SOCIEDAD

Pilar Sordo advierte sobre la pérdida de vocabulario y su impacto

La psicóloga Pilar Sordo alertó sobre la reducción del lenguaje cotidiano y cómo el reemplazo de palabras por emoticones afecta la profundidad de los vínculos y la salud mental.

Redacción El Capitán 17 de julio de 2026 5 min de lectura
Pilar Sordo advierte sobre la pérdida de vocabulario y su impacto
Foto: La Nación

La psicóloga Pilar Sordo advirtió en Buenos Aires que la reducción del vocabulario actual limita la capacidad de las personas para expresar su mundo interior y afecta directamente la estabilidad emocional y la calidad de los vínculos sociales.

El fenómeno de la simplificación lingüística no es solo una cuestión de formas, sino que tiene consecuencias clínicas directas en la población. Según explicaron especialistas en salud mental alineados con la postura de Sordo, el uso decreciente de palabras y su reemplazo sistemático por elementos visuales, como los emoticones, está generando una barrera en la comunicación profunda. La autora chilena, basándose en conceptos del psiquiatra español José Luis Marín, sostuvo que el ser humano manifiesta patologías específicas derivadas de la falta de palabras. Esta carencia de léxico impide que los sujetos puedan nombrar con precisión lo que sienten, lo que deriva en una desconexión emocional que se traduce en cuadros de ansiedad o angustia que los servicios de salud mental reportan con mayor frecuencia en la última década.

La investigación desarrollada por Sordo durante ocho años consecutivos arroja luz sobre la importancia del diálogo interno como una herramienta de autoconocimiento. De acuerdo con los datos recopilados en su estudio, la forma en que un individuo se habla a sí mismo no solo construye su amor propio, sino que funciona como el lente a través del cual interpreta la realidad externa. Si una persona se percibe internamente como noble o confiable, tiende a proyectar esas mismas cualidades en su entorno social. Por el contrario, un diálogo interno deficitario o violento suele correlacionarse con una visión del mundo hostil. Este proceso de autopercepción es determinante para atravesar situaciones críticas como los duelos, definir el propósito de vida y establecer la forma en que se exteriorizan las emociones ante los demás.

La dinámica de las conversaciones contemporáneas también se ha visto alterada por una caída drástica en los niveles de paciencia de los interlocutores. Sordo señaló que existe una dificultad creciente para generar espacios donde ambos participantes se sientan verdaderamente escuchados. En lugar de un intercambio dialéctico donde el sujeto se expone a ser transformado por el discurso del otro, las interacciones se han convertido en lo que la especialista denomina “monólogos intermitentes”. En estos encuentros, la falta de atención impide que se produzca una conexión real, ya que cada individuo está más preocupado por su propia intervención que por procesar el mensaje ajeno. Esta urgencia por la respuesta inmediata anula el tiempo necesario para la reflexión y el entendimiento mutuo.

Contexto

El análisis de Pilar Sordo se inscribe en un contexto global donde la inmediatez digital ha reconfigurado las estructuras del lenguaje. Durante los últimos ocho años, la especialista se dedicó a observar cómo la cultura de la rapidez influye en la psiquis humana, identificando una tendencia hacia la evitación de la incomodidad. Históricamente, los procesos de maduración personal han estado ligados a momentos de crisis o malestar que obligan al sujeto a revisar sus prioridades. Sin embargo, la sociedad actual impone una exigencia de felicidad constante y una cultura de la fuga ante cualquier signo de roce emocional. Esta resistencia al cambio y a la molestia que genera el crecimiento personal es lo que, según la autora, mantiene a muchas personas estancadas en estructuras de pensamiento que ya no les resultan funcionales.

Los antecedentes de esta problemática también se encuentran en la evolución de las plataformas de mensajería instantánea, que han priorizado la brevedad sobre la precisión. Organismos internacionales de salud han comenzado a estudiar cómo la reducción de la riqueza léxica en los jóvenes correlaciona con una menor tolerancia a la frustración. La incapacidad de poner en palabras un sentimiento complejo suele derivar en reacciones impulsivas o en el aislamiento. Sordo enfatiza que el proceso de desaprender lo enseñado es fundamental para el desarrollo adulto, permitiendo que el individuo desarme mandatos sociales para construir una identidad más auténtica basada en el autocuidado y el reconocimiento de sus propias necesidades emocionales, un proceso que requiere tiempo y, fundamentalmente, palabras.

Impacto

El impacto de esta degradación del lenguaje se manifiesta principalmente en la salud pública y en la cohesión del tejido social. Al reducirse el vocabulario, disminuye la capacidad de resolución de conflictos a través del diálogo, lo que aumenta la tensión en los vínculos primarios y laborales. Desde el punto de vista de la psicología clínica, la falta de herramientas lingüísticas para el autoconocimiento dificulta los procesos terapéuticos, ya que el paciente encuentra barreras para describir su sintomatología emocional. Esto genera una dependencia mayor de soluciones inmediatas o farmacológicas en lugar de procesos de elaboración psíquica que requieren una narrativa interna sólida y estructurada.

Asimismo, la visión del mundo que se desprende de un diálogo interno empobrecido afecta la participación ciudadana y la empatía. Si el individuo no posee las palabras para entender su propio dolor o alegría, difícilmente pueda sintonizar con las vivencias del prójimo. La especialista remarca que la incomodidad debe ser aceptada como la única invitación real al crecimiento. Al evitar el roce que produce el darse cuenta de la necesidad de un cambio, las personas pierden la oportunidad de evolucionar. El derecho humano a cambiar de opinión, a equivocarse y a retirarse de espacios que no generan bienestar se ve vulnerado cuando el sujeto no puede articular verbalmente las razones de su malestar, quedando atrapado en situaciones de insatisfacción crónica.

Hacia adelante, el desafío planteado por Sordo reside en recuperar la profundidad de la conversación como un acto de exposición y transformación personal. El próximo paso para revertir esta tendencia implica una revalorización del silencio y la escucha activa en los ámbitos educativos y familiares. La tensión pendiente se encuentra en la lucha entre la velocidad tecnológica y la lentitud necesaria para los procesos humanos. Se espera que en los próximos foros de salud mental se profundice en la necesidad de fomentar la lectura y la expresión oral como métodos preventivos ante el aumento de trastornos emocionales vinculados a la incomunicación y la soledad en la era digital.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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