Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón detectaron que el consumo frecuente de marihuana genera niveles elevados de cortisol al despertar, según un estudio publicado este viernes en la revista especializada Cannabis que analizó la respuesta hormonal en adultos.
El estudio clínico, liderado por la profesora asociada Anita Cservenka, examinó a un grupo de 82 participantes divididos entre 39 usuarios frecuentes de cannabis y 43 no consumidores. Los resultados indicaron que, si bien todos los individuos experimentan un incremento natural de cortisol durante los primeros 30 minutos tras abrir los ojos, aquellos que utilizan la sustancia de manera crónica inician su jornada con una base hormonal significativamente más alta. Este hallazgo sugiere una alteración en el sistema endocrino que regula la presión arterial, el metabolismo y la respuesta inmunológica ante situaciones de presión externa. Los especialistas recolectaron muestras de saliva en condiciones controladas para medir la presencia de esta hormona, conocida técnicamente como el marcador neurobiológico del estrés, y cruzaron los datos con informes de percepción subjetiva de tensión diaria proporcionados por los propios voluntarios.
La investigación profundiza en la paradoja del uso recreativo de la marihuana, que suele asociarse con la relajación y la reducción de la ansiedad. Sin embargo, los datos obtenidos por el equipo de Cservenka demuestran que el uso problemático o crónico podría estar produciendo el efecto fisiológico opuesto a largo plazo. Según indicaron fuentes académicas vinculadas al proyecto, el cortisol elevado de forma sostenida no es un indicador menor, ya que esta hormona es la encargada de preparar al cuerpo para la ‘lucha o huida’. Cuando los niveles se mantienen altos desde el momento de despertar, el organismo permanece en un estado de alerta constante que desgasta los sistemas biológicos. La autora principal del estudio destacó que estos niveles de cortisol al despertar pueden servir como una herramienta de diagnóstico para identificar el uso problemático de cannabis, diferenciándolo del consumo ocasional que no presentaría estas alteraciones tan marcadas en la química cerebral inicial del día.
Contexto
El debate sobre los efectos del cannabis en la salud mental y física ha ganado terreno en la agenda pública global tras las sucesivas olas de legalización en diversos países y estados. Históricamente, la ciencia ha intentado determinar si el consumo de THC (tetrahidrocannabinol) afecta la plasticidad neuronal y el sistema endocrino de manera permanente o transitoria. Antecedentes científicos previos, citados por el equipo de la Universidad Estatal de Oregón, habían sugerido resultados contradictorios: algunos estudios indicaban que la respuesta al despertar estaba atenuada en usuarios crónicos, lo que significaba una respuesta hormonal ‘aplanada’. No obstante, esta nueva investigación no replicó esos hallazgos antiguos, sino que encontró una sobreestimulación. Esta discrepancia, según explicaron desde el ámbito de las ciencias psicológicas, podría deberse a las diferentes estrategias analíticas empleadas y a las características específicas de las muestras poblacionales actuales, que consumen productos con concentraciones de THC mucho más elevadas que hace una década.
La relevancia de este estudio radica en que se produce en un momento de normalización del consumo, donde la percepción de riesgo tiende a disminuir entre la población adulta. Los registros de la Asociación Americana de Psicología y otros organismos de salud internacional han advertido sobre el incremento de consultas por trastornos de ansiedad vinculados al uso de sustancias psicoactivas. El cortisol, al ser una hormona esteroidea producida por la glándula suprarrenal, tiene un ritmo circadiano muy marcado; su pico máximo ocurre generalmente por la mañana para proveer energía al cuerpo. Si este proceso se ve alterado por factores externos como el cannabis, el equilibrio homeostático del individuo se rompe, generando un efecto cascada sobre otros procesos vitales como la regulación de la glucosa en sangre y la función cognitiva durante las primeras horas de la jornada laboral o académica.
Impacto
El impacto directo de estos niveles elevados de la hormona del estrés se traduce en un incremento del riesgo clínico para desarrollar patologías crónicas. Médicos y cardiólogos advierten que el exceso de cortisol en sangre está directamente relacionado con el endurecimiento de las arterias y el aumento de la frecuencia cardíaca, factores que predisponen a enfermedades del corazón. Asimismo, en el plano de la salud mental, la presencia constante de esta hormona en el sistema nervioso central se asocia con una mayor vulnerabilidad a cuadros de depresión mayor y trastornos de pánico. Para el sistema de salud pública, estos hallazgos implican la necesidad de revisar los protocolos de atención para pacientes con consumo frecuente, ya que la sintomatología de estrés que presentan podría estar siendo retroalimentada por la propia sustancia que utilizan para intentar mitigarla, creando un círculo vicioso de dependencia fisiológica y malestar psicológico.
Por otro lado, el descubrimiento de este marcador neurobiológico abre una nueva vía para el tratamiento de las adicciones. Al poder medir de forma objetiva el impacto del cannabis en el sistema del estrés a través de una simple muestra de saliva, los profesionales de la salud podrían contar con datos empíricos para mostrar a los pacientes el daño real en su regulación hormonal. Esto cambia la perspectiva del tratamiento, pasando de una discusión subjetiva sobre el bienestar a una intervención basada en parámetros biológicos medibles. Según operadores del sector sanitario, este tipo de evidencia es fundamental para diseñar campañas de prevención más efectivas que no se basen en el prejuicio, sino en las consecuencias metabólicas y neuroendocrinas del uso de drogas, permitiendo que los usuarios tomen decisiones informadas sobre su salud a largo plazo.
El equipo de investigación de la Universidad Estatal de Oregón subrayó que, si bien los resultados son sólidos, no establecen una relación de causalidad definitiva, por lo que el próximo paso consistirá en realizar estudios longitudinales. Estos nuevos proyectos buscarán seguir a los consumidores durante varios años para observar si la reducción del consumo de marihuana logra normalizar los niveles de cortisol o si los cambios en el sistema de respuesta al estrés son irreversibles tras años de uso crónico. La comunidad científica aguarda ahora la revisión de estos datos por parte de organismos reguladores de salud para determinar si es necesario incluir nuevas advertencias en los productos derivados del cannabis destinados al uso adulto.