CULTURA

Borges y la novela neofóbica: el plan inédito para invertir a Bioy

Jorge Luis Borges diseñó en 1983 el argumento de una obra que proponía una rebelión de ancianos contra jóvenes, invirtiendo la premisa de 'Diario de la guerra del cerdo'.

Redacción El Capitán 25 de julio de 2026 4 min de lectura
Borges y la novela neofóbica: el plan inédito para invertir a Bioy
Foto: Infobae

Jorge Luis Borges presentó en febrero de 1983 un esquema narrativo titulado “Un argumento”, donde propuso invertir la lógica de la novela de Adolfo Bioy Casares mediante una conjuración de padres contra hijos en el Gran Buenos Aires.

El texto original fue publicado inicialmente en una edición limitada de apenas 36 ejemplares por la editorial Dos Amigos, una cifra que subraya el carácter casi secreto y selecto de esta propuesta literaria. En este breve escrito de tres páginas, el autor de “El Aleph” detalló las bases de lo que denominó una novela neofóbica, motivada por su imposibilidad física de escribirla debido a su ceguera avanzada. Según fuentes de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, el autor buscaba romper con la tradición de relatos que presentan a la vejez como una etapa de pasividad o victimización, otorgándole un rol activo y letal a los ancianos en una trama de exterminio generacional.

La propuesta borgesiana establecía reglas estrictas para quien decidiera ejecutar el relato: la acción debía situarse en localidades como Lomas de Zamora o Morón durante las últimas décadas del siglo XIX. Borges recomendaba limitar el número de personajes a no más de diez para evitar lo que llamaba la “superpoblación de la novela rusa”, sugiriendo incluso que dos de ellos fueran físicamente parecidos para confundir al lector. Los motivos de esta secta de ancianos serían diversos: desde la envidia por la salud juvenil de quienes están postrados, hasta la avaricia de padres que no desean que sus hijos hereden sus bienes, llegando al extremo de un personaje lúcido que considera a la juventud incapaz de la cordura necesaria para gobernar el mundo.

Contexto

La idea de Borges surgió como una respuesta directa a “Diario de la guerra del cerdo”, publicada por Bioy Casares en 1969, donde grupos de jóvenes perseguían y asesinaban a ancianos en las calles de Buenos Aires. Aquella obra de Bioy se inscribía en una tendencia literaria que incluía antecedentes como “Cazadores de viejos” (1966) de Dino Buzzati y “Los destructores” (1954) de Graham Greene. Analistas de la obra borgesiana señalan que el autor también se inspiró en el recurso de la transferencia de almas presente en el cuento “El caso del difunto míster Elvesham” de H.G. Wells, donde un anciano usurpa el cuerpo de un estudiante mediante una droga para recuperar su vitalidad.

El interés de Borges por este tema no era aislado; durante años había seguido de cerca la literatura que exploraba el conflicto etario. En 1940, ya había incluido el relato de Wells en su célebre “Antología de la literatura fantástica”. Además, su admiración por Buzzati lo llevó a incluir “El desierto de los tártaros” en su Biblioteca Personal, destacando al autor italiano como uno de los pocos contemporáneos que las generaciones futuras no olvidarían. Esta red de influencias literarias permitió que Borges, en el ocaso de su vida, imaginara una respuesta simétrica y sombría a la violencia juvenil que otros autores habían retratado previamente.

Impacto

A pesar de la precisión de las instrucciones dejadas por Borges en su plaquette de 1983, ningún escritor ha aceptado formalmente el desafío de completar la novela neofóbica bajo las premisas sugeridas. El impacto de este texto reside en su capacidad para prefigurar debates modernos sobre la “silverización” de la sociedad y las tensiones entre grupos demográficos. Mientras que obras posteriores como “Matar a los viejos” (2001) de Carlos Droguett o “El asesino de viejos” (2024) de David Magrañal han seguido explorando el exterminio de la ancianidad por razones políticas o de superpoblación, la propuesta de Borges permanece como una pieza única que otorga el poder de la agresión a la tercera edad.

Desde el ámbito académico, el trabajo de Enrique Anderson Imbert en el Boletín de la Academia Argentina de Letras ha rescatado este argumento como una pieza clave para entender la relación creativa entre Borges y Bioy Casares. La inversión del mito de Abraham —donde aquí el padre sí sacrifica al hijo— plantea una ruptura ética que todavía resulta provocadora para la crítica literaria contemporánea. La obra no solo funciona como un ejercicio de simetría narrativa, sino como una advertencia sobre los fanatismos y la falta de diálogo entre las edades de la vida, un tema que el filósofo Romano Guardini ya denunciaba en 1960 al señalar que la modernidad solo validaba la existencia en su etapa juvenil.

El legado de este argumento inconcluso se mantiene como una de las últimas voluntades literarias de Borges, quien delegó la redacción final en sus lectores. Queda pendiente ver si las nuevas generaciones de narradores argentinos retomarán estas coordenadas para dar vida a la secta de ancianos de Lomas de Zamora, cerrando así el círculo de una guerra literaria que comenzó hace más de medio siglo.

Fuente: Infobae

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