INTERNACIONAL

Resurgimiento de la piratería somalí: tres buques secuestrados en medio de la tensión regional con Irán

Grupos armados capturaron el petrolero Honour 25 y otras dos embarcaciones comerciales frente a las costas de Somalia, aprovechando el desplazamiento de las patrullas navales internacionales hacia el conflicto en el Mar Rojo.

Redacción El Capitán 18 de mayo de 2026 6 min de lectura
Imagen editorial relacionada con: Resurgimiento de la piratería somalí: tres buques secuestrados en medio de la tensión regional con Irán
Foto: BBC Mundo

Piratas somalíes secuestraron el buque petrolero Honour 25 y otras dos embarcaciones comerciales en el Cuerno de África durante las últimas semanas, marcando el regreso de los ataques a gran escala en una región clave para el comercio marítimo global.

El ataque más reciente contra el Honour 25, capitaneado por el indonesio Ashari Samadikun, se produjo el 21 de abril frente a las costas de Somalia. El buque, que transportaba 18.500 barriles de petróleo con destino a Mogadiscio tras zarpar de Emiratos Árabes Unidos, fue abordado por hombres armados con fusiles AK-47 y lanzacohetes RPG. Según informaron fuentes de la Fuerza Naval de la Unión Europea (Eunavfor), los atacantes tomaron como rehenes a los 17 tripulantes, entre los que se encuentran ciudadanos de Pakistán, India, Sri Lanka y Birmania. Este incidente no es aislado: en un lapso de apenas 14 días, también fueron capturados el buque mercante Sward, cargado de cemento, y el petrolero Eureka, propiedad de firmas emiratíes. Los tres navíos fueron desviados hacia la región semiautónoma de Puntlandia, histórico epicentro de la piratería en el noreste somalí.

La escalada de violencia en el mar coincide con un momento de extrema fragilidad en la seguridad del Medio Oriente. Operadores del mercado marítimo y analistas de inteligencia señalan que las bandas criminales somalíes detectaron una “ventana de oportunidad” debido a que las armadas internacionales, que habitualmente patrullaban el Cuerno de África, han desplazado sus recursos hacia el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz para contener los ataques de los rebeldes hutíes respaldados por Irán. Esta dispersión de las fuerzas de seguridad permitió que, por primera vez en más de una década, grupos piratas mantengan retenidos simultáneamente tres buques de gran porte. De acuerdo con datos de la Oficina Marítima Internacional, el nivel de amenaza en las aguas circundantes a Somalia ha sido elevado a “severo” por la Operación de Comercio Marítimo de Reino Unido (Ukmto).

Las tácticas de los captores parecen haber evolucionado hacia una mayor organización. En el caso del MT Eureka, el buque fue tomado por la fuerza el 2 de mayo mientras estaba anclado frente al puerto de Qana, en Yemen, y posteriormente trasladado a territorio somalí. Investigadores del Centro de Estudios Estratégicos de Saná indicaron que existen indicios de una posible coordinación estratégica entre los piratas y actores vinculados a la red de influencia iraní. Según esta hipótesis, el caos generado en las rutas comerciales no solo busca el beneficio económico inmediato a través del cobro de rescates, sino que también sirve para complicar la postura naval de Estados Unidos en la región y aliviar la presión sobre los puertos de Irán, diversificando los focos de conflicto en los puntos neurálgicos del transporte de crudo.

Contexto

Para comprender la gravedad del escenario actual, es necesario remontarse a la crisis de piratería que alcanzó su pico máximo en 2011. En aquel año, la Oficina Marítima Internacional registró 237 incidentes y, hacia enero de ese período, los grupos criminales retenían 32 embarcaciones y 736 rehenes en simultáneo. Entre 2005 y 2012, el Banco Mundial estimó que los pagos por rescates ascendieron a US$ 413 millones, generando un costo total para la economía global de aproximadamente US$ 18.000 millones anuales debido a las interrupciones comerciales y el encarecimiento de la logística. La actividad disminuyó drásticamente gracias a la implementación de patrullas navales permanentes y la contratación de seguridad privada a bordo de los buques, pero las causas estructurales en tierra firme nunca fueron resueltas.

Somalia atraviesa hoy una combinación crítica de factores internos que alimentan el reclutamiento de piratas. La prolongada guerra civil, sequías recurrentes y el recorte de la ayuda humanitaria por parte de potencias como Estados Unidos han dejado a millones de personas en situación de inseguridad alimentaria. A esto se suma que la guerra regional que involucra a Irán ha disparado los costos del combustible y los alimentos importados a niveles récord. Según la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna, el déficit de consumo en los hogares pobres somalíes está empujando a la población hacia actividades desesperadas o ilícitas. En Puntlandia, funcionarios de seguridad locales admitieron que el movimiento de grupos armados a lo largo de la costa es hoy mucho más intenso de lo que los organismos internacionales percibían meses atrás.

Impacto

El regreso de la piratería somalí representa una amenaza sistémica para el comercio internacional que podría derivar en consecuencias económicas directas para los consumidores. Sofia Galani, consultora de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), advirtió que la convergencia de la amenaza pirata con los ataques hutíes en el Mar Rojo crea un entorno operativo de alto riesgo desde el Mar Arábigo hasta el Cuerno de África. Esto impacta de inmediato en las primas de seguros marítimos, que ya han registrado subas considerables, y obliga a las navieras a considerar rutas más largas y costosas, como el rodeo por el Cabo de Buena Esperanza, lo que encarece el flete de productos básicos y energía a nivel mundial.

En el plano humano, la situación de los rehenes genera una tensión diplomática multinacional. El capitán Ashari Samadikun logró comunicarse brevemente con su familia en Indonesia para informar que los captores están buscando negociadores que hablen inglés para iniciar el pedido de rescate. Sin embargo, la falta de medidas de protección en buques como el Honour 25 —que no contaba con guardias armados ni barreras físicas en su cubierta— deja en evidencia la vulnerabilidad de las flotas mercantes de menor presupuesto frente a una amenaza que se creía controlada. La empresa de reclutamiento Helmsmen, con sede en Pakistán, y autoridades de las Islas Marshall (donde está registrado el buque) se encuentran monitoreando la situación, aunque las negociaciones en estos casos suelen extenderse por meses.

El próximo paso crítico será la respuesta de las potencias occidentales y regionales ante la posibilidad de que la piratería se consolide nuevamente como una industria rentable. Si las armadas no logran restablecer un equilibrio entre la vigilancia en el Mar Rojo y la protección de las costas somalíes, el corredor marítimo que conecta Asia con Europa a través del Canal de Suez podría volverse impracticable para una parte significativa de la flota mercante. Por el momento, el gobierno de Puntlandia ha prometido enjuiciar a los responsables para evitar un mayor daño reputacional a la región, pero la debilidad institucional y la falta de recursos sugieren que la solución al conflicto dependerá de una nueva intervención coordinada de la comunidad internacional.

Fuente: BBC Mundo

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por BBC Mundo.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias