El Gobierno de Mendoza activó el protocolo de contención para transporte pesado tras confirmarse que 1.550 camiones permanecen varados en el corredor bioceánico debido al cierre del Paso Internacional Cristo Redentor, que acumula diez días de inactividad por temporales.
La medida, implementada por el Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia junto a organismos nacionales, responde a la superación del umbral crítico de 72 horas de interrupción del tránsito hacia Chile. Según datos de la Coordinación de Frontera, el despliegue logístico busca evitar el colapso total de la Ruta Nacional 7 mediante una distribución estratégica de las unidades de carga. Actualmente, el relevamiento oficial indica que 580 camiones se encuentran en la zona de alta montaña, repartidos entre la localidad de Uspallata, el Área de Control Integrado (ACI) y diversas estaciones de servicio de la zona. Otros 70 vehículos permanecen en la Red Mercosur, mientras que el grueso del contingente, compuesto por aproximadamente 900 unidades, fue derivado a paradores ubicados en el llano, específicamente entre las localidades de Eloy Guerrero y La Paz. Fuentes de la Policía de Mendoza confirmaron que los transportistas con base operativa o domicilio en la provincia fueron obligados a retirarse a sus predios privados para liberar espacio en las zonas de servicios públicos.
El operativo de asistencia integral cuenta con la participación de Gendarmería Nacional, Vialidad Nacional, Defensa Civil y el Ministerio de Salud de Mendoza. Estas instituciones coordinan la entrega de agua potable, el acceso a servicios sanitarios y la atención médica de urgencia para los choferes, quienes enfrentan temperaturas bajo cero de forma sostenida. Desde el Ministerio de Economía provincial señalaron que el esquema de despacho, una vez que se autorice la reapertura, no será inmediato. Se estima que el corredor podrá procesar entre 500 y 600 camiones diarios, lo que implicaría un período de entre cinco y seis días para normalizar el flujo total acumulado. Esta demora se ve agravada por el régimen de horario de invierno, que restringe la circulación a una ventana operativa de apenas 12 horas diarias, siempre supeditada a que las condiciones de la calzada permitan el tránsito seguro de vehículos de gran porte.
Para gestionar el movimiento de las unidades cuando el clima lo permita, las autoridades viales instalarán zonas de “pulmón” o contención sobre la Ruta Nacional 7, situadas estratégicamente en el acceso a la Refinería de Luján de Cuyo y en la intersección con la Ruta Provincial 84. Estos espacios tienen una capacidad nominal para albergar a 700 camiones y funcionarán como filtros operativos. Según explicaron técnicos de Vialidad Nacional, los vehículos serán retenidos en estos puntos durante períodos de cinco a seis horas para organizar salidas escalonadas hacia la cordillera, evitando así embotellamientos en los sectores más estrechos del camino. Los conductores deberán extremar las precauciones, ya que se han reportado paredones de nieve de gran altura en los márgenes de la ruta y una ausencia total de banquinas transitables en los tramos superiores, lo que reduce drásticamente el margen de maniobra ante cualquier desperfecto mecánico o incidente vial.
Contexto
La crisis logística actual se originó el pasado 18 de julio, fecha en la que las autoridades fronterizas de ambos países determinaron el cierre preventivo del túnel internacional ante el ingreso de un frente de baja presión que descargó nevadas extraordinarias en la zona de cordillera. Este fenómeno meteorológico no es aislado, pero su persistencia ha puesto a prueba el Plan de Aparcamiento para el Transporte de Cargas de la temporada invernal 2026. Originalmente, este plan preveía una capacidad de 1.400 plazas entre alta y baja montaña, una cifra que ya ha sido superada por la demanda real de transportistas que intentan cruzar hacia los puertos del Pacífico. El sistema de “encapsulamiento”, que consiste en escoltar grupos de camiones con patrullas de Gendarmería, es la herramienta principal que se ha utilizado en años anteriores para resolver bloqueos similares, aunque la magnitud de la acumulación de nieve actual presenta desafíos técnicos superiores a los de temporadas previas.
La situación en Mendoza se ve agravada por la falta de alternativas viables en otros puntos de la frontera andina. El Paso Pino Hachado, ubicado en la provincia de Neuquén y habitual vía de desvío para el transporte de carga, registró una breve apertura el viernes pasado, pero debió ser clausurado nuevamente de forma inmediata debido a ráfagas de viento blanco y acumulación de hielo sobre la calzada. En la actualidad, el único paso habilitado en la región patagónica es el Paso Hua Hum, que conecta San Martín de los Andes con Panguipulli en Chile, aunque su infraestructura no está preparada para absorber el volumen de transporte pesado que circula por el corredor mendocino. Esta saturación regional de los pasos fronterizos genera un efecto embudo que presiona sobre la infraestructura de servicios de las localidades cordilleranas, las cuales no están dimensionadas para sostener a miles de personas de forma indefinida.
Impacto
El bloqueo del Paso Cristo Redentor tiene consecuencias directas sobre el comercio exterior de la región y el abastecimiento de insumos críticos. Operadores del mercado logístico estiman que cada día de cierre representa pérdidas millonarias en concepto de fletes, seguros y penalizaciones por incumplimiento de contratos de exportación. El impacto no solo afecta a las empresas de transporte, sino también a la cadena de suministros de productos perecederos que viajan desde el centro de Argentina hacia los mercados asiáticos vía Chile. Además, la concentración de más de 1.500 camiones en las rutas mendocinas genera una tensión social y sanitaria en los municipios afectados, que deben desviar recursos locales para garantizar la seguridad y la higiene en los paradores improvisados a la vera de la ruta nacional.
Desde el punto de vista de la seguridad vial, el impacto se traduce en un riesgo elevado para los usuarios particulares de la Ruta 7. La presencia de largas filas de camiones estacionados en las banquinas y estaciones de servicio reduce la visibilidad y complica el tránsito local en zonas como Luján de Cuyo y Maipú. Asimismo, el deterioro de la calzada por el peso de las unidades detenidas y el uso intensivo de cadenas cuando se reanude la marcha obligará a Vialidad Nacional a realizar tareas de mantenimiento extraordinarias una vez finalizada la temporada. La incertidumbre sobre la reapertura también afecta la planificación de las empresas de transporte internacional, que deben decidir si mantienen a sus choferes en la ruta o si inician el costoso proceso de retorno a sus bases de origen, lo que implicaría desistir de la carga actual.
Los pronósticos meteorológicos del Servicio Meteorológico Nacional y de organismos chilenos coinciden en que las nevadas continuarán con intensidad variable al menos hasta el jueves 6 de agosto. Esta previsión posterga cualquier intento de limpieza profunda de la calzada por parte de las máquinas barrenieve, que actualmente solo pueden trabajar en mantener despejados los accesos básicos para los vehículos de emergencia. La tensión se mantiene entre los transportistas y las autoridades, mientras se espera una ventana de buen tiempo que permita iniciar el lento proceso de descongestión. El próximo paso crítico será la evaluación técnica que realizarán los coordinadores de ambos países el próximo viernes, donde se determinará si el estado del túnel y los caracoles del lado chileno ofrecen las garantías mínimas para retomar la actividad comercial.