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Rescatan a una niña tras 32 horas bajo escombros en Venezuela

Fabiana Blanco, de 12 años, sobrevivió atrapada en un edificio de Caraballeda tras el sismo de magnitud 7,5 que afectó la costa norte venezolana el pasado 24 de junio.

Redacción El Capitán 7 de julio de 2026 7 min de lectura
Rescatan a una niña tras 32 horas bajo escombros en Venezuela
Foto: La Nación

Fabiana Blanco, una niña de 12 años, fue rescatada con vida tras permanecer 32 horas atrapada bajo los escombros de un edificio en Caraballeda, Venezuela, luego del terremoto de magnitud 7,5 que sacudió la costa norte el pasado 24 de junio.

El operativo de salvamento culminó cerca de las 2 de la madrugada del viernes posterior al desastre, cuando brigadas de bomberos de Caracas y voluntarios civiles lograron extraer a la menor del primer piso del complejo Ritamar Palace. La estructura de diez plantas colapsó casi en su totalidad durante el doble sismo que afectó al estado de La Guaira. Según informaron fuentes de los equipos de emergencia, Blanco fue hallada en un espacio extremadamente reducido, posicionada boca arriba y con el cielorraso a escasos centímetros de su rostro. Durante el tiempo que permaneció sepultada, la niña logró desplazar algunos bloques de hormigón para liberar una de sus extremidades inferiores que se encontraba presionada por el peso de la construcción. En ese proceso, encontró restos de alimentos que resultaron vitales para su supervivencia inmediata. De acuerdo con el testimonio brindado por la menor a los rescatistas, consumió una pequeña cantidad de kétchup y queso rallado que halló entre los restos de su antigua vivienda, lo que le permitió mantener la consciencia y la energía necesaria para responder a los llamados del exterior.

El hallazgo de la niña fue posible gracias a una cadena de testimonios y esfuerzos coordinados en medio del caos. Inicialmente, una enfermera que había sido rescatada previamente de la misma estructura alertó a las autoridades sobre la posibilidad de que Blanco estuviera con vida tras haber escuchado ruidos en los niveles inferiores. Posteriormente, un voluntario civil logró establecer contacto auditivo con la menor, lo que permitió a los bomberos geolocalizar su posición exacta. Debido a la inestabilidad del terreno y el riesgo de nuevos derrumbes, las cuadrillas debieron perforar el hormigón con herramientas manuales y mecánicas bajo condiciones de visibilidad nula. Ante la falta de suministro eléctrico en la zona de desastre, los vecinos colaboraron utilizando las luces de siete motocicletas y dos automóviles para iluminar el área de trabajo. Tras ser extraída, el parte médico oficial emitido por el centro de salud local indicó que la paciente presentaba escoriaciones múltiples, hematomas diversos y una fractura en su pie izquierdo, aunque se encuentra fuera de peligro y bajo observación pediátrica constante.

La magnitud de la tragedia en el edificio Ritamar Palace refleja la violencia del fenómeno sísmico en la región costera. De las aproximadamente 50 personas que se encontraban en el complejo residencial al momento del primer temblor, las brigadas de auxilio solo han logrado localizar a tres sobrevivientes. El resto de los residentes permanecen desaparecidos o han sido confirmados como víctimas fatales dentro del balance general de la catástrofe. Las autoridades de Protección Civil señalaron que las tareas de remoción de escombros continúan de manera ininterrumpida, aunque las esperanzas de hallar más personas con vida disminuyen con el paso de las horas. La situación en Caraballeda es crítica, con decenas de familias acampando frente a lo que queda de sus hogares a la espera de noticias sobre sus allegados, mientras el sistema de salud regional opera al límite de su capacidad para atender a los miles de damnificados que dejó el movimiento telúrico en toda la franja norte del país.

Contexto

El terremoto del 24 de junio se caracterizó por ser un evento de doble sacudida con pocos segundos de diferencia, siendo el segundo movimiento el más destructivo con una magnitud de 7,5 en la escala de Richter. Este fenómeno afectó principalmente la costa norte venezolana, una zona de alta actividad tectónica debido a la interacción de las placas del Caribe y la Sudamericana. Según datos difundidos por organismos oficiales hasta el domingo 4 de julio, el saldo total de la catástrofe asciende a 3.342 personas fallecidas y casi 17.000 heridos en toda la región afectada. Los especialistas en sismología determinaron que el colapso masivo de estructuras en La Guaira no respondió únicamente a la potencia del sismo, sino a una combinación de factores geológicos y técnicos. El impacto directo de las ondas sísmicas sobre el borde costero, frente a la falla de San Sebastián, se vio potenciado por la naturaleza del suelo, compuesto mayoritariamente por sedimentos blandos y conos fluviales que amplificaron las vibraciones de manera drástica.

Históricamente, la región norte de Venezuela ha sufrido eventos de esta naturaleza, pero la escala de destrucción del presente año ha superado los registros de las últimas décadas. Informes preliminares de ingenieros y peritos que trabajan en la zona de desastre sugieren que gran parte de los edificios que colapsaron presentaban deficiencias estructurales severas. Se investiga el incumplimiento sistemático de las regulaciones antisísmicas vigentes y el uso de materiales de construcción de baja calidad, factores que habrían impedido que las edificaciones resistieran el movimiento oscilatorio. En el caso específico del edificio Ritamar Palace, las autoridades municipales han iniciado una auditoría para determinar si existían denuncias previas sobre el estado de la estructura o si se habían realizado modificaciones no autorizadas que pudieran haber comprometido la integridad del bloque de diez pisos durante el evento sísmico.

Impacto

La supervivencia de Fabiana Blanco se ha convertido en un símbolo de esperanza en medio de una crisis humanitaria que afecta a miles de ciudadanos. Sin embargo, el impacto del terremoto trasciende los casos individuales y pone de manifiesto la vulnerabilidad de la infraestructura urbana en las zonas costeras. La pérdida de más de 3.000 vidas y la destrucción de miles de viviendas han generado un desplazamiento interno masivo que el gobierno nacional intenta gestionar mediante la instalación de refugios temporales. El impacto económico es todavía incalculable, pero se estima que la reconstrucción de los servicios básicos y las viviendas en el estado de La Guaira demandará años de inversión sostenida. Además, la tragedia ha reabierto el debate sobre la seguridad edilicia en Venezuela, con fuertes críticas hacia los organismos de control que permitieron la proliferación de construcciones en terrenos geológicamente inestables sin las medidas de refuerzo necesarias para mitigar riesgos sísmicos.

Para la comunidad de Caraballeda, el rescate de la niña representa un alivio momentáneo, pero la realidad del día después es desoladora. La mayoría de los sobrevivientes del edificio Ritamar Palace han perdido la totalidad de sus pertenencias y se enfrentan a un futuro incierto sin vivienda propia. Las organizaciones no gubernamentales y los organismos internacionales han comenzado a enviar ayuda humanitaria, centrada principalmente en agua potable, alimentos no perecederos y suministros médicos para los 17.000 heridos registrados. La presión sobre el sistema de respuesta ante emergencias ha llevado a las autoridades a solicitar la colaboración de expertos internacionales en rescate urbano y evaluación de daños estructurales para determinar qué edificios aún en pie son seguros para ser habitados nuevamente y cuáles deben ser demolidos de forma controlada para evitar nuevas tragedias.

El próximo paso para la familia Blanco y los demás afectados será el proceso de rehabilitación física y psicológica tras el trauma vivido bajo los escombros. Mientras tanto, la Fiscalía General de la República ha anunciado la apertura de una investigación penal para determinar las responsabilidades de las empresas constructoras y los funcionarios públicos involucrados en la habilitación de los edificios que sufrieron colapsos totales. Se espera que en las próximas semanas se den a conocer los resultados de los peritajes técnicos definitivos sobre la falla de San Sebastián y el comportamiento del suelo en la costa norte. La tensión permanece alta en las zonas afectadas, donde las réplicas menores continúan registrándose, manteniendo en alerta a una población que todavía intenta asimilar la magnitud de uno de los desastres naturales más mortíferos en la historia reciente del país.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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