El productor Flavio Mendoza inaugurará en agosto La Cúpula, un nuevo espacio artístico ubicado en el predio del Casino Buenos Aires, donde estrenará su mega producción Príncipe feliz, príncipe dorado bajo un formato de tecnología inmersiva 360.
La estructura, que se erige en la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, rompe con el esquema del teatro tradicional al proponer un domo diseñado específicamente para albergar espectáculos que combinan circo, música en vivo, cine y artes escénicas. Según indicaron desde la productora del artista, la carpa cuenta con un sistema colgante inédito en el país que elimina las columnas internas, permitiendo una visión total desde cualquier ángulo. El escenario principal posee capacidades giratorias y movimientos verticales, complementados con un sistema de mapping integral que proyectará imágenes en todo el techo de la estructura. Mendoza, quien supervisa personalmente el montaje junto a un equipo de operarios y técnicos, destacó que este proyecto representa la búsqueda de una libertad creativa que los edificios teatrales convencionales suelen limitar por sus normativas arquitectónicas.
El despliegue técnico se complementa con una propuesta lúdica en el hall de entrada, un espacio de dimensiones considerables diseñado para que la experiencia del espectador comience antes del inicio de la función. De acuerdo con fuentes de la organización, el acceso incluirá actividades interactivas gratuitas para adultos y niños, integrando el concepto de entretenimiento total. A pesar de su rol como director y artífice del concepto, Mendoza confirmó que en esta oportunidad no formará parte del elenco estable sobre el escenario. Esta decisión responde a una agenda internacional que incluye compromisos de producción en China y la coordinación de otros tres espectáculos simultáneos en Argentina: Ánima en Neuquén, una versión de La Cúpula en Córdoba y una nueva propuesta para la temporada de verano en Mar del Plata.
Contexto
La trayectoria de Flavio Mendoza en la industria del entretenimiento argentino se ha caracterizado por la inversión en infraestructura de gran escala, un modelo que comenzó con el éxito de Stravaganza hace más de una década. El artista, que inició su carrera como bailarín y acróbata, ha evolucionado hacia un perfil de empresario cultural que gestiona sus propias escuelas de danza y compañías de producción. Este nuevo lanzamiento en el sur porteño ocurre en un momento de expansión federal para su marca, con presencia en plazas clave del interior del país. La elección de una carpa propia no es casual; responde a antecedentes donde las limitaciones técnicas de los teatros de la calle Corrientes o de Villa Carlos Paz condicionaron sus puestas en escena, que suelen requerir grandes volúmenes de agua, motores de alta potencia o anclajes aéreos especiales.
En el plano personal, este proyecto coincide con una etapa de consolidación familiar. Mendoza integra a su círculo íntimo en la toma de decisiones operativas y administrativas de su empresa. Sus hermanas, tíos y tías cumplen roles fundamentales en la gestión financiera y logística, permitiendo que el artista se enfoque en la dirección creativa. Además, la presencia de su hijo Dionisio, de ocho años, es una constante en las jornadas de montaje. El productor ha manifestado que su modelo de crianza, como padre soltero, busca transmitir al menor el valor del esfuerzo y la pasión por el trabajo, manteniéndolo alejado de la sobreexposición a dispositivos digitales y fomentando actividades físicas como la acrobacia y el fútbol, deporte que ambos comparten con entusiasmo, manteniendo incluso un vínculo de afecto con el entorno familiar de Lionel Messi.
Impacto
La apertura de La Cúpula supone una reactivación económica y cultural para la zona portuaria de la ciudad, generando puestos de trabajo directos para operarios, técnicos de sonido, especialistas en mapping y artistas de diversas disciplinas. Para el mercado del espectáculo, la introducción de una carpa 360 sin columnas representa un salto tecnológico que eleva el estándar de las producciones locales, compitiendo directamente con formatos internacionales de alto nivel. Operadores del sector cultural señalan que este tipo de inversiones privadas son fundamentales para mantener la vigencia de la cartelera porteña como un polo de atracción turística, especialmente en periodos de receso escolar o temporadas de alta demanda.
Desde la perspectiva del negocio del entretenimiento, la estrategia de Mendoza de “coleccionar espectáculos” en lugar de buscar únicamente la rentabilidad inmediata plantea un desafío al modelo tradicional de producción. Al reinvertir gran parte de sus ingresos en tecnología y estructuras propias, el productor asegura una autonomía que le permite experimentar con lenguajes artísticos híbridos. El impacto se extiende también a la formación de nuevos talentos, ya que sus producciones suelen ser plataformas para acróbatas y bailarines egresados de sus propias academias, consolidando un ecosistema de trabajo que se retroalimenta constantemente. La apuesta por la excelencia técnica busca, en última instancia, fidelizar a un público que demanda experiencias sensoriales que excedan lo que puede ofrecer una pantalla o un escenario convencional.
Con el estreno de Príncipe feliz, príncipe dorado programado para los próximos días, la atención se centra ahora en la respuesta del público frente a esta propuesta inmersiva. El éxito de este formato en Buenos Aires determinará la viabilidad de trasladar estructuras similares a otros puntos del país y del exterior. Mientras tanto, Mendoza ya planifica su viaje a Asia para exportar parte de su metodología de trabajo, manteniendo la tensión entre su rol de padre presente y su ambición de expandir su sello artístico a nivel global. El próximo paso firme será la inauguración oficial, que marcará el inicio de una nueva etapa para el entretenimiento de gran escala en la Argentina.