CULTURA

Gabriel Rolón cuestiona el mito del tiempo como sanador de heridas

El psicólogo Gabriel Rolón advirtió que el paso del tiempo no garantiza la superación de los duelos y propuso el concepto de 'faltacidad' para integrar las ausencias en la construcción de la felicidad cotidiana.

Redacción El Capitán 3 de junio de 2026 5 min de lectura
Gabriel Rolón cuestiona el mito del tiempo como sanador de heridas
Foto: La Nación

El psicólogo y escritor Gabriel Rolón afirmó en Buenos Aires que el paso del tiempo no posee una capacidad intrínseca para sanar heridas emocionales, desafiando así uno de los pilares más difundidos de la psicología popular contemporánea.

Durante una serie de intervenciones en medios de comunicación, el especialista detalló que la resolución de un duelo no depende de un cronómetro externo, sino de un trabajo psíquico activo y consciente. Según explicaron fuentes del ámbito de la salud mental consultadas sobre estas declaraciones, la postura de Rolón busca desmitificar la idea de que el olvido o la superación son procesos automáticos. El autor de “La felicidad” sostuvo que existen dolores que pueden persistir a lo largo de toda la vida, independientemente de cuántos años transcurran desde el evento traumático o la pérdida. En este sentido, el analista comparó los vínculos afectivos con sogas que amarran la identidad de un individuo a otro, conformando una red de acuerdos y compromisos que no se disuelven por el simple devenir de los días, sino mediante un despliegue gradual y doloroso de cada nudo emocional.

El proceso de desatado de estas “sogas” identitarias requiere, según el profesional, una aceptación que lejos de traer alivio inmediato, suele profundizar el malestar inicial. Rolón indicó que aceptar una pérdida implica renunciar definitivamente a la esperanza de un retorno o de una solución mágica, lo cual sitúa al sujeto frente a una realidad cruda pero necesaria. De acuerdo con operadores del sector terapéutico, esta visión coincide con un aumento en las consultas por cuadros de ansiedad derivados de la búsqueda de soluciones inmediatas a problemas afectivos complejos. El psicólogo subrayó que el nivel de sufrimiento experimentado tras una ruptura o un fallecimiento es directamente proporcional a la intensidad del amor que se profesaba, advirtiendo que la indiferencia emocional ante una pérdida significativa debería ser considerada una señal de alarma clínica que amerita una interrogación profunda por parte del paciente.

Contexto

La reflexión de Gabriel Rolón se produce en un escenario social donde la inmediatez y el consumo de soluciones rápidas permean incluso el ámbito de la salud emocional. Históricamente, la psicología ha debatido sobre la duración y las etapas del duelo, pero la cultura actual tiende a patologizar la tristeza prolongada, exigiendo una recuperación acelerada para reinsertar al individuo en la productividad cotidiana. El autor introdujo en este marco el concepto de “faltacidad”, una categoría que redefine la felicidad no como un estado de plenitud absoluta o ausencia de problemas, sino como la capacidad de abrazar las carencias y las ausencias que constituyen la historia personal. Este planteo se distancia de las corrientes de pensamiento positivo que predominaron en la última década, las cuales suelen omitir el valor del dolor como parte integrante de la experiencia humana y del crecimiento subjetivo.

Antecedentes en la obra del analista, como sus ensayos sobre el padecimiento y el deseo, ya sugerían que la identidad se construye sobre lo que falta más que sobre lo que se posee. En sus recientes declaraciones, Rolón reforzó esta idea al señalar que la felicidad debe construirse en la “eternidad del aquí y ahora”, reconociendo que el recuerdo de una ausencia marcará siempre una falta en el presente. Esta perspectiva se alinea con la tradición psicoanalítica que ve en el duelo no una enfermedad a curar, sino un proceso de reorganización de la libido. La insistencia del autor en que el tiempo por sí solo no cura responde a una observación recurrente en los consultorios: pacientes que, tras décadas de una pérdida, mantienen el mismo nivel de angustia debido a que el proceso de elaboración psíquica quedó estancado en la negación o en la melancolía.

Impacto

Las definiciones de Rolón impactan directamente en la forma en que los ciudadanos gestionan sus crisis personales y en cómo el entorno social acompaña estos procesos. Al validar que el dolor puede ser permanente, se reduce la presión social sobre los individuos para “estar bien” en plazos determinados, lo que según especialistas en salud pública podría disminuir la incidencia de trastornos por estrés derivados de la autoexigencia emocional. El impacto de este mensaje también alcanza al ámbito de los vínculos de pareja, donde el autor destaca que amar implica otorgar un poder al otro que debe ser administrado con ética. Un amor sano, bajo esta premisa, es aquel donde ambas partes renuncian voluntariamente a utilizar ese poder para dañar, transformando el conflicto en un espacio de construcción en lugar de destrucción.

Por otro lado, la propuesta de integrar las heridas en la vida cotidiana en lugar de intentar erradicarlas plantea un cambio de paradigma en la búsqueda del bienestar. Para el sistema de salud mental, esto implica fomentar terapias que apunten a la convivencia con la falta y no solo a la remisión de síntomas. La noción de que el recuerdo es un espacio donde se custodian las cosas perdidas para evitar que la muerte se las lleve definitivamente ofrece una herramienta simbólica para quienes atraviesan procesos de duelo, permitiendo que la persona fallecida o la relación terminada conserven un lugar significativo en la psiquis sin impedir el avance hacia nuevos vínculos. Esta integración de las “sogas desatadas” en nuevos destinos afectivos es lo que, en última instancia, permite recuperar la capacidad de amar a pesar de la finitud humana.

El próximo paso en este debate se centrará en cómo las instituciones educativas y de salud pueden incorporar estas visiones para abordar el aumento de la fragilidad emocional en las nuevas generaciones. La tensión entre la necesidad de procesos lentos de elaboración y la velocidad del mundo digital sigue siendo un desafío pendiente para los profesionales del área. Mientras tanto, la obra de Rolón continúa posicionándose como un puente entre el rigor clínico y la necesidad de comprensión de un público masivo que busca respuestas ante la angustia existencial. Se espera que estas reflexiones formen parte de sus próximas presentaciones públicas y seminarios, donde profundizará en la relación entre el deseo, la pérdida y la construcción de una subjetividad resiliente en tiempos de incertidumbre constante.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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