SALUD

Neurociencia del esfuerzo: cómo el cerebro decide invertir energía

Un estudio de la Universidad de Poitiers y Harvard determinó que el cerebro evalúa el costo-beneficio energético mediante la inferencia activa para decidir si una tarea exigente justifica el agotamiento de los recursos biológicos.

Redacción El Capitán 24 de julio de 2026 5 min de lectura
Neurociencia del esfuerzo: cómo el cerebro decide invertir energía
Foto: Infobae

Investigadores de la Universidad de Poitiers y Harvard identificaron los mecanismos neurobiológicos que regulan la administración del esfuerzo humano, determinando que el cerebro actúa como un gestor contable que prioriza la obtención de información sobre el gasto energético.

El análisis, encabezado por la psicóloga Nathalie André de la Universidad de Poitiers, propone un cambio de paradigma en la comprensión de la productividad y la inactividad. Según los datos obtenidos mediante modelos de neurociencia computacional, el organismo humano no busca evitar el esfuerzo de manera absoluta, sino que aplica el principio del mínimo esfuerzo para optimizar la supervivencia. Este proceso implica que, ante dos caminos para obtener una misma recompensa o evitar un castigo, el sistema nervioso seleccionará sistemáticamente la vía que demande menor consumo de glucosa y oxígeno. Sin embargo, el estudio revela que el cerebro acepta costos elevados siempre que los resultados sean proporcionales y permitan mantener el equilibrio de los sistemas internos, lo que explica por qué ciertas personas se someten a desafíos extremos de manera voluntaria.

La investigación introduce la teoría de la inferencia activa como el eje central de la toma de decisiones. Bajo este modelo, el cerebro no evalúa el esfuerzo solo como un desgaste, sino como una inversión necesaria para reducir la incertidumbre. Si un individuo percibe que una tarea difícil le aportará conocimiento valioso o habilidades críticas, el sistema de recompensa se activa incluso antes de finalizar la acción. Por el contrario, si la ganancia esperada es nula o incierta, el organismo activa mecanismos de resistencia que se manifiestan como desgano o procrastinación. Roy Baumeister, psicólogo de Harvard y coautor del trabajo, sostiene que el esfuerzo se descompone en ocho costos principales que integran variables objetivas, como el tiempo y la energía muscular, con percepciones subjetivas que varían según el estado emocional del sujeto.

Contexto

Este avance científico se apoya en décadas de estudios sobre la autorregulación y la denominada teoría del agotamiento del ego, desarrollada originalmente por Baumeister. Históricamente, la psicología social consideraba que la fuerza de voluntad era un recurso finito que se consumía con el uso, similar a un combustible biológico. Esta premisa explicaba comportamientos paradójicos, como el de los maratonistas que, tras completar 42 kilómetros de exigencia física extrema, ceden ante impulsos inmediatos como el consumo de alcohol o alimentos hipercalóricos. Los investigadores señalan que en esos momentos el cerebro interpreta que ya ha cumplido con una cuota de sacrificio excepcional y libera los frenos del autocontrol como una forma de compensación sistémica inmediata.

La base de este comportamiento se rastrea desde la infancia temprana, donde el esfuerzo no es percibido como un factor aversivo por naturaleza. Estudios previos realizados con niños de seis años demostraron que los menores exhibían niveles de satisfacción significativamente mayores —medidos a través de la amplitud de sus sonrisas— al completar tareas de alta dificultad en comparación con actividades simples. Lo más relevante de estos antecedentes es que la alegría era superior cuando la tarea representaba un desafío nuevo que cuando se trataba de una repetición. Esto confirma que el placer humano está intrínsecamente ligado a la ganancia de información y al aprendizaje, más que a la comodidad o al reposo absoluto, marcando una diferencia evolutiva fundamental entre el descanso necesario y la apatía adaptativa.

Impacto

El impacto de estos hallazgos redefine la visión corporativa y social sobre la ocupación constante. En un entorno laboral que suele premiar la multitarea y la actividad ininterrumpida, la neurociencia computacional advierte que estar siempre ocupado no es sinónimo de mayor capacidad intelectual, sino que puede ser una señal de una gestión ineficiente de los recursos cognitivos. La capacidad de detenerse y evaluar cuándo no vale la pena esforzarse es, según los expertos, una muestra de inteligencia estratégica. Esta administración eficiente de la energía permite que el individuo reserve sus capacidades críticas para momentos donde la ganancia de información o el beneficio biológico sean realmente significativos, evitando el agotamiento crónico que caracteriza a las sociedades contemporáneas.

No obstante, los especialistas advierten que la evitación sistemática del esfuerzo puede derivar en cuadros de inadaptación funcional. Si bien la “pereza” puede ser una respuesta racional a tareas sin sentido, la incapacidad de asumir retos necesarios para el desarrollo personal indica un desajuste en los mecanismos de evaluación del cerebro. En estos casos, los investigadores subrayan la importancia de la consulta con profesionales de la salud mental para determinar si existe una alteración en los circuitos de dopamina o en la corteza prefrontal, áreas encargadas de procesar la relación entre el costo del trabajo y la gratificación esperada. El juego exigente y el esfuerzo compartido se consolidan así como pilares para mantener relaciones humanas saludables y un cerebro plástico.

El próximo paso para el equipo de la Universidad de Poitiers será profundizar en cómo el estrés crónico altera estos ocho costos del esfuerzo, modificando la percepción subjetiva de la fatiga. Se espera que nuevos ensayos clínicos permitan diseñar estrategias de motivación personalizadas basadas en el perfil neurobiológico de cada individuo, optimizando la productividad sin comprometer la salud física. La tensión pendiente reside en cómo las estructuras educativas y laborales integrarán estos conocimientos para fomentar ambientes que valoren la eficiencia energética por encima de la presencialidad o el esfuerzo vacío.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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