CULTURA

El Metropolitan Opera de Nueva York estrena obra sobre Frida y Diego

La producción 'El último sueño de Frida y Diego' llega al escenario neoyorquino con música de Gabriela Lena Frank y libreto de Nilo Cruz, explorando el reencuentro de los artistas en el Día de Muertos.

Redacción El Capitán 30 de mayo de 2026 6 min de lectura
El Metropolitan Opera de Nueva York estrena obra sobre Frida y Diego
Foto: Infobae

El Metropolitan Opera de Nueva York estrenó ‘El último sueño de Frida y Diego’, una ópera en español que retrata el reencuentro espectral entre Frida Kahlo y Diego Rivera durante la festividad mexicana del Día de Muertos.

La obra, que cuenta con la dirección musical de Yannick Nézet-Séguin en seis de sus siete funciones programadas hasta el 5 de junio, representa un hito para la lírica contemporánea al centrarse en figuras icónicas del arte latinoamericano. Con un elenco encabezado por la mezzosoprano Isabel Leonard como Kahlo y el barítono Carlos Álvarez como Rivera, la pieza utiliza el realismo mágico para explorar una relación que, en la vida real, estuvo marcada por el dolor físico y la turbulencia emocional. Según indicaron fuentes de la institución cultural, la función matinal del 30 de mayo será transmitida en alta definición a salas de cine en todo el mundo, buscando ampliar el alcance de una producción que ya cosechó éxitos en plazas como San Diego, Los Ángeles y San Francisco desde su debut original en 2022.

El desarrollo creativo de esta pieza demandó más de dos décadas de trabajo. La compositora Gabriela Lena Frank y el dramaturgo Nilo Cruz evitaron deliberadamente el formato de biografía convencional para sumergirse en una narrativa mítica inspirada en la leyenda de Orfeo. En esta versión, un Rivera debilitado y cercano al final de su vida invoca a Kahlo desde el inframundo tres años después de su fallecimiento. La instrumentación de Frank rompe con los esquemas tradicionales de la ópera al incorporar la marimba en casi todas las escenas, un recurso que busca evocar sonidos ancestrales de Centroamérica sin caer en el folclore predecible. De acuerdo con especialistas del ámbito operístico, la partitura logra establecer una atmósfera onírica y liminal que permite al espectador transitar entre el mundo de los vivos y el de los muertos de manera fluida.

La puesta en escena en el Met estuvo a cargo de un equipo de alto perfil liderado por la directora y coreógrafa Deborah Colker y el escenógrafo Jon Bausor, quienes ya habían colaborado en la obra ‘Ainadamar’. El diseño visual se apoya fuertemente en la simbología de la propia Kahlo, específicamente en su óleo ‘Árbol de la esperanza, mantente fuerte’ de 1946. Bausor diseñó un árbol de color rojo sangre cuyas raíces emulan arterias humanas, funcionando como el eje central que conecta el follaje superior con el inframundo. El escenario cuenta además con grietas por donde emergen bailarines caracterizados como esqueletos, cuyos movimientos espasmódicos remiten al break dance, y un espejo cenital que hace referencia al dispositivo que Frida utilizaba para pintar mientras permanecía inmovilizada en su cama tras el accidente de 1925.

Contexto

La relación entre Frida Kahlo y Diego Rivera es uno de los capítulos más documentados y complejos de la historia del arte del siglo XX. Casados en 1929, divorciados en 1939 y vueltos a casar en 1940, su vínculo estuvo atravesado por infidelidades mutuas, una profunda admiración profesional y el deterioro constante de la salud de Kahlo. La artista mexicana sufrió secuelas permanentes tras el choque entre un autobús y un tranvía en 1925, lo que la llevó a someterse a más de 30 operaciones quirúrgicas a lo largo de su vida. Esta carga de sufrimiento físico se convirtió en el eje de su obra pictórica, caracterizada por un simbolismo crudo y autorreferencial que hoy es valorado globalmente.

Por su parte, Diego Rivera, figura central del muralismo mexicano, sobrevivió a Frida por tres años, falleciendo en 1957. A pesar de su deseo expreso de que sus cenizas fueran mezcladas con las de ella, su familia decidió enterrarlo en la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México. Este desencuentro final en la realidad es el que sirve de disparador para el libreto de Nilo Cruz, quien utiliza la tradición del Día de Muertos —declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO— como el marco temporal y espiritual donde los amantes finalmente logran la unión que les fue negada tras la muerte. La ópera llega al Met en un momento de apertura de la institución hacia nuevas audiencias y repertorios en idiomas distintos al italiano, francés o alemán.

Impacto

La llegada de ‘El último sueño de Frida y Diego’ al Metropolitan Opera subraya una transformación en la programación de las grandes casas de ópera globales, que buscan diversificar sus temáticas y lenguajes. Al ser una obra cantada íntegramente en español, la producción atrae a un segmento demográfico que históricamente ha estado subrepresentado en los palcos neoyorquinos. Operadores del mercado cultural señalan que el éxito de preventa para las funciones de junio demuestra que existe una demanda sostenida por historias que reflejen la identidad latinoamericana desde una perspectiva de alta producción técnica y artística. La inclusión de la soprano Gabriella Reyes como Catrina y el contratenor Nils Wanderer como Leonardo refuerza un elenco internacional de primer nivel.

Desde el punto de vista artístico, la obra valida el uso del realismo mágico en el género lírico, permitiendo que la escenografía de Jon Bausor y el vestuario de Wilberth Gonzalez funcionen como extensiones narrativas de la psique de los personajes. El uso de materiales reciclados, como el plástico azul que simula mortajas o vendas, aporta una textura contemporánea a una historia que se siente ancestral. Para los críticos, el impacto reside en la capacidad de la obra para transformar el dolor biográfico en una experiencia estética universal, donde el espectador no necesita conocer la historia detallada de los pintores para conectar con los temas de la pérdida, el deseo y la trascendencia.

El cierre de la temporada de esta ópera en Nueva York marcará el inicio de una nueva etapa para la obra, que ya tiene previstas futuras presentaciones en otros escenarios internacionales. La transmisión global del 30 de mayo será el termómetro definitivo para medir la viabilidad comercial y crítica de este tipo de producciones en el mercado masivo. Mientras tanto, la tensión dramática de la obra deja abierta la pregunta sobre cómo las instituciones culturales seguirán integrando mitos modernos en formatos clásicos, asegurando la vigencia de figuras como Kahlo y Rivera en el imaginario colectivo del siglo XXI.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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