranco Ferré y Christian Lacroix, sostuvo que la princesa poseía una sensibilidad política orientada exclusivamente al bienestar social. En sus conversaciones privadas, la madre de los príncipes William y Harry expresaba su deseo de alejarse de los protocolos rígidos para enfocarse en el trabajo de campo, una labor que luego profundizaría junto a figuras como la Madre Teresa de Calcuta.
La relación entre el argentino y la princesa trascendió el asesoramiento estético para convertirse en una amistad de máxima confianza, al punto de ser uno de los pocos autorizados a utilizar el denominado “teléfono rojo”, una línea de comunicación directa y reservada. Devorik relató que Diana solía visitar Buenos Aires y que disfrutaba de una rutina diurna, alejada de los eventos nocturnos de la alta sociedad londinense. Según fuentes cercanas al entorno de la familia real, el empresario mantuvo su lealtad a la princesa incluso después de su trágica muerte el 31 de agosto de 1997, llegando a rechazar invitaciones oficiales del actual rey Carlos III por considerar que debía ser fiel a los principios y al legado de su amiga. Esta postura firme lo ha mantenido en contacto estrecho con el príncipe William, pero lo ha distanciado definitivamente del monarca y de la reina Camilla.
Contexto
El vínculo entre Roberto Devorik y Diana Spencer se inició antes del casamiento real de 1981 y se consolidó durante los años más turbulentos de la monarquía británica en el siglo XX. En la década de 1990, la corona enfrentó una crisis de popularidad sin precedentes debido a las infidelidades expuestas y el posterior divorcio de los herederos al trono. Devorik fue testigo de las premoniciones de la princesa, quien cuatro años antes de su accidente fatal en París, ya manifestaba temores sobre su seguridad personal en vehículos o aeronaves. En un vuelo privado sobre Inglaterra, Diana le confesó su preocupación específica por el futuro del príncipe Harry, a quien consideraba más vulnerable emocionalmente que a William, quien ya estaba siendo moldeado por la estructura institucional para su futuro rol como soberano.
Este trasfondo histórico explica la relevancia de las declaraciones de Devorik en la actualidad, cuando la monarquía británica atraviesa un proceso de transición bajo el reinado de Carlos III. El empresario recordó que la partida de Diana le generó un impacto tal que decidió abandonar Londres un año y medio después del accidente, trasladándose a Estados Unidos para alejarse de los recuerdos constantes que le generaba la cercanía con el Palacio de Kensington. Su carrera continuó ligada al mundo de la alta cultura, desempeñándose como asesor internacional ad honorem del Teatro Colón en Buenos Aires y colaborando con figuras de la lírica mundial como la soprano Nadine Sierra y la mezzosoprano Elina Garanca, manteniendo siempre el perfil de un embajador cultural entre Europa y Argentina.
Impacto
Las revelaciones de Devorik impactan directamente en la percepción pública sobre la gestión del legado de Lady Di a casi 30 años de su fallecimiento, que se cumplirán en 2027. El asesor sostiene que, a pesar de la existencia de monumentos como la estatua en los jardines de Kensington, la figura de Diana aún no ha recibido un reconocimiento institucional a la altura de su influencia global. Según analistas de la realeza, el testimonio de Devorik refuerza la idea de que la princesa fue una figura disruptiva que obligó a la monarquía a humanizarse, un proceso que hoy intentan continuar sus hijos bajo contextos muy diferentes. La vigencia de su imagen sigue siendo un factor de tensión dentro de la Casa de Windsor, especialmente en lo que respecta a la relación fracturada entre William y Harry.
En el ámbito local, la actividad de Devorik subraya la importancia de la diplomacia cultural y el rol de los argentinos en los círculos de poder internacional. Su trabajo actual con la productora Elisa Wagner para traer grandes voces de la ópera al país demuestra un compromiso con la formación de la identidad cultural argentina, un tema que el empresario analiza con una visión crítica pero esperanzadora. Para Devorik, el legado de Diana —basado en la premisa de que a mayor poder, mayor debe ser la humildad— es una enseñanza que intenta aplicar en sus proyectos actuales en Buenos Aires, buscando que la cultura sea un motor de elevación espiritual para la sociedad, tal como la princesa buscaba transformar la realidad de los más vulnerables.
Hacia el futuro, se espera que las conmemoraciones por el trigésimo aniversario del fallecimiento de la princesa Diana en 2027 reabran el debate sobre su lugar definitivo en la historia británica. Devorik anticipó que continuará defendiendo la memoria de la familia Spencer y que su distanciamiento con la actual pareja real es una decisión definitiva basada en sus convicciones personales. Mientras tanto, el empresario seguirá dividiendo su tiempo entre la gestión cultural en el Teatro Colón y su vida en Viena, manteniendo viva la memoria de una mujer que, según sus propias palabras, sigue siendo más temida por el sistema monárquico en su ausencia que durante su vida.