La intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, mantuvieron un fuerte cruce dialéctico este miércoles tras la movilización del Ni Una Menos, motivado por las estadísticas de femicidios y la orientación ideológica del feminismo.
El conflicto escaló rápidamente en las redes sociales luego de que la ministra Bullrich reivindicara su gestión en el área de seguridad, asegurando que bajo la administración de Javier Milei se registró una baja del 25% en los femicidios. Según datos proporcionados por el Ministerio de Seguridad de la Nación, la funcionaria destacó el fortalecimiento del Sistema Penitenciario y la implementación del Registro de ADN para Violadores como pilares de su política criminal. Bullrich sostuvo que su visión representa un feminismo que protege a las mujeres de manera efectiva, distanciándose de lo que denominó un “Ministerio ideológico” con presupuestos millonarios y escasos resultados operativos, en clara alusión a la gestión anterior del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad.
La respuesta de Mayra Mendoza, referente de La Cámpora y cercana a la ex presidenta Cristina Kirchner, no tardó en llegar con un tono de confrontación histórica y política. Mendoza cuestionó la trayectoria de Bullrich, recordándole su paso por diversas coaliciones políticas como Montoneros, la Alianza, el PRO y ahora La Libertad Avanza. La jefa comunal quilmeña rechazó la autopercepción feminista de la ministra, vinculándola con episodios de represión estatal y recortes presupuestarios, como el ajuste a los jubilados en el año 2001. Además, Mendoza desestimó las cifras oficiales de seguridad, afirmando que la violencia recrudece debido a lo que considera un abandono del Estado y una retórica agresiva promovida desde la propia Casa Rosada.
En el centro de la disputa también se ubicó la figura de Cristina Fernández de Kirchner. Mendoza aprovechó el intercambio para exigir la libertad de la ex mandataria, quien cumple prisión domiciliaria tras la condena en la causa Vialidad. La intendenta calificó la situación judicial de Kirchner como un “secuestro y proscripción”, vinculando la defensa de la ex presidenta con las consignas de la marcha Ni Una Menos, que este año incluyó el reclamo por mujeres “vivas, libres y desendeudadas”. Según la visión de la dirigente bonaerense, el ataque contra Kirchner y su actual situación legal responden a su capacidad electoral y a los logros de sus gobiernos, desafiando a Bullrich con la premisa de que el peronismo retornará al poder ejecutivo nacional.
Contexto
La movilización del Ni Una Menos de este año se produjo en un clima de alta sensibilidad social tras el femicidio de Agostina Vega, un caso que reavivó el debate sobre la eficacia de las políticas de prevención y la actuación de la justicia. Desde el surgimiento del movimiento en 2015, la marcha se ha convertido en un termómetro político donde se miden las gestiones de turno. En este caso, el gobierno de Javier Milei ha marcado una ruptura con las políticas de género tradicionales, eliminando el Ministerio de las Mujeres y reduciendo las estructuras destinadas a programas específicos de diversidad, bajo la premisa de reducir el gasto público y eliminar lo que consideran adoctrinamiento ideológico.
Por otro lado, la relación entre Patricia Bullrich y el sector que lidera Cristina Kirchner ha sido históricamente de confrontación directa. Bullrich, desde su rol en el Ministerio de Seguridad, ha impulsado una agenda de “mano dura” y cumplimiento estricto de la ley, resumida en su eslogan “el que las hace las paga”. Esta postura choca frontalmente con la visión del kirchnerismo, que pone el foco en las causas estructurales de la violencia y critica el accionar de las fuerzas de seguridad. La discusión actual sobre quién representa el “verdadero feminismo” es, en rigor, una disputa por el sentido de una de las banderas sociales más potentes de la última década en la Argentina, en un momento donde el país atraviesa una crisis económica que profundiza las brechas de género.
Impacto
Este enfrentamiento público evidencia la fractura total en la construcción de consensos sobre políticas de género en el país. Mientras el oficialismo nacional busca capitalizar la baja en las estadísticas de criminalidad como un éxito de su modelo de orden público, la oposición territorial, representada por Mendoza, intenta aglutinar el descontento social bajo una nueva propuesta política que denominó provisionalmente como un “Partido Feminista”. Esta idea sugiere una intención de institucionalizar el movimiento de mujeres fuera de las estructuras partidarias tradicionales para enfrentar directamente las políticas de ajuste de la administración Milei y sus aliados del PRO.
Para la ciudadanía y las organizaciones civiles, la politización extrema de las cifras de femicidios genera una incertidumbre sobre la veracidad de los datos y la efectividad de las medidas de protección. El impacto concreto se traduce en una disputa de relatos: por un lado, la eficiencia punitiva y el registro de ADN; por el otro, la asistencia social y el empoderamiento económico de las mujeres. La falta de un canal de diálogo entre el Ministerio de Seguridad y los municipios gobernados por la oposición, como Quilmes, dificulta la implementación de protocolos conjuntos de actuación en casos de violencia de género, dejando a las víctimas en medio de una batalla de jurisdicciones y banderas políticas.
El escenario hacia adelante queda marcado por la profundización de la polarización. Se espera que en las próximas semanas el Congreso de la Nación sea el nuevo tablero de esta disputa, donde se debatirán proyectos relacionados con la seguridad ciudadana y la reforma de las leyes de protección integral a las mujeres. La tensión entre la gestión de Bullrich y el activismo que respalda a Mendoza seguirá escalando a medida que se acerquen los tiempos electorales, con la figura de Cristina Kirchner como el eje que divide las aguas entre la justicia penal y la reivindicación política. El próximo paso será observar si la propuesta de un espacio político estrictamente feminista logra traccionar dentro del peronismo o si queda como una declaración retórica en el marco de la interna opositora.