INTERNACIONAL

El Senado de Estados Unidos rechazó limitar los poderes de guerra de Donald Trump en Irán

La Cámara Alta desestimó por 50 votos contra 49 una resolución para restringir las facultades militares del Ejecutivo, en medio de una creciente tensión interna por el costo de la guerra.

Redacción El Capitán 14 de mayo de 2026 5 min de lectura
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El Senado de Estados Unidos rechazó este miércoles una resolución destinada a limitar los poderes de guerra del presidente Donald Trump en el conflicto con Irán, tras una ajustada votación de 50 contra 49 en el Capitolio.

La decisión parlamentaria representa un respaldo político crítico para la Casa Blanca, aunque el margen de victoria fue el más estrecho registrado desde que las hostilidades comenzaron hace diez semanas. La iniciativa, impulsada por el senador demócrata Jeff Merkley de Oregón, buscaba forzar al Ejecutivo a obtener una autorización explícita del Congreso para continuar con las operaciones militares. Sin embargo, la cohesión del bloque republicano, pese a algunas fisuras internas, permitió que la administración mantuviera su autonomía operativa en el Golfo Pérsico. Según fuentes legislativas, la votación reflejó una paridad técnica que no se veía en Washington desde el inicio de la escalada bélica a finales de febrero, marcando un punto de inflexión en el debate sobre las facultades constitucionales del presidente.

El escenario político mostró movimientos significativos dentro de las filas oficialistas. Por primera vez en el conflicto, la senadora republicana Lisa Murkowski de Alaska votó a favor de frenar las acciones bélicas, sumándose a sus colegas de partido Susan Collins de Maine y Rand Paul de Kentucky, quienes ya habían manifestado su rechazo en instancias previas. En la vereda opuesta, el bloque demócrata sufrió la deserción del senador John Fetterman de Pensilvania, quien fue el único miembro de su partido en oponerse a la medida restrictiva. Esta configuración de votos evidencia que, si bien Trump conserva el mando, el consenso legislativo sobre la intervención en Irán se está erosionando. Merkley señaló tras la sesión que percibe un aumento del escepticismo entre los republicanos respecto a la prolongación de los enfrentamientos, lo que podría complicar futuros pedidos de financiamiento para el Pentágono.

Contexto

La disputa legal y política se centra en la Ley de Poderes de Guerra de 1973, una norma aprobada tras la guerra de Vietnam que establece un plazo de 60 días para que el Ejecutivo obtenga el aval del Congreso tras el inicio de hostilidades. Para los demócratas, este plazo venció a comienzos de mayo, lo que situaría a la administración Trump en una situación de abierta violación constitucional desde el 1 de mayo. No obstante, la Casa Blanca rechaza esta interpretación técnica. En una misiva enviada al Congreso, el Ejecutivo argumentó que el reloj legal se detuvo tras el alto el fuego acordado con Teherán en abril, alegando que las hostilidades habían concluido formalmente en ese momento, a pesar de que el despliegue de tropas y el bloqueo naval continúan activos.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reforzó esta postura ante los legisladores al asegurar que el presidente posee todas las autoridades necesarias para reanudar ataques militares sin consulta previa. Esta interpretación fue duramente cuestionada por Murkowski durante una audiencia reciente, donde señaló que el bloqueo de puertos iraníes y la presencia masiva de buques de guerra contradicen la idea de un cese de hostilidades real. El conflicto, que ya ha entrado en su día 75, se desarrolla en un marco de alta volatilidad internacional, con Trump actualmente en Pekín para una cumbre estratégica con el mandatario chino Xi Jinping. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, utilizó este viaje oficial como argumento para calificar la votación de inoportuna, sosteniendo que debilitar la posición del presidente durante negociaciones internacionales sería contraproducente para los intereses de seguridad nacional.

Impacto

Las consecuencias de la continuidad del conflicto son tangibles tanto en la economía global como en las arcas públicas estadounidenses. El costo de la guerra se estima ya en más de USD 29.000 millones, una cifra que ha generado alarmas en sectores del Partido Republicano que tradicionalmente abogan por la disciplina fiscal. El senador John Curtis de Utah, por ejemplo, ha condicionado su apoyo a futuros presupuestos militares a una autorización explícita del Congreso, calificando la resolución actual como un esfuerzo poco serio pero advirtiendo sobre el agotamiento de los recursos. A nivel logístico, el Pentágono enfrenta una disminución preocupante en sus reservas de armamento de precisión, lo que genera incertidumbre sobre la capacidad de respuesta militar del país ante otros focos de conflicto simultáneos.

En el plano económico, la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz ha disparado los precios globales de la energía, afectando no solo el valor del petróleo sino también el transporte de fertilizantes y otros recursos esenciales. La senadora Susan Collins criticó la falta de una estrategia clara para reabrir esta vía marítima vital, señalando que la administración parece cambiar de plan casi a diario. Mientras tanto, desde la jerarquía republicana, el senador John Barrasso sostuvo que la presión militar está funcionando, afirmando que la economía de Irán se encuentra en soporte vital. Este impacto asimétrico refuerza la postura de quienes creen que la presión debe mantenerse hasta lograr una capitulación total de Teherán, a pesar de los costos colaterales que la guerra impone a los aliados de Washington y a los consumidores locales.

El futuro de esta disputa de poderes se trasladará ahora a la Cámara de Representantes, donde el control republicano y la amenaza de un veto presidencial casi seguro bloquean cualquier posibilidad inmediata de cambio legislativo. Sin embargo, los demócratas ya planean incorporar restricciones al conflicto dentro de la ley anual de autorización de defensa. El senador Tim Kaine de Virginia advirtió que su bloque forzará votaciones semanales para mantener la presión política sobre la Casa Blanca. El próximo paso clave será el debate sobre el financiamiento de las fuerzas armadas, donde la oposición intentará utilizar el control de los fondos como herramienta para obligar al presidente Trump a negociar una salida diplomática definitiva o aceptar límites formales a su autoridad militar en la región.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

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