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Jesús Casas: El fútbol como motor de esperanza en la reconstrucción

El entrenador español Jesús Casas analizó el proceso de reconstrucción de la selección de Irak antes de su histórico regreso a una Copa del Mundo tras cuatro décadas de ausencia.

Redacción El Capitán 2 de junio de 2026 6 min de lectura
Jesús Casas: El fútbol como motor de esperanza en la reconstrucción
Foto: Marca

El entrenador español Jesús Casas destacó que el fútbol representó una herramienta de esperanza para Irak, un país marcado por décadas de conflictos bélicos, tras lograr la histórica clasificación al Mundial luego de 40 años de espera.

La gestión de Casas al frente del seleccionado iraquí, iniciada en diciembre de 2022, sentó las bases de un equipo que este jueves se enfrentará a España en el estadio de Riazor, en La Coruña. A pesar de haber sido cesado en marzo de 2025 tras una serie de resultados adversos contra Kuwait y Palestina, el técnico madrileño es reconocido como el arquitecto de un plantel que deberá medir fuerzas en el Grupo de la Muerte del Mundial ante potencias como Francia, Noruega y Senegal. Según indicaron fuentes de la federación iraquí, el proceso liderado por el español permitió profesionalizar las estructuras de entrenamiento y captación de talentos en la diáspora europea, elevando el nivel competitivo de un país donde el deporte es la principal vía de escape social.

Durante su estadía en Bagdad, Casas implementó un sistema de seguimiento tecnológico similar al modelo utilizado por Marruecos, rastreando futbolistas con pasaporte iraquí en ligas de Alemania, Suecia y Noruega. Esta estrategia permitió integrar a jugadores formados en Europa con el talento local que todavía practica el fútbol callejero en las zonas más humildes de la capital. El técnico recordó que la pasión en Irak es desmedida, al punto de que tras ganar la Copa del Golfo, el estadio de Basora se llenó nueve horas antes del inicio del partido. La popularidad del equipo nacional es tal que, según operadores del mercado local, el país se paraliza completamente durante los encuentros, otorgándose incluso permisos laborales especiales para que la población pueda seguir las transmisiones en pantallas gigantes instaladas en espacios públicos.

La experiencia personal del cuerpo técnico español estuvo atravesada por la realidad de un país militarizado y con cicatrices visibles de la guerra. Casas describió una Bagdad caótica, con zonas gubernamentales que aún exhiben impactos de bala y una fuerte presencia del ejército en centros comerciales y áreas civiles. Sin embargo, el impacto más profundo provino del contacto directo con los futbolistas. El caso de Aymen Hussein, figura del equipo, es emblemático: su padre y su hermano desaparecieron durante la ocupación del ISIS y nunca fueron hallados. Estas historias de vida, lejos de ser un tabú, funcionaron como un motor de resiliencia para un grupo de jugadores que, según el entrenador, poseen una capacidad de resistencia mental superior a la media, comparable a la de los futbolistas iraníes.

Contexto

Irak no participaba en una cita mundialista desde México 1986, un período de 40 años en el que el país atravesó la Guerra del Golfo, la invasión de 2003 y el surgimiento de grupos extremistas como Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS). La llegada de Jesús Casas a finales de 2022 respondió a una política de la Asociación de Fútbol de Irak para modernizar su estructura deportiva bajo el ala del modelo español, altamente valorado en el mundo árabe. Bajo su mando, la selección escaló hasta la sexta posición del ranking asiático y logró hitos significativos, como la victoria ante Japón en la Copa de Asia, un resultado que rompió con la hegemonía de las potencias tradicionales del continente y devolvió al equipo al primer plano internacional.

El proceso de reconstrucción no estuvo exento de tensiones políticas y sociales. La Federación Iraquí de Fútbol, presionada por una opinión pública que exige resultados inmediatos, mantuvo una política de baja tolerancia al error. A pesar de que Casas ostentaba un récord de solo dos derrotas en catorce partidos, el empate ante Kuwait y la derrota agónica frente a Palestina en marzo de 2025 precipitaron su salida. Este fenómeno de inestabilidad es crónico en la liga local, donde incluso los equipos campeones suelen rotar entrenadores varias veces por temporada. No obstante, el legado del técnico madrileño se refleja en que la gran mayoría de los jugadores que integran la lista mundialista actual debutaron o se consolidaron bajo su dirección técnica durante los dos años y medio de gestión.

Impacto

El regreso de Irak al escenario mundialista tiene implicancias que trascienden lo estrictamente deportivo, funcionando como un símbolo de normalización institucional para un Estado que busca dejar atrás su imagen de zona de conflicto. Para la FIFA y los organismos internacionales, la consolidación de una selección competitiva en Bagdad representa un avance en la estabilidad de la región. En términos económicos, el éxito del equipo nacional ha disparado el interés de patrocinadores internacionales y ha revalorizado a los jugadores iraquíes en el mercado de pases de las ligas del Golfo y Europa. El partido amistoso contra España en Riazor es visto por las autoridades iraquíes como el evento de mayor prestigio en décadas, consolidando la relación deportiva entre ambas naciones.

Para el ciudadano iraquí promedio, la selección nacional es el único factor de unidad en un país con profundas divisiones internas. El impacto social de ver a su bandera en un Mundial junto a potencias como Francia es incalculable en términos de identidad nacional. Según analistas deportivos, el desempeño en el torneo será secundario frente al logro de haber recuperado un lugar en la elite del fútbol. La integración de jugadores de la diáspora también ha servido para reconectar a las familias que huyeron del conflicto con sus raíces, creando un puente cultural a través del deporte que fortalece el sentido de pertenencia de la comunidad iraquí en el extranjero.

El próximo desafío para el conjunto iraquí será demostrar que puede competir de igual a igual en un grupo de alta exigencia física y técnica. Mientras el equipo se prepara en España para su debut mundialista, la sombra de la inestabilidad federativa sigue presente, con la presión de una hinchada que ahora exige superar la fase de grupos. Jesús Casas, desde su actual posición en Singapur, seguirá el desempeño de sus ex dirigidos, quienes le han manifestado que su trabajo fue el pilar fundamental para alcanzar este presente. El futuro del fútbol iraquí dependerá de si logra mantener la estructura profesional iniciada por el español o si sucumbe nuevamente a la urgencia de los resultados inmediatos.

Fuente: Marca

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Información publicada por Marca.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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