El 18 de julio de 1896, Buenos Aires registró su primera proyección de imágenes en movimiento en el Teatro Odeón, ubicado en Esmeralda 367, donde el público y el presidente Carlos Pellegrini presenciaron los cortometrajes originales de los hermanos Lumière.
La función, organizada por el empresario Francisco Pastor y el periodista Eustaquio Pellicer, se realizó apenas siete meses después del debut mundial del cinematógrafo en el Salon Indien du Grand Café de París. Según registros de la época, la concurrencia quedó impactada por la capacidad técnica del aparato para reproducir la realidad sin necesidad de intérpretes ni escenografías. Entre los asistentes se encontraban grupos de estudiantes y figuras de la élite política, incluido el entonces presidente Pellegrini, quien manifestó haber quedado subyugado por el encanto de las vistas proyectadas. Este hito no fue un hecho aislado, sino el resultado de una competencia tecnológica y comercial entre diversos sistemas de proyección que buscaban establecerse en el mercado local, en una ciudad que aspiraba a replicar los estándares de modernidad europeos.
El éxito de estas primeras exhibiciones impulsó la creación de una industria incipiente liderada por tres inmigrantes europeos: el belga Henri Lepage, el austro-húngaro Max Glücksmann y el francés Eugenio Py. Aunque inicialmente intentaron negociar directamente con Louis y Auguste Lumière para adquirir sus equipos, la falta de acuerdo los llevó a importar un cronofotógrafo Elgé de Gaumont-Demeny y un cinematógrafo Pathé. Con este último equipo, Eugenio Py filmó el 25 de octubre de 1900 la visita del mandatario brasileño Manuel Ferraz de Campos Salles al presidente Julio Argentino Roca, considerada la primera filmación oficial del cine argentino. Previamente, Py había registrado una cinta de 17 metros titulada La bandera argentina, filmada en la Plaza de Mayo, lo que consolidó la instalación del primer laboratorio de procesamiento fílmico en el país bajo la firma de la Casa Lepage.
Contexto
La llegada del cine a la Argentina se produjo durante la denominada Belle Époque, un período caracterizado por una aceleración sin precedentes en los descubrimientos científicos y técnicos. Mientras en Europa se formulaba la teoría cuántica y se descubrían los rayos X, Buenos Aires consolidaba su perfil cosmopolita mediante una arquitectura de influencia francesa y una clase dirigente que seguía de cerca las novedades de París. En este escenario, el cinematógrafo no fue el único sistema en pugna; doce días antes de la función oficial del Odeón, el 6 de julio de 1896, se había presentado en la calle Florida el vivomatógrafo, un proyector de origen inglés. Asimismo, el 8 de julio, Fred Figner exhibió el vitascopio de Thomas Edison en Florida 100. De acuerdo con historiadores y especialistas como Fernando Martín Peña, estos tres sistemas coexistieron en pocas cuadras del centro porteño, disputándose la atención de una sociedad ávida de progreso.
La elección del 18 de julio como fecha fundacional responde, en gran medida, a la espectacularidad con la que los diarios nacionales cubrieron el evento en el Teatro Odeón en comparación con las otras salas. Las proyecciones de los Lumière, que incluían escenas como la salida de los obreros de la fábrica o la llegada de un tren a la estación, representaban una ruptura estética total: la vida cotidiana se convertía en espectáculo. Aunque circulan versiones sobre el pánico que generaba la imagen de la locomotora avanzando hacia el público, expertos señalan que estos relatos podrían ser exageraciones de la época para resaltar la potencia del invento. Lo concreto es que la tecnología disponible en 1896, ya fuera a través del kinetoscopio de visión individual o del cinematógrafo de proyección colectiva, alteró definitivamente la percepción visual de los argentinos.
Impacto
La introducción del cine en Buenos Aires no solo significó un avance en el entretenimiento, sino que estableció las bases de una industria cultural que posicionaría a la Argentina como referente regional durante las décadas siguientes. La rápida adopción de la tecnología permitió que, para el año 1900, el país ya contara con laboratorios propios y capacidad técnica para registrar eventos históricos de relevancia diplomática. Según fuentes institucionales del ámbito cultural, este fenómeno fue posible gracias a la ola migratoria de técnicos, fotógrafos e ilustradores que aportaron el conocimiento necesario para operar y mantener los complejos equipos importados. El cine se convirtió en la herramienta principal para documentar la construcción de la identidad nacional, pasando de las simples vistas de paisajes a la narrativa cinematográfica compleja.
A nivel social, el impacto fue inmediato al democratizar el acceso a imágenes de lugares remotos, como Londres o París, que hasta entonces solo eran accesibles para quienes podían costear viajes transatlánticos. La coexistencia de diversos sistemas de proyección en el centro porteño generó una competencia comercial que abarató los costos de las funciones, permitiendo que sectores más amplios de la población participaran de la experiencia. Este proceso de modernización urbana, que integró el cine al circuito de teatros y salones de la calle Florida y la Avenida Corrientes, terminó por definir a Buenos Aires como una capital cultural de vanguardia, capaz de procesar y adaptar las innovaciones tecnológicas globales con una velocidad asombrosa para finales del siglo XIX.
El legado de aquellas funciones en el Teatro Odeón persiste hoy en la vasta tradición cinematográfica del país, que mantiene una de las producciones más prolíficas de América Latina. La tensión entre la preservación del patrimonio fílmico original y la digitalización de los archivos históricos sigue siendo el próximo paso crítico para los organismos de cultura, con el fin de evitar que las primeras cintas de 17 metros, como las de Eugenio Py, se pierdan definitivamente. La historia del cine argentino, iniciada en una noche de invierno de 1896, continúa escribiéndose en cada festival y estreno que busca recuperar aquel asombro inicial ante la imagen en movimiento.