Agentes del Mosad asesinaron al camarero Ahmed Bouchiki el 21 de julio de 1973 en Lillehammer, Noruega, al confundirlo con Ali Hassan Salameh, líder del grupo terrorista Septiembre Negro y responsable de la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich.
El ataque se produjo un sábado por la noche, cuando Bouchiki, un ciudadano marroquí radicado en el país nórdico, regresaba del cine junto a su esposa embarazada, Torill Larsen. Dos hombres descendieron de un vehículo y efectuaron doce disparos a quemarropa contra el empleado de hotel, quien falleció de forma instantánea en la vía pública. Según indicaron fuentes de los servicios de inteligencia europeos, el operativo formaba parte de la misión encubierta denominada “Cólera de Dios”, autorizada directamente por la primera ministra israelí Golda Meir. El impacto del hecho fue inmediato: la policía noruega descubrió rápidamente que la víctima no tenía vínculos con el terrorismo ni actividad política, lo que dejó al descubierto una falla de inteligencia sin precedentes que terminó con la detención de seis agentes israelíes en territorio extranjero.
La ejecución fue llevada a cabo por un equipo de quince especialistas bajo el mando de Mike Harari, un experimentado jefe de operaciones del Mosad. El grupo estaba organizado en escuadrones con nombres del alfabeto hebreo: ‘Aleph’ para los ejecutores, ‘Bet’ para los guardaespaldas, ‘Jet’ para la logística, ‘Ayin’ para la vigilancia y ‘Qoph’ para las comunicaciones. La confusión se originó cuando los agentes observaron a Bouchiki conversando en francés con un mensajero palestino en el hotel donde trabajaba. A pesar de que uno de los vigilantes advirtió que el sospechoso hablaba noruego con demasiada fluidez para ser Salameh, Harari dio la orden de proceder. La confirmación del error llegó a la mañana siguiente, cuando los medios locales identificaron a la víctima como un vecino respetado de la pequeña ciudad de veinte mil habitantes, ajeno por completo a los conflictos de Medio Oriente.
Tras el asesinato, la red de escape falló parcialmente. Mientras Harari y otros ocho agentes lograron abandonar Noruega, seis integrantes del comando fueron capturados por las autoridades locales. Dan Aerbel y Marianne Gladnikoff fueron arrestados mientras intentaban devolver un auto alquilado, lo que permitió a los investigadores llegar hasta Sylvia Raphael, Abraham Gehmer, Zwi Steinberg y Michael Dorf, quienes se refugiaban en la vivienda de un diplomático israelí. Durante los interrogatorios, los detenidos revelaron detalles cruciales sobre la estructura operativa del Mosad en Europa, lo que provocó el desmantelamiento de varias células de inteligencia en el continente. En febrero de 1974, un tribunal noruego condenó a cinco de los implicados a penas de hasta seis años de prisión, aunque fueron liberados y deportados a Israel en 1975 tras cumplir solo una fracción de sus sentencias.
Contexto
El incidente de Lillehammer se enmarca en la represalia israelí por la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, donde once atletas de la delegación de Israel fueron asesinados por el grupo palestino Septiembre Negro. Ante la conmoción mundial, Golda Meir estableció un comité secreto para identificar y eliminar a los responsables del ataque en cualquier lugar del mundo. Antes del error en Noruega, el Mosad había ejecutado con éxito a varios objetivos: Wael Zwaiter recibió once disparos en Roma en octubre de 1972; Mahmoud Hamshari murió por una bomba en su teléfono en París en diciembre del mismo año; y Basil al-Kubaisi fue acribillado en la capital francesa en abril de 1973. También se registraron ataques con explosivos en Chipre y Atenas contra representantes de la OLP y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP).
La operación “Cólera de Dios” buscaba no solo justicia por los deportistas asesinados, sino también establecer un efecto disuasorio contra el terrorismo internacional. Sin embargo, la presión por capturar a Ali Hassan Salameh, conocido como el “Príncipe Rojo” y jefe de operaciones de Septiembre Negro, llevó a los servicios de inteligencia a actuar con información deficiente. Salameh era un objetivo prioritario debido a su rol logístico y su capacidad para moverse por Europa con identidades falsas, lo que generó una obsesión en la cúpula del Mosad que culminó en la tragedia de Lillehammer. Este fracaso operativo obligó a Israel a suspender temporalmente sus actividades de eliminación selectiva en el extranjero y provocó la renuncia de Zvi Zamir a la dirección del servicio de inteligencia.
Impacto
El asesinato de Bouchiki tuvo consecuencias devastadoras para la reputación internacional de Israel y tensó al máximo las relaciones diplomáticas con Noruega, un aliado histórico en Europa. De acuerdo con analistas de política exterior, el hecho demostró que las operaciones clandestinas en democracias occidentales podían vulnerar la soberanía nacional y poner en riesgo la vida de civiles inocentes. En 1990, la justicia noruega reabrió el caso y una comisión investigadora concluyó que las penas leves impuestas en los años 70 fueron el resultado de presiones políticas para no romper vínculos con Tel Aviv. Recién en 1996, el gobierno de Israel accedió a pagar una indemnización económica a la familia de Bouchiki, aunque sin reconocer formalmente la responsabilidad legal por el asesinato.
En términos operativos, el “asunto de Lillehammer” forzó una reestructuración completa de los protocolos del Mosad para misiones en el exterior. La exposición de sus agentes y métodos durante el juicio en Noruega fue considerada uno de los mayores desastres de inteligencia de la Guerra Fría. A pesar del escándalo, la búsqueda de Salameh continuó durante años. El líder palestino fue finalmente asesinado el 22 de enero de 1979 en Beirut, mediante la explosión de un coche bomba que también terminó con la vida de sus guardaespaldas y cuatro transeúntes. Este último ataque confirmó la persistencia de la política de represalias de Israel, aunque el estigma por la muerte del camarero marroquí en Noruega permaneció como una mancha indeleble en la historia de sus servicios secretos.
En la actualidad, el caso sigue siendo estudiado en academias militares como el ejemplo máximo de los peligros de la confirmación sesgada en la inteligencia de campo. Aunque Michael Harari continuó en funciones tras el rechazo de su renuncia por parte de Meir, la orden de arresto internacional emitida contra él en 1998 —y retirada un año después— recordó que la justicia noruega mantuvo la tensión sobre el caso durante décadas. El legado de Lillehammer persiste hoy en el debate sobre la ética de los asesinatos selectivos y la responsabilidad de los Estados ante errores fatales en operaciones antiterroristas.