Fernando Marín, expresidente de Racing Club, cuestionó la capacidad dirigencial de Diego Milito tras las críticas del actual mandatario al fútbol argentino, al asegurar que el ídolo académico todavía debe aprender a gestionar las instituciones deportivas fuera del campo.
El conflicto entre dos figuras centrales de la historia reciente de la institución de Avellaneda escaló luego de que Milito, tras una derrota deportiva, afirmara que el fútbol argentino se encuentra “roto” y denunciara fallas estructurales en el arbitraje. Marín, quien lideró el gerenciamiento del club entre 2000 y 2008, respondió con dureza al señalar que las declaraciones del actual presidente son oportunistas y carecen de la madurez necesaria para el cargo que ocupa. Según indicaron fuentes cercanas al exgerenciador, el malestar radica no solo en el tono de las denuncias de Milito, sino en lo que Marín califica como una falta de reconocimiento a su asesoramiento previo durante el lanzamiento de la candidatura del exdelantero del Inter de Milán.
Durante una extensa entrevista, Marín reveló que mantuvo un vínculo estrecho con Milito y su equipo de trabajo antes de que este asumiera la presidencia. El empresario detalló la existencia de 42 registros, entre textos y audios, que documentan reuniones mantenidas con Milito y figuras de su entorno, como el exministro Hernán Lacunza. Estos encuentros, que se desarrollaron en oficinas privadas y en un club de propiedad de Marín, tenían como objetivo apuntalar la formación política del entonces candidato. “Milito de un día para otro anuncia su candidatura y se olvida de llamarme. Esto es ingratitud”, sentenció el productor, quien enfatizó que su única intención en aquel momento era colaborar con la transición institucional del club de sus amores.
La disputa dialéctica se encendió a partir de las quejas de Milito por el desempeño arbitral, al que calificó de “vergonzoso” tras sentirse “robado” en un encuentro reciente. Para Marín, este tipo de discursos son contraproducentes y demuestran una falta de comprensión sobre el funcionamiento de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El exdirigente argumentó que los árbitros son designados por la misma dirigencia de la que Milito forma parte, por lo que denunciar una rotura del sistema siendo un actor principal del mismo resulta contradictorio. De acuerdo con operadores del ámbito deportivo, esta tensión refleja una fractura profunda entre la vieja guardia dirigencial y la nueva camada de exfutbolistas que buscan liderar los clubes bajo modelos de gestión modernos.
Contexto
Para entender la magnitud de este cruce, es necesario remontarse a la gestión de Fernando Marín al frente de Blanquiceleste S.A., la empresa que gerenció el fútbol de Racing tras la quiebra del club. Bajo su mandato, la institución logró cortar una racha de 35 años sin títulos locales al obtener el Torneo Apertura 2001. Marín recordó que para sostener económicamente a la entidad debió realizar sacrificios patrimoniales personales, incluyendo la pérdida de su vivienda familiar, la cual tuvo que recomprar años más tarde. Según sus registros, la inversión total durante sus ocho años de gestión ascendió a 21 millones de dólares, una cifra que, según el empresario, no tuvo retorno financiero y representó un aporte inédito en la historia del fútbol profesional argentino.
En aquel equipo campeón de 2001, dirigido por Reinaldo “Mostaza” Merlo —a quien Marín contrató personalmente—, Diego Milito era un joven delantero que comenzaba a dar sus primeros pasos en la primera división. La relación entre ambos pasó de ser la de presidente y empleado a una de mentor y aprendiz en el plano dirigencial décadas después. Sin embargo, el distanciamiento se produjo cuando Milito decidió lanzar su proyecto presidencial de manera independiente, alejándose de las figuras que lo acompañaron en su etapa en la Secretaría Técnica y en sus primeros movimientos políticos dentro de la vida interna de la Academia.
Impacto
El impacto de estas declaraciones sacude el clima interno de Racing en un momento de sensibilidad deportiva. La crítica de Marín apunta directamente a la legitimidad de Milito para confrontar con la estructura de la AFA, sugiriendo que el ídolo debe “sacarse los pantalones cortos y ponerse el saco” de dirigente con mayor responsabilidad. Esta división de opiniones genera un debate necesario sobre el rol de los ídolos en la conducción de los clubes: mientras una parte de la masa societaria respalda la frontalidad de Milito contra el sistema arbitral, otros sectores coinciden con Marín en que la confrontación pública sin una estrategia política sólida puede perjudicar los intereses institucionales del club en los escritorios de la calle Viamonte.
Desde el punto de vista institucional, la revelación de las 42 reuniones y la participación de actores como Lacunza pone de manifiesto la complejidad de las alianzas políticas que llevaron a la actual conducción al poder. La acusación de ingratitud lanzada por Marín no solo afecta la imagen personal de Milito, sino que también abre interrogantes sobre la cohesión del grupo que hoy administra Racing. Analistas del mercado deportivo sugieren que este tipo de internas suelen aflorar cuando los resultados en el campo de juego no acompañan, exponiendo las debilidades de una gestión que, hasta hace poco, parecía inexpugnable debido al peso propio del nombre de su presidente.
Hacia adelante, la tensión entre el oficialismo de Racing y las figuras históricas que orbitan el club marcará la agenda de las próximas asambleas de socios. Se espera que el entorno de Diego Milito emita un comunicado o brinde declaraciones para aclarar su postura respecto a las acusaciones de Marín, especialmente en lo referido al asesoramiento recibido y a la supuesta ruptura de vínculos con quienes colaboraron en su ascenso dirigencial. Mientras tanto, el equipo deberá aislarse del ruido institucional para afrontar sus compromisos en la Liga Profesional, bajo la sombra de una dirigencia que hoy se encuentra bajo el escrutinio de sus propios antecesores.