La selección de Irak clasificó a la Copa del Mundo 2026 tras derrotar a Bolivia en un partido de repechaje disputado en México, asegurando su regreso al torneo internacional después de cuarenta años de ausencia desde su única participación en 1986.
El equipo dirigido por el australiano Graham Arnold, quien asumió el cargo en 2025 tras su exitoso paso por los Socceroos, logró sortear un extenso proceso eliminatorio de 21 partidos que culminó con victorias clave ante Emiratos Árabes Unidos y el conjunto sudamericano. La clasificación desató celebraciones masivas en las calles de Bagdad, donde miles de ciudadanos recibieron a los jugadores en un desfile con un micro descapotable. Este logro deportivo representa un hito para una nación de 46 millones de habitantes que respira fútbol, pero que ha visto su desarrollo profesional sistemáticamente interrumpido por la inestabilidad geopolítica. Según indicaron fuentes de la Asociación Iraquí de Fútbol, el plantel actual cuenta con una base sólida de futbolistas con experiencia en ligas europeas, destacándose figuras como Ali Al-Hamadi del Ipswich Town inglés, Zidane Iqbal del Utrecht de los Países Bajos y Kevin Yakob, recientemente consagrado campeón en Dinamarca con el AGF.
El sorteo del certamen ubicó a los “Leones de Mesopotamia” en el Grupo de la Muerte, donde deberán enfrentar a Noruega, Francia y Senegal. El debut está programado para el 16 de junio en Boston contra el seleccionado noruego liderado por Erling Haaland. Karim Allawi, integrante del plantel histórico de 1986 y actual referente del fútbol iraquí, analizó que el desafío actual es incluso superior al enfrentado hace cuatro décadas. “Francia es múltiple campeón mundial, Noruega es uno de los equipos europeos con mayor crecimiento y Senegal es el campeón africano con vasta experiencia mundialista”, señaló Allawi. El exjugador de 66 años recordó que en México 86 el equipo perdió sus tres encuentros ante Paraguay, Bélgica y los locales, por lo que el objetivo primordial de esta generación es superar esa marca estadística y conseguir, al menos, la primera victoria o el primer gol en una fase final.
Contexto
La prolongada ausencia de Irak en los mundiales no se explica únicamente por factores deportivos, sino por una sucesión de tragedias institucionales y conflictos armados. Durante la década de 1980, mientras el equipo lograba su primera clasificación, el país se encontraba sumergido en la guerra contra Irán, lo que obligaba al seleccionado a disputar sus partidos como local en sedes neutrales como Arabia Saudita. Tras la caída del régimen de Saddam Hussein en 2003, salieron a la luz detalles escalofriantes sobre la gestión de su hijo, Uday Hussein, quien presidía el Comité Olímpico y la federación de fútbol. Los jugadores de aquella época eran sometidos a torturas, encarcelamientos y castigos físicos humillantes, como ser obligados a entrenar con pelotas de cemento o ser azotados tras una derrota. Allawi prefirió ser breve al respecto, limitándose a describir aquel periodo como una etapa regida por un principio de “recompensa y castigo extremo” que asfixió el talento local.
Posteriormente, la invasión liderada por Estados Unidos y la inestabilidad interna mantuvieron a Irak bajo sanciones internacionales que le impidieron jugar partidos oficiales en su territorio durante años. La FIFA mantuvo un veto sobre Bagdad que recién comenzó a flexibilizarse en marzo de 2020, cuando se autorizó a la ciudad sureña de Basora como sede para las eliminatorias. Hasta ese momento, el equipo nacional debía peregrinar por estadios de Jordania, Malasia e Irán para ejercer una localía puramente nominal. Incluso en este proceso hacia 2026, la tensión en Medio Oriente estuvo a punto de postergar el duelo decisivo contra Bolivia debido a las dificultades logísticas que enfrentaron los jugadores y el cuerpo técnico para salir del país y llegar a la sede del encuentro en territorio mexicano.
Impacto
El regreso de Irak al escenario mundialista tiene un impacto que trasciende lo numérico y se posiciona como un factor de cohesión social en un país fragmentado. Para los analistas deportivos de la región, la presencia de jugadores formados en Europa le otorga al equipo una disciplina táctica de la que carecía en el pasado. Nawar Faeq Al-Rikabi, cronista especializado en el seguimiento de la selección, sostuvo que la presión sobre los futbolistas es inexistente, ya que el solo hecho de estar presentes en la cita de 2026 es considerado un triunfo. No obstante, la experiencia de Graham Arnold es vista como el valor agregado que podría permitir una sorpresa similar a la que Australia dio ante Argentina en el Mundial de Qatar 2022, donde el equipo oceánico complicó seriamente al eventual campeón.
Desde el punto de vista institucional, la clasificación garantiza una inyección económica vital por parte de la FIFA en concepto de premios y derechos televisivos, fondos que la federación local planea destinar a la reconstrucción de infraestructura deportiva en provincias afectadas por conflictos recientes. La expectativa es que este éxito deportivo sirva como catalizador para profesionalizar definitivamente la liga doméstica y establecer convenios de formación con clubes europeos, aprovechando la visibilidad que tendrán sus figuras en los estadios de Estados Unidos, México y Canadá. La meta mínima establecida por el cuerpo técnico es mejorar el desempeño de 1986, donde el equipo se fue sin puntos y con un polémico gol anulado ante Paraguay que todavía es recordado con amargura en Bagdad.
El próximo paso para el seleccionado iraquí será una serie de amistosos internacionales en Europa durante la próxima fecha FIFA, con el objetivo de adaptar el ritmo de juego a la intensidad que proponen los rivales de su grupo. Mientras tanto, la afición aguarda con expectativa el 16 de junio, fecha en la que los “Leones de Mesopotamia” volverán a rugir en una Copa del Mundo, intentando dejar atrás cuarenta años de sombras para escribir una nueva página en la historia del fútbol asiático. La tensión ahora se traslada a la preparación física de los referentes, buscando evitar las lesiones que, como le ocurrió a Allawi en el pasado, puedan mermar el potencial de un equipo que llega a la cita con hambre de gloria y el respaldo de todo un pueblo.