SOCIEDAD

El uso de inteligencia artificial en menores genera alertas por dependencia emocional y deepfakes

Un informe de UNICEF reveló que un tercio de los menores en Argentina utiliza inteligencia artificial para tareas escolares, mientras advierten por riesgos de manipulación de imágenes y sesgos algorítmicos.

Redacción El Capitán 24 de mayo de 2026 5 min de lectura
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Foto: Infobae

Un tercio de los niños y adolescentes en Argentina utiliza herramientas de inteligencia artificial con fines escolares, según datos difundidos por UNICEF, en un escenario que combina beneficios pedagógicos con riesgos crecientes de dependencia emocional y ciberdelitos.

La integración de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana de los menores de edad alcanzó niveles sin precedentes en la región. María José Ravalli, Jefa Regional de Abogacía y Comunicación de UNICEF, confirmó que en Argentina más de la mitad de los chicos de entre 9 y 17 años interactúa con esta tecnología de forma habitual. De ese universo, dos de cada tres usuarios emplean sistemas como ChatGPT, Claude o Grok para resolver dudas académicas, resumir textos complejos o estructurar ideas. Sin embargo, la adopción masiva no está exenta de peligros: el organismo internacional detectó que al menos 1,2 millones de menores en once países fueron víctimas de la manipulación de sus imágenes personales mediante técnicas de deepfake con contenido sexual explícito durante el último año. Esta cifra representa, en términos estadísticos, a un alumno por cada aula estándar, lo que evidencia la escala de la problemática en el entorno digital actual.

El fenómeno no se limita únicamente a la producción de contenidos, sino que afecta la estructura de las relaciones sociales. Expertos en salud mental y educación observan con preocupación cómo los algoritmos de recomendación en plataformas como TikTok e Instagram, sumados a los chatbots generativos, comienzan a ocupar un rol de “acompañantes” virtuales. Según indicaron desde el Ministerio de Educación y organismos de protección a la infancia, la capacidad de estos sistemas para ser siempre complacientes genera una distorsión en la percepción de los vínculos humanos. Ying Xu, profesora de la Universidad de Harvard, advirtió que los adolescentes encuentran más sencillo dialogar con una IA que con sus pares o adultos, debido a que la máquina evita el conflicto y el desacuerdo, elementos esenciales para el desarrollo de la madurez emocional y la gestión de frustraciones en la vida real.

Contexto

La expansión de la IA en el ámbito educativo y social se produce tras una aceleración tecnológica que dejó a los marcos regulatorios en una posición de rezago. El proyecto “Children’s Best Interests in a Digital World”, impulsado por UNICEF Innocenti, consultó a menores de entre 10 y 17 años en siete países para mapear el ejercicio de sus derechos en entornos virtuales. Los antecedentes muestran que, mientras en Argentina el uso escolar es del 33%, en países vecinos como Brasil la cifra ya supera el 65%. Históricamente, la tecnología fue vista como una herramienta de democratización del conocimiento, pero la opacidad de los datos de entrenamiento y la falta de transparencia en los algoritmos de las grandes empresas tecnológicas introdujeron sesgos que refuerzan estereotipos y desinformación, afectando directamente la formación del pensamiento crítico en etapas fundacionales del aprendizaje.

El surgimiento de la técnica conocida como “nudificación” —el uso de IA para retirar o modificar la ropa en fotografías— marcó un punto de inflexión en la seguridad digital. De acuerdo con datos de INTERPOL y ECPAT, la facilidad de acceso a estas herramientas permitió que usuarios sin conocimientos técnicos avanzados puedan generar contenido dañino en cuestión de segundos. Este contexto obligó a las instituciones a replantear la alfabetización digital, pasando de una enseñanza meramente instrumental (cómo usar la herramienta) a una ética y defensiva (cómo proteger la privacidad y detectar manipulaciones). La responsabilidad, según los especialistas, ya no puede recaer exclusivamente en la supervisión parental, sino que requiere una intervención sistémica que involucre a los desarrolladores de software y a los Estados nacionales.

Impacto

La consecuencia inmediata de esta dependencia tecnológica es la vulnerabilidad de los datos personales y la integridad psicológica de los menores. La exposición constante a sistemas que recopilan información íntima para personalizar respuestas crea un perfil digital detallado que puede ser explotado comercialmente o utilizado para la manipulación. Desde el punto de vista cognitivo, el impacto se traduce en una posible atrofia de las capacidades de investigación autónoma; si la IA resuelve el problema sin que medie un proceso de análisis, el aprendizaje se vuelve superficial. Además, el daño provocado por los deepfakes, aunque las imágenes sean sintéticas, genera secuelas reales en la salud mental de las víctimas, incluyendo cuadros de ansiedad, depresión y aislamiento social, afectando su trayectoria escolar y sus vínculos afectivos.

Por otro lado, el impacto positivo se observa en la inclusión de estudiantes con discapacidades, quienes encuentran en la IA interfaces adaptativas que facilitan la comunicación y el acceso a contenidos que antes les estaban vedados. La personalización del aprendizaje permite que cada alumno avance a su propio ritmo, recibiendo explicaciones adaptadas a su nivel de comprensión. No obstante, este beneficio se ve amenazado por la brecha digital: aquellos sectores sin acceso a conectividad de calidad o sin el acompañamiento docente necesario quedan doblemente excluidos, no solo por la falta de tecnología, sino por la carencia de las habilidades críticas para competir en un mercado laboral que, según proyecciones de consultoras privadas, exigirá el manejo de IA en el 80% de los puestos administrativos y técnicos para la próxima década.

Ante este panorama, UNICEF publicó una guía de acompañamiento que insta a padres y docentes a fomentar el diálogo abierto y el cuestionamiento de las fuentes. El próximo paso para la región será la discusión de leyes de seguridad digital que obliguen a las empresas a diseñar productos seguros desde su origen (safety by design) y a etiquetar claramente los contenidos generados por máquinas. La tensión pendiente reside en el equilibrio entre la innovación tecnológica y la protección de los derechos de la infancia, un debate que se trasladará al Congreso en los próximos meses con proyectos que buscan regular la responsabilidad de las plataformas en la difusión de material manipulado. El éxito de estas medidas determinará si la IA será un motor de desarrollo o un factor de riesgo estructural para las nuevas generaciones.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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