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La evolución física del futbolista: jugadores más altos, delgados y

Investigaciones en Inglaterra y la experiencia de fisiólogos muestran que, desde los 70, los futbolistas son más altos y delgados, aceleran más y repiten sprints. Crecen las lesiones por sobrecarga, pero la ciencia también extiende las carreras.

Redacción El Capitán 18 de junio de 2026 5 min de lectura
La evolución física del futbolista: jugadores más altos, delgados y
Foto: BBC Mundo
El Pulso editorial

Por qué importa

El fútbol de élite es hoy más rápido y exige picos de velocidad y recuperación constantes. Esto redefine el entrenamiento, impacta en el calendario y eleva el riesgo de lesiones, mientras la tecnología prolonga la vida útil de los jugadores.

La fisonomía de los futbolistas de élite experimentó una transformación radical en las últimas cinco décadas, según revelaron investigaciones de la Universidad de Wolverhampton y expertos en fisiología, quienes asocian estos cambios a las nuevas exigencias tácticas del deporte moderno.

El impacto de esta evolución biológica se traduce en una aceleración sin precedentes del juego. Mientras que en la final del Mundial de 1970 la selección de Brasil necesitó 30 segundos y ocho pases para que Carlos Alberto sellara su histórico gol contra Italia, en la final de Qatar 2022, la Argentina de Lionel Scaloni ejecutó una jugada similar de siete pases culminada por Ángel Di María en apenas 12 segundos. Según indicó Orlando Laitano, profesor de la Universidad de Florida y experto en fisiología del ejercicio, la diferencia fundamental entre ambas épocas no radica en el talento técnico, sino en la capacidad fisiológica de los atletas actuales. Laitano, quien integró el cuerpo técnico de Brasil en 2014, sostuvo que los jugadores modernos son biológicamente distintos a sus predecesores debido a los avances en la medicina deportiva y la preparación física.

Los datos recopilados por los investigadores británicos, que analizaron a miles de jugadores de la máxima categoría inglesa desde 1970 hasta 2020, confirman que los futbolistas se volvieron más altos y delgados. La estatura promedio en la liga inglesa aumentó más de 4 centímetros entre 1973 y 2013, una tendencia que se mantuvo firme para defensores y arqueros. Además, el estudio destaca un incremento en el Índice Ponderal Recíproco (IPR), lo que indica que los deportistas actuales poseen una complexión más “angulosa y ectomorfa”, caracterizada por extremidades largas y una estructura ligera. Alan Nevill, profesor emérito y coautor de la investigación, explicó que en los años 70 los campos de juego solían estar cubiertos de lodo en invierno, lo que exigía jugadores con mayor masa muscular para traccionar. Hoy, con campos de césped híbrido y sistemas de drenaje perfectos, se privilegia la ligereza para sostener esfuerzos prolongados.

Contexto

Históricamente, el fútbol permitía roles más estáticos dentro del campo. En las décadas de 1970 y 1980, los delanteros podían caminar durante gran parte del encuentro y explotar solo en jugadas puntuales. Sin embargo, Jens Bangsbo, profesor de la Universidad de Copenhague y referente en fisiología del fútbol, señaló que ese modelo desapareció. En la actualidad, la velocidad máxima es un requisito recurrente: mientras que hace 40 años era inusual superar los 30 km/h, en el Mundial de Qatar 2022 al menos diez jugadores registraron picos superiores a los 35 km/h. Durante la Eurocopa 2024 en Alemania, los datos de la UEFA mostraron que los laterales realizaron una media de 14 sprints por partido a más de 25 km/h, seguidos por los delanteros con 12 y los volantes centrales con ocho. Esta demanda de intensidad se vincula directamente con la adopción masiva de tácticas de presión alta, que obligan a una recuperación física casi inmediata tras cada esfuerzo explosivo.

A pesar de este aumento en la intensidad y la velocidad, las distancias totales recorridas no mostraron un crecimiento lineal infinito. En la década de 1970, un jugador promediaba 8,7 kilómetros por partido, cifra que trepó a un máximo de 11,4 kilómetros en los años 90. No obstante, en el Mundial de 2022, el promedio descendió levemente a 10,6 kilómetros por encuentro. Según analistas del mercado deportivo, esto sugiere que el fútbol moderno no se trata de correr más distancia, sino de correr de manera más inteligente y explosiva. El foco se desplazó de la resistencia aeróbica pura a la capacidad de recuperación anaeróbica, permitiendo que el atleta repita esfuerzos de máxima intensidad con intervalos de descanso cada vez más breves entre jugadas.

Impacto

Esta exigencia física extrema trajo consigo consecuencias directas en la salud de los protagonistas. Un informe encargado por la UEFA en 2023 alertó sobre un aumento preocupante en las lesiones de isquiotibiales, donde seis de cada diez casos ocurren durante sprints a máxima velocidad. La carga de partidos para las figuras internacionales agrava el cuadro: Virgil Van Dijk, defensor del Liverpool, alcanzó los 65 partidos en una sola temporada, sumando compromisos de club y selección. Desde el sindicato internacional de futbolistas, Fifpro, advirtieron que las demandas físicas nunca fueron tan altas y exigieron protocolos de descanso más estrictos. Orlando Laitano remarcó que los cuerpos de los jugadores actuales trabajan al límite de su capacidad biológica, y sin una recuperación adecuada, el riesgo de colapso muscular es inminente.

Paradójicamente, la misma ciencia que exige más del cuerpo también está logrando extender las carreras profesionales. La nutrición personalizada y los programas de monitoreo de carga permitieron que la edad promedio en la Champions League subiera de 24,9 años en 1992 a 26,5 años en 2018. Los datos de Joshua C. Fjetsul, científico de la Universidad de Oslo, son reveladores: en el Mundial de 1990 solo hubo siete jugadores mayores de 35 años; en Qatar 2022 esa cifra saltó a 41, y los registros actuales de la FIFA ya contabilizan 72 jugadores que superan esa edad. Incluso se ha visto un récord de ocho futbolistas con 40 años o más compitiendo en el máximo nivel, una cifra que supera la suma de todos los mundiales anteriores combinados, demostrando que la longevidad deportiva es hoy una realidad para quienes cumplen con los protocolos de recuperación.

El futuro del fútbol de élite parece dirigirse hacia una especialización física aún mayor, donde la tecnología de datos y la genética aplicada al deporte dictarán los límites del rendimiento. La tensión pendiente reside en el calendario internacional: mientras la fisonomía del jugador se adapta para ser más veloz y resistente, el número de partidos sigue en aumento, planteando un interrogante sobre cuánto más podrá resistir el organismo humano antes de alcanzar su techo fisiológico definitivo.

Fuente: BBC Mundo

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Contexto

Estudios de la Universidad de Wolverhampton y voces como Orlando Laitano, Alan Nevill y Jens Bangsbo describen un cambio sostenido en la morfología y demandas del juego: canchas más rápidas, presión alta y preparación específica que favorecen biotipos más altos, delgados y veloces.

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Información publicada por BBC Mundo.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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