Mauricio Macri encabezará este viernes 16 de mayo un acto político en la localidad de Olivos para relanzar la estructura del PRO en la provincia de Buenos Aires, marcando un nuevo hito en su estrategia de diferenciación respecto a la gestión del presidente Javier Milei.
El encuentro, que tendrá lugar en el partido de Vicente López, representa la cuarta actividad de gran escala que el exmandatario lidera en lo que va del año, consolidando un proceso de reorganización interna que busca frenar la fuga de cuadros técnicos y políticos hacia las filas de La Libertad Avanza. Según indicaron fuentes de la conducción nacional del partido, el objetivo central es la presentación de “Radar PBA”, una plataforma tecnológica diseñada para que legisladores y dirigentes locales recolecten y procesen datos territoriales propios, permitiendo al espacio generar diagnósticos independientes de la administración nacional y provincial. La anfitriona del evento será la intendenta Soledad Martínez, quien junto a Cristian Ritondo, actual presidente del PRO bonaerense y jefe del bloque en la Cámara de Diputados, buscará exhibir el músculo político que el partido aún conserva en el principal distrito electoral del país, a pesar de las tensiones internas y el acercamiento de figuras como Diego Santilli al esquema oficialista de la Casa Rosada.
La relación entre Macri y Milei atraviesa su momento de mayor frialdad desde la asunción del libertario el pasado 10 de diciembre, con un nivel de diálogo que operadores de ambos sectores describen hoy como inexistente. Este distanciamiento se profundizó tras una cena en la Quinta de Olivos el pasado 31 de octubre, donde el expresidente manifestó su malestar al enterarse de cambios estructurales en el gabinete, como la salida de Guillermo Francos de la Jefatura de Gabinete y el ascenso de Manuel Adorni, sin haber sido consultado ni informado previamente. Desde aquel episodio, los intercambios por mensajería instantánea, que antes servían como canal de contención, se interrumpieron de forma drástica. En este escenario, el PRO emitió recientemente un comunicado con un tono inusualmente crítico, donde advirtió que “hay una diferencia entre que los grandes números mejoren y que tu vida mejore”, apuntando directamente a la falta de resultados tangibles en la economía real y fustigando a quienes, según el texto, frenan el cambio desde adentro con “soberbia y arrogancia”.
Contexto
El operativo de “desmarque” que lidera Mauricio Macri no es un hecho aislado, sino la culminación de una serie de movimientos tácticos iniciados en marzo con el relanzamiento nacional del partido en Parque Norte. Durante los últimos seis meses, el exjefe de Estado ha buscado recuperar la centralidad política tras el desplazamiento de Patricia Bullrich de la conducción partidaria y su posterior integración plena al gabinete de Milei como ministra de Seguridad. Los antecedentes inmediatos incluyen la cena de la Fundación Pensar y una reciente gira por la provincia de Chaco, eventos donde Macri insistió en la consigna de “el próximo paso”, un concepto que intenta definir la identidad del PRO como una fuerza que apoya el rumbo macroeconómico pero cuestiona las formas y la ejecución de las políticas públicas del actual Gobierno. Históricamente, el PRO gobernó la provincia de Buenos Aires entre 2015 y 2019 bajo la gestión de María Eugenia Vidal, y la actual dirigencia considera vital recuperar ese protagonismo frente a lo que denominan el “desgaste” de seis años y medio de administración de Axel Kicillof.
La situación en el territorio bonaerense es particularmente compleja para el macrismo debido a la fragmentación de sus liderazgos locales. Mientras que Cristian Ritondo ha logrado mantener una posición de equilibrio, mostrándose alineado con la conducción de Macri pero manteniendo puentes legislativos con el oficialismo, otros referentes como Diego Santilli han optado por una colaboración más estrecha con el Poder Ejecutivo Nacional. Santilli, quien sorprendió hace dos semanas al participar de una cumbre partidaria provincial, no tiene prevista su asistencia al acto de este viernes, aunque sí enviará a legisladores y senadores provinciales que responden a su conducción. Esta dinámica de presencias y ausencias refleja la tensión latente en un partido que debate si debe fusionarse electoralmente con los libertarios en 2025 o si debe competir con una lista propia para preservar su personería jurídica y su identidad programática, evitando ser absorbido por el fenómeno político de Javier Milei.
Impacto
El relanzamiento de la pata bonaerense del PRO tiene consecuencias directas en el tablero legislativo y en la gobernabilidad de la provincia de Buenos Aires. Al fortalecer una estructura de datos propia como Radar PBA, el macrismo se posiciona para ejercer una oposición más técnica y punzante contra Axel Kicillof, pero también establece un límite claro a la influencia de los armadores de La Libertad Avanza en el territorio. Para los intendentes del PRO, esta movida significa un respaldo institucional frente a la presión del Gobierno nacional para que abandonen las filas amarillas. De acuerdo con analistas del mercado político, si Macri logra retener la lealtad de la mayoría de los jefes comunales y legisladores provinciales, el Gobierno nacional se verá obligado a negociar cada ley y cada acuerdo electoral desde una posición de mayor paridad, perdiendo la posibilidad de una absorción directa del electorado de centro-derecha sin concesiones previas.
Asimismo, el endurecimiento del discurso macrista impacta en la cohesión del bloque de diputados nacionales. La mención a los “enemigos del cambio” que actúan con soberbia dentro del oficialismo fue interpretada por fuentes parlamentarias como un mensaje directo hacia el entorno más cercano del Presidente, específicamente hacia la figura de Santiago Caputo. Este posicionamiento genera una incertidumbre necesaria para el PRO: al no garantizar un apoyo automático, el partido recupera valor de cambio en las negociaciones por cargos en organismos descentralizados y en la definición de la estrategia para las elecciones legislativas del próximo año. El impacto se extiende también a la militancia, que tras meses de desorientación por el triunfo libertario, encuentra en la figura de Macri un eje de reorganización que apela a la experiencia de gestión y a la estructura territorial como activos que el oficialismo todavía no ha logrado construir de manera sólida.
El próximo paso de este operativo de autonomía se definirá en las mesas de conducción nacional durante el mes de junio, donde se evaluará el alcance de la plataforma Radar PBA y la respuesta del electorado ante las críticas a la gestión económica. La tensión pendiente radica en si esta distancia discursiva se traducirá en una ruptura de la unidad de acción en el Congreso o si se mantendrá como una estrategia de presión para forzar una coalición de gobierno formal que hoy Milei rechaza. Por lo pronto, el acto en Olivos deja en claro que el PRO no está dispuesto a ser un actor secundario en el armado bonaerense y que Mauricio Macri ha decidido retomar el control total de la narrativa de su espacio político, marcando el inicio de una etapa de convivencia competitiva con el oficialismo nacional.