Dolores Trull celebró sus 50 años el pasado 5 de mayo en una reunión privada junto a su familia y excolegas del modelaje, marcando su vigencia como empresaria del sector de lujo tras retirarse de las pasarelas internacionales.
La transición de Trull desde la alta costura hacia el diseño de joyas y la fotografía profesional representa un caso de reconversión exitosa dentro de la industria del entretenimiento y la moda argentina. Actualmente, la empresaria lidera su propia firma, Dolores Trull Jewelry (DTJ), con base operativa en el barrio de Recoleta. Según indicaron allegados a su entorno empresarial, la exmodelo supervisa personalmente los procesos de fundición y diseño en oro de 18 quilates y piedras preciosas, una actividad que comenzó como una búsqueda terapéutica y derivó en un modelo de negocios rentable con local propio en la exclusiva Galería Promenade. Esta faceta técnica se complementa con su rol como fotógrafa, disciplina que la llevó a exponer su obra en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), consolidando un perfil volcado a las artes visuales y la producción de nicho.
Durante el festejo de su nueva década, Trull estuvo acompañada por su esposo, Alejandro Pueyrredón, y sus hijos adolescentes, Cala y Félix. El evento funcionó también como un reencuentro de la generación de modelos de los años 90, con la presencia de figuras como Andrea Bursten, Natalia Graciano, Solange Cubillo y Lorena Ceriscioli. A través de sus canales de comunicación, donde cuenta con una audiencia de 76.000 seguidores, la empresaria expresó su gratitud por el presente personal y profesional que atraviesa. “¡Todo disfrute en mi corazón! ¡Festejando con lo mejor de mi vida! ¡Mi mejor regalo, mi familia y amigos!”, manifestó Trull al reflexionar sobre su trayectoria. La estética del evento, donde lució un minivestido plateado con blazer oversize y borcegos, reflejó la impronta descontracturada que adoptó en esta etapa de su vida, caracterizada por un bajo perfil mediático y una fuerte conexión con la naturaleza en sus estancias en Uruguay.
Contexto
Para comprender la relevancia de Dolores Trull en la escena actual, es necesario remontarse a la década de 1990, cuando se posicionó como una de las figuras centrales del modelaje argentino con proyección global. Su carrera no se limitó al ámbito local; su desempeño en las capitales de la moda como Milán, Nueva York y Berlín la llevó a trabajar para casas de lujo de la talla de Chanel, Fendi y Versace. Sin embargo, a los 24 años, en la cima de su carrera como modelo, decidió dar un giro drástico hacia la formación académica y técnica. Estudió la carrera de Publicidad, lo que le brindó las herramientas para pasar del otro lado de la lente. Esta decisión estratégica le permitió diversificar sus ingresos y su marca personal, incursionando en la conducción televisiva durante tres años al frente del ciclo FTVmag en la señal internacional Fashion TV, antes de volcarse definitivamente a la orfebrería y la fotografía de autor.
El mercado de la joyería artesanal en Argentina ha visto un crecimiento en el segmento de autor, donde figuras con alto reconocimiento público logran traccionar ventas mediante la curaduría personal. Trull se insertó en este esquema no solo como imagen de marca, sino como técnica en el taller. De acuerdo con especialistas del sector joyero, la elección de materiales nobles como el oro y las piedras preciosas posiciona a su firma DTJ en un segmento de consumo de alta gama que resiste las fluctuaciones del mercado interno. Este desarrollo empresarial coincide con una tendencia global de las denominadas “supermodelos” de los 90 que, al alcanzar la madurez, transforman su capital simbólico en empresas de diseño, cosmética o arte, alejándose de la dependencia de los contratos de representación tradicionales para convertirse en dueñas de sus propias unidades de producción.
Impacto
El impacto de la trayectoria de Trull radica en la validación de la transición profesional dentro de una industria que suele ser efímera. Su llegada al MALBA como fotógrafa marcó un hito de legitimación cultural que pocos perfiles provenientes del modelaje comercial han logrado alcanzar en el país. Por otro lado, su modelo de vida actual, que divide entre el taller de Recoleta y la residencia en Punta del Este, establece un estándar de éxito basado en la autonomía creativa y la privacidad familiar. Sus hijos, Cala y Félix Pueyrredón, mantienen una distancia estricta de la exposición pública, enfocándose en sus estudios superiores y proyectos personales, lo que refuerza la política de bajo perfil que la empresaria ha cultivado en la última década para proteger su entorno cercano de la dinámica de los medios masivos.
Desde una perspectiva económica, la consolidación de su marca de joyería representa la estabilidad de un proyecto que superó la fase de emprendimiento para establecerse como una pyme de lujo con local físico y taller propio. Fuentes del sector comercial en Recoleta señalan que la permanencia en espacios como la Galería Promenade requiere de una estructura financiera sólida y una clientela fidelizada, objetivos que Trull alcanzó mediante la personalización de sus piezas. La integración de su pasado en la moda con su presente técnico le permite ofrecer un producto que combina estética editorial con calidad de materiales, diferenciándose de la producción industrial masiva y apostando por la durabilidad del objeto de lujo.
El próximo paso para Dolores Trull parece estar vinculado a la expansión de su obra visual y el fortalecimiento de su presencia en el mercado regional a través de sus vínculos en Uruguay. Mientras continúa al frente de su taller de fundición, la expectativa del mercado del arte se mantiene sobre posibles nuevas exhibiciones fotográficas que sigan la línea de su trabajo anterior. La tensión entre su pasado de alta exposición y su presente de reserva parece haber encontrado un equilibrio que le permite gestionar su marca personal sin las presiones de la industria de la moda convencional, asegurando la continuidad de su legado empresarial en el mediano y largo plazo.