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El origen español de la selección de Francia: de Alcázar a Garriga

Investigaciones históricas confirmaron que los primeros referentes del fútbol francés, como Joseph Alcázar y Emmanuel Aznar, eran ciudadanos españoles que emigraron al norte de África antes de representar a Les Bleus en los mundiales.

Redacción El Capitán 14 de julio de 2026 6 min de lectura
El origen español de la selección de Francia: de Alcázar a Garriga
Foto: Marca

La selección de fútbol de Francia consolidó su identidad histórica mediante la integración de futbolistas de origen español, quienes lideraron al equipo nacional desde el Mundial de 1934 hasta la consagración europea de 1984 en el Parque de los Príncipes.

El caso más emblemático y recientemente esclarecido por investigadores deportivos es el de Joseph Antonio Alcázar García, conocido popularmente como “Pepito”. Según registros de la Federación Francesa de Fútbol y hallazgos del historiador Rubén García Bielsa publicados en la revista Cuadernos de Fútbol, Alcázar no nació en Orán, Argelia, como se creía administrativamente, sino en la localidad de La Unión, Murcia, el 1 de enero de 1910. Su familia se trasladó al norte de África bajo el dominio colonial francés en busca de oportunidades laborales, y el delantero no obtuvo la nacionalidad gala hasta finales de 1929. Alcázar fue una pieza fundamental en el Olympique de Marsella, donde anotó más de 200 goles, y representó a Francia en 11 partidos internacionales, incluyendo la eliminación ante Austria por 3 a 2 en la Copa del Mundo de 1934. Pese a su éxito deportivo y a ostentar una posición económica privilegiada en la década de 1960, fuentes familiares confirmaron que falleció en la indigencia el 21 de abril de 1987 en Aix-en-Provence, al punto de que sus allegados debieron costear su vestimenta para el sepelio.

Otro pilar de esta influencia fue Emmanuel Aznar, nacido en 1915 en Argelia, hijo de padre español y madre francesa. Aznar se convirtió en una leyenda del Olympique de Marsella tras su fichaje en 1936, club donde marcó 149 goles y obtuvo los títulos de liga en 1937 y 1948, además de las copas de 1938 y 1943. Durante la Segunda Guerra Mundial, el atacante alcanzó cifras extraordinarias, como los 45 goles en el campeonato de 1943 y un récord histórico de nueve tantos en un solo encuentro frente al Avignon, en una victoria por 20 a 2 en 1942. A pesar de su capacidad goleadora, solo vistió la camiseta de la selección francesa en una ocasión, el 24 de marzo de 1938, en un triunfo 6 a 1 contra Bulgaria donde logró convertir un gol. Operadores del mercado deportivo de la época señalaron que la inestabilidad del conflicto bélico y su condición de “pied-noir” limitaron su proyección en el equipo nacional, que en aquel entonces no figuraba como la potencia mundial que es en la actualidad.

La lista de pioneros incluye también a Michel Frutoso, un extremo derecho nacido en Orán de ascendencia 100% española. Frutoso destacó por su habilidad técnica, siendo descrito por la prensa especializada de la época como el poseedor del regate más estético entre Dunquerque y Tamanrasset. Su historia posee un matiz particular: al cumplir los 21 años, decidió no solicitar la nacionalidad francesa, manteniendo su pasaporte español. Esta determinación legal le permitió evitar el reclutamiento militar francés y las trincheras durante el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939. Su paso por Les Bleus fue fugaz, con una única participación el 23 de mayo de 1937 en una derrota 0 a 2 ante Irlanda en el estadio de Colombes. Fuentes institucionales del fútbol galo atribuyen su escasa continuidad a un carácter rebelde e indomable que chocaba con las estructuras técnicas de la federación.

Contexto

La presencia de apellidos españoles en el fútbol francés no es un fenómeno aislado, sino el resultado directo de los flujos migratorios provocados por la Guerra Civil Española y la inestabilidad económica en la península durante el inicio del siglo XX. La región de Orán, en Argelia, funcionó como un polo de atracción para miles de familias españolas debido a la cercanía geográfica y las concesiones de tierras de la administración colonial francesa. Este crisol cultural permitió que figuras posteriores, como Luis Fernández —nacido en Tarifa—, Manuel Amoros —de padres alicantinos— y Alain Giresse —de madre salmantina—, formaran la columna vertebral del equipo que obtuvo la Eurocopa 1984 bajo la dirección técnica de Michel Hidalgo, hijo de un inmigrante barcelonés.

El desarrollo del fútbol profesional en Francia durante las décadas de 1930 y 1940 dependió en gran medida de estos jugadores que, aunque eran percibidos como extranjeros o ciudadanos de segunda clase, aportaron la cuota de talento necesaria para competir en el plano internacional. La investigación de expertos como Alain Pécheral y Jean-Pierre de Mondenard ha sido crucial para desmitificar los orígenes de estos deportistas, cuyas actas de nacimiento y defunción permanecieron ocultas o mal registradas en los archivos administrativos franceses durante décadas, ocultando una realidad de biculturalidad que hoy es aceptada como norma en el deporte europeo.

Impacto

La integración de estos futbolistas sentó las bases del modelo de selección multicultural que Francia perfeccionaría a finales del siglo XX. El impacto de jugadores como Manuel Garriga, defensa del Girondins de Burdeos entre 1946 y 1956, demuestra la transición de estos inmigrantes hacia la clase trabajadora francesa tras el retiro deportivo. Garriga, nacido en Sidi Bel Abbès en una familia española, disputó un encuentro con Francia en 1950 antes de terminar sus días trabajando en los muelles del puerto de Burdeos. Su trágica muerte en 1980, aplastado por un contenedor de 26 toneladas mientras cargaba una excavadora, simboliza el destino de muchos de estos pioneros que, tras la gloria en los estadios, regresaron al anonimato del trabajo industrial.

Desde el punto de vista sociológico, el éxito de estos nombres propios obligó a la sociedad francesa a replantearse la identidad nacional a través del deporte. La capacidad de Aznar para marcar 149 goles o la destreza de Alcázar en el Mundial de 1934 fueron argumentos irrebatibles contra la discriminación que sufrían los inmigrantes en las ciudades portuarias. Este legado permitió que, años más tarde, figuras de la talla de Zinedine Zidane o Kylian Mbappé encontraran un camino allanado en una selección que ya había aprendido a hablar español mucho antes de sus grandes éxitos modernos.

El reconocimiento actual de estas raíces permite a la Federación Francesa de Fútbol completar su registro histórico con precisión, otorgando a España un rol fundamental en la génesis de su poderío deportivo. La tensión pendiente reside ahora en la recuperación de la memoria de aquellos jugadores que, como Frutoso o Aznar, vieron sus carreras truncadas por la guerra o la burocracia, dejando abierta la posibilidad de nuevos hallazgos en los archivos coloniales que podrían revelar más nombres de origen hispano en las primeras formaciones de Les Bleus.

Fuente: Marca

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Información publicada por Marca.

Redacción El Capitán

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