INTERNACIONAL

Irán atacó bases de Estados Unidos en Jordania, Kuwait e Irak

El régimen iraní lanzó una ofensiva con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en tres países, en respuesta a los recientes bombardeos de Washington en el sur de Irán.

Redacción El Capitán 16 de julio de 2026 6 min de lectura
Irán atacó bases de Estados Unidos en Jordania, Kuwait e Irak
Foto: Infobae

El régimen de Irán atacó este jueves instalaciones y tropas de Estados Unidos en Jordania, Kuwait e Irak, mediante una operación combinada de misiles y drones que alcanzó sistemas de comunicación, radares y depósitos de combustible en bases estratégicas de la región.

La ofensiva, denominada por Teherán como la octava oleada de la “Operación Nasr 2”, representa una escalada directa en el conflicto que mantiene en vilo a Medio Oriente. Según informaron fuentes militares del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), los ataques se concentraron en la base de Azraq, en territorio jordano, donde fueron alcanzados los sistemas de comunicación militar y los depósitos de combustible utilizados por las fuerzas norteamericanas. En simultáneo, las fuerzas aeroespaciales iraníes aseguraron haber neutralizado un radar de alerta temprana C-RAM en la base aérea Ali Al Salem, ubicada en Kuwait, y atacaron una zona de concentración de tropas en Umm Qasr, Irak. Operadores del mercado internacional de energía advirtieron que este movimiento busca desestabilizar la logística de defensa estadounidense en el Golfo Pérsico, mientras el Pentágono y el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) mantienen un hermetismo absoluto sobre el nivel de daños materiales o bajas humanas resultantes de estas incursiones.

El despliegue militar iraní no fue un hecho aislado, sino una respuesta coordinada a la quinta oleada de ataques que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos completaron horas antes contra objetivos en suelo iraní. El CENTCOM confirmó que sus bombardeos utilizaron municiones de precisión para destruir centros de mando, emplazamientos de defensa aérea y capacidades de vigilancia costera en múltiples ubicaciones, incluyendo la ciudad portuaria de Bandar Abbas. De acuerdo con fuentes del Departamento de Defensa, estas acciones estadounidenses tenían como objetivo reducir la capacidad operativa de Irán para amenazar la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico por donde transita el 20% del consumo mundial de petróleo. La tensión se incrementó tras el restablecimiento del bloqueo naval sobre los puertos iraníes y el desvío forzoso de dos buques mercantes que, según la inteligencia de Washington, intentaban eludir las sanciones internacionales impuestas al régimen de Teherán.

Contexto

La actual crisis tiene sus raíces en el colapso de los acuerdos diplomáticos previos y el endurecimiento de las sanciones económicas contra la administración iraní. El origen de esta octava oleada de ataques se remonta al incumplimiento de los compromisos alcanzados en el memorando de entendimiento que, hasta hace poco, mantenía una frágil tregua en la región. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y principal negociador del régimen, declaró formalmente que dicho documento perdió toda vigencia tras el restablecimiento del bloqueo naval por parte de Estados Unidos. Según Ghalibaf, la falta de beneficios económicos tangibles para Irán invalida cualquier obligación de respetar las cláusulas de no agresión. Este escenario de confrontación abierta se ve potenciado por la retórica política en Washington, donde el expresidente Donald Trump advirtió en una entrevista con Fox News que la campaña militar podría ampliarse drásticamente si Teherán no accede a nuevas condiciones de negociación, asegurando que la situación empeorará significativamente para el régimen en el corto plazo.

Históricamente, el estrecho de Ormuz ha funcionado como el principal campo de batalla indirecto entre ambas potencias. En los últimos meses, Irán ha incrementado las restricciones al tránsito marítimo, utilizando su posición geográfica para presionar a la comunidad internacional. Ante cada cierre o amenaza sobre la vía navegable, Estados Unidos ha respondido con un aumento de su presencia naval y operaciones de vigilancia costera. Esta dinámica de acción y reacción ha llevado a que las fuerzas navales y aeroespaciales de ambos países se encuentren en un estado de alerta permanente, con incidentes que han pasado de simples escaramuzas a ataques directos contra infraestructuras críticas en terceros países, como los ocurridos recientemente en Jordania y Kuwait. La recurrencia de estas oleadas de ataques, que ya suman ocho por el lado iraní y cinco por el estadounidense, marca el fracaso de los canales diplomáticos tradicionales que intentaron contener la expansión del conflicto fuera de las fronteras de Irán.

Impacto

Las consecuencias de este ataque múltiple afectan directamente la estabilidad geopolítica de los aliados de Estados Unidos en la región, particularmente a Kuwait y Jordania, que ahora se ven envueltos en una disputa de la que intentaban mantenerse al margen. El CGRI ha instado públicamente a la población kuwaití a rechazar la presencia militar estadounidense, alegando que las operaciones contra Irán se lanzan desde su territorio, lo que coloca a las autoridades locales en una posición política extremadamente delicada frente a sus propios ciudadanos y sus vecinos regionales. Analistas de seguridad internacional sugieren que esta estrategia iraní busca fracturar las coaliciones de defensa que Washington mantiene en Medio Oriente, utilizando la presión militar y la propaganda para forzar la retirada de las tropas extranjeras de las bases de Azraq y Ali Al Salem.

En el plano económico, la inestabilidad en el estrecho de Ormuz y los ataques a depósitos de combustible generan una presión alcista inmediata en los precios internacionales del crudo. La posibilidad de un bloqueo total o de daños permanentes en la infraestructura de vigilancia costera aumenta el riesgo para las empresas navieras, que ya han comenzado a reportar incrementos en las primas de seguros para transitar por la zona. Para el ciudadano promedio en los países involucrados, esto se traduce en una potencial crisis de suministros y un aumento en los costos de energía. Además, el fin del memorando de entendimiento mencionado por Ghalibaf cierra la puerta a una resolución pacífica inmediata, dejando a la región en un estado de guerra de baja intensidad que amenaza con transformarse en un conflicto regional a gran escala si las potencias no logran establecer un nuevo marco de diálogo.

El próximo paso en esta escalada dependerá de la evaluación de daños que realice el Pentágono en las próximas 48 horas. Si se confirman bajas entre el personal militar estadounidense en Jordania o Kuwait, la respuesta de Washington podría superar los bombardeos quirúrgicos vistos hasta ahora para pasar a una ofensiva de mayor alcance sobre centros urbanos o instalaciones petroleras clave en el sur de Irán. Por su parte, el régimen de Teherán ha demostrado que posee la capacidad técnica para vulnerar sistemas de defensa sofisticados como el C-RAM, lo que obliga a una reconfiguración total de la seguridad en las bases aliadas. La tensión permanece en su punto más alto mientras se espera la reacción oficial de la Casa Blanca ante las advertencias de Donald Trump y la ruptura definitiva de las negociaciones por parte del Parlamento iraní.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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