SOCIEDAD

Nutrición: el rol de las semillas y el arroz en la masa muscular

Especialistas en nutrición destacaron la importancia de las semillas y el arroz blanco para fortalecer la masa muscular, desmitificando el consumo de helado y alcohol durante las altas temperaturas estivales.

Redacción El Capitán 15 de julio de 2026 6 min de lectura
Nutrición: el rol de las semillas y el arroz en la masa muscular
Foto: La Nación

El nutricionista Diego Sívori, director de la licenciatura en Nutrición de la UADE, presentó una serie de recomendaciones sobre semillas y carbohidratos para fortalecer la masa muscular y desmintió mitos alimenticios vinculados a las altas temperaturas.

La incorporación de semillas secas y comestibles en la dieta diaria se ha consolidado como una estrategia fundamental para el mantenimiento del tejido magro. Según explicaron desde el ámbito académico de la nutrición, estos alimentos aportan micronutrientes esenciales que, combinados con fuentes de energía eficientes, optimizan la respuesta metabólica del organismo. En este sentido, Sívori destacó al arroz blanco como un aliado estratégico, calificándolo como un alimento “imbatible” por su alta digestibilidad. A diferencia de la creencia popular que prioriza las versiones integrales en todo momento, el especialista aclaró que, para objetivos específicos de absorción rápida y recuperación, el arroz blanco supera al integral debido a la facilidad con la que el cuerpo procesa sus almidones, evitando complicaciones gastrointestinales durante el proceso de síntesis proteica.

El análisis nutricional también puso el foco en el acompañamiento de estos carbohidratos, señalando que el valor biológico y calórico de un plato de pasta o arroz suele verse alterado por los agregados. De acuerdo con datos técnicos del sector, el problema no reside en el grano en sí, sino en los denominados “amigos” del plato: quesos grasos, salsas procesadas y embutidos. Estos componentes elevan el aporte de grasas saturadas y sodio, contrarrestando los beneficios de los hidratos de carbono complejos. Por otro lado, se abordó la termogénesis de los alimentos, explicando que comer platos calientes no implica necesariamente una mayor ingesta calórica, del mismo modo que los alimentos fríos no garantizan un bajo aporte energético. El ejemplo paradigmático es el helado, cuya ingesta se traduce rápidamente en un excedente calórico que el cuerpo procesa de manera ineficiente para la refrigeración.

Respecto al procesamiento de la energía, el especialista detalló que el cuerpo humano no logra aprovechar la totalidad de las calorías provenientes de alimentos ultraprocesados y fríos como el helado. Específicamente, se estima que el 70% de esa energía se transforma en calor corporal debido al esfuerzo metabólico, mientras que solo el 30% restante se convierte en energía utilizable. Esta cifra técnica desmorona el mito de que el helado funciona como un refrigerante natural para el organismo. Por el contrario, al generar calor interno durante la digestión, el efecto es opuesto al deseado. Este fenómeno se extiende a otros consumos habituales de la temporada estival, como la cerveza y los snacks salados, que conforman un podio de alimentos que, lejos de refrescar, incrementan la temperatura corporal y la deshidratación.

Contexto

La discusión sobre la nutrición estacional en Argentina cobra relevancia en un contexto donde el consumo de ultraprocesados y alcohol tiende a incrementarse durante los meses de verano. Históricamente, las recomendaciones nutricionales se centraban en la restricción calórica, pero la tendencia actual, respaldada por instituciones como la UADE, vira hacia la eficiencia metabólica y la comprensión de la densidad nutricional. La mención a las papas fritas como el alimento “más adictivo del mundo” no es azarosa; responde a estudios de neurociencia alimentaria que demuestran cómo la combinación de carbohidratos, grasas y textura crocante activa los centros hedónicos del cerebro, buscando placer inmediato en lugar de saciedad. Este comportamiento explica por qué es frecuente consumir un paquete completo de snacks, una conducta que no se replica con alimentos naturales como el brócoli.

En cuanto al consumo de alcohol, el debate se traslada a la calidad de las bebidas y su impacto en la resaca. Según fuentes del sector salud, las bebidas con mayor coloración, como los aperitivos y ciertos vinos, contienen congéneres que intensifican los síntomas post-ingesta. Sívori advirtió que el ingreso calórico del alcohol funciona como una “autopista” directa a las reservas grasas del abdomen. Al ingerir alcohol en exceso, el cuerpo demanda una gran cantidad de energía posterior para metabolizarlo, y cualquier excedente calórico se deposita en el tejido adiposo. Comparativamente, una copa de vino y un vaso de cerveza poseen niveles calóricos similares, con la salvedad de que la cerveza produce una mayor distensión abdominal debido a su carbonatación y composición.

Impacto

Este cambio de paradigma en la elección de alimentos impacta directamente en la salud pública y en el rendimiento físico de los ciudadanos. La revalorización de frutas de estación como el melón y la sandía se presenta como una alternativa crítica frente a los snacks procesados. La sandía, por ejemplo, aporta niveles de azúcar mínimos; una rodaja completa no alcanza el contenido de azúcar de un solo caramelo, pero ofrece hidratación, fibra y saciedad. La implementación de técnicas simples, como el congelado de uvas para crear snacks saludables, permite a los consumidores reemplazar productos industriales por opciones naturales que mantienen la masa muscular sin los efectos negativos de los azúcares añadidos y las grasas trans.

La educación sobre la lectura de calorías y la respuesta térmica de los alimentos permite a la población tomar decisiones más informadas. El impacto de entender que el 70% del helado se convierte en calor corporal puede reducir el consumo de este producto bajo la falsa premisa de combatir el clima extremo. Asimismo, la diferenciación entre el arroz blanco e integral para deportistas o personas que buscan fortalecer sus músculos proporciona una herramienta práctica para optimizar la dieta según el momento del día y el nivel de actividad física. La clave reside en la moderación y en la identificación de los componentes adictivos que distorsionan las señales de hambre y saciedad en el sistema nervioso central.

Hacia adelante, se espera que las guías alimentarias nacionales incorporen con mayor énfasis estas distinciones sobre la termogénesis y la biodisponibilidad de los nutrientes. La tensión pendiente radica en la industria de los ultraprocesados, que continúa liderando las ventas en periodos vacacionales a pesar de las advertencias sobre su capacidad para generar calor interno y depósitos grasos. El próximo paso para los consumidores será integrar semillas y carbohidratos de fácil digestión como base de una alimentación que no solo busque el placer, sino la funcionalidad biológica en climas adversos.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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