CULTURA

Alertan sobre riesgos sanitarios por errores en la poda de invierno

Especialistas en sanidad vegetal advierten que la falta de desinfección en herramientas y cortes mal ejecutados facilitan el ingreso de patógenos letales, poniendo en riesgo la supervivencia de árboles y arbustos durante la temporada de reposo.

Redacción El Capitán 25 de julio de 2026 6 min de lectura
Alertan sobre riesgos sanitarios por errores en la poda de invierno
Foto: La Nación

Especialistas en sanidad vegetal advirtieron que la poda invernal mal ejecutada se convirtió en la principal vía de entrada para hongos y bacterias que pueden matar ejemplares en jardines urbanos y producciones agrícolas de todo el país.

La actividad de poda, esencial para mejorar la salud y productividad de las plantas, conlleva un riesgo sanitario crítico si no se realiza bajo protocolos estrictos de bioseguridad. Según indicaron técnicos del sector, las heridas abiertas en la madera funcionan como puertas de acceso para microorganismos patógenos que aprovechan la humedad estacional. El error más frecuente detectado por los expertos no es la intensidad del corte, sino la omisión de la desinfección de las herramientas entre planta y planta. Esta negligencia facilita la propagación de virus y bacterias que ingresan rápidamente a través de la savia, provocando cuadros de marchitamiento, muerte de brotes o la denominada agalla de la corona, especialmente cuando las intervenciones se realizan cerca del nivel del suelo.

El manejo de las infecciones fúngicas representa el mayor desafío para los propietarios de jardines y productores. Las esporas de hongos penetran en los cortes frescos, instalándose en la madera para causar pudriciones internas que, en muchos casos, resultan crónicas e irreversibles. Para mitigar este avance, los ingenieros agrónomos recomiendan el uso de desinfectantes comunes como lavandina, alcohol yodado o agua oxigenada. Además, se enfatiza la prohibición técnica de podar durante días de lluvia o alta humedad ambiente, ya que el agua actúa como vehículo para los patógenos. Tampoco se aconseja intervenir las plantas en horarios cercanos al anochecer, debido a que la acumulación de rocío nocturno sobre la herida fresca impide una cicatrización rápida y favorece la colonización microbiológica inmediata.

Para garantizar una estructura vegetal fuerte, los especialistas sugieren seguir siete principios fundamentales de sanidad. El primero consiste en eliminar ramas peligrosas, muertas o dañadas para frenar la propagación de plagas preexistentes. En segundo lugar, se debe establecer una copa equilibrada que permita la entrada de luz y aire. El tercer punto exige respetar el reposo vegetativo de finales de invierno para evitar la pérdida excesiva de savia. Como cuarta y quinta medida, los cortes deben ser siempre en bisel —para evitar que el agua se estanque— y realizarse exactamente un centímetro por encima de una yema orientada al exterior, evitando el “efecto plumero”. Finalmente, se debe asegurar que las herramientas estén perfectamente afiladas para no desgarrar los tejidos y dirigir la savia hacia ramas pequeñas que actúen como tirasavias, acelerando el proceso natural de sellado del ejemplar.

Contexto

La práctica de la poda en Argentina se concentra mayoritariamente entre los meses de junio y agosto, coincidiendo con el período de latencia de la mayoría de las especies caducifolias. Históricamente, esta tarea se realizaba con un enfoque puramente estético o productivo, pero el cambio en los patrones climáticos y la aparición de nuevas cepas bacterianas han obligado a replantear la actividad desde una perspectiva fitosanitaria. La acumulación de humedad en inviernos menos rigurosos ha incrementado la prevalencia de cancros y enfermedades de la madera que antes eran menos frecuentes en zonas templadas. Este escenario exige que el mantenimiento de espacios verdes deje de ser una tarea intuitiva para transformarse en un proceso técnico que contemple la vulnerabilidad biológica de cada especie frente a las agresiones externas del entorno.

Ante la falta de productos selladores en algunos mercados locales, ha resurgido el uso de soluciones tradicionales de alta eficacia como la pasta bordelesa. Esta mezcla fungicida y bactericida se consolida como la barrera física y química más confiable para proteger las heridas de gran tamaño. Su preparación requiere precisión técnica: se utilizan 1 kilogramo de sulfato de cobre (disponible en químicas), entre 1 y 2 kilogramos de cal viva o hidratada (habitual en corralones) y aproximadamente 8 litros de agua de red. El procedimiento correcto implica disolver el sulfato en 4 litros de agua tibia y la cal en el resto del volumen, para luego verter siempre el sulfato sobre la cal. Esta secuencia evita que la mezcla se corte, garantizando una pasta densa que debe aplicarse con brocha bajo estrictas medidas de seguridad, incluyendo el uso de guantes, mascarilla y protección ocular.

Impacto

El impacto de una mala praxis en la poda trasciende la estética del jardín y afecta directamente el patrimonio arbóreo y la biodiversidad urbana. Un árbol enfermo por una poda incorrecta no solo pierde su valor ornamental, sino que se convierte en un riesgo civil por la posibilidad de caída de ramas debilitadas por la pudrición interna. En términos económicos, el costo de intentar recuperar un ejemplar infectado con fungicidas sistémicos o, en el peor de los casos, su remoción y reemplazo, supera ampliamente la inversión en herramientas de calidad y productos de desinfección. Además, la debilidad estructural causada por infecciones bacterianas hace que las plantas sean más susceptibles a ataques secundarios de insectos y otros agentes que terminan por colapsar el sistema inmunológico del vegetal en pocos ciclos estacionales.

La correcta aplicación de estas técnicas asegura que la planta pueda compartimentar la herida de forma eficiente, un proceso biológico donde el árbol genera barreras físicas para aislar el tejido dañado. Si el corte es prolijo y está protegido por una pasta preventiva, las probabilidades de supervivencia aumentan en un 90% respecto a ejemplares dejados a la intemperie sin tratamiento. La educación de los operarios y aficionados en el manejo de herramientas afiladas es, por lo tanto, la herramienta de prevención más barata y efectiva disponible actualmente para la preservación de la salud vegetal en entornos públicos y privados, garantizando que el crecimiento primaveral sea vigoroso y libre de patógenos latentes.

Con el cierre de la ventana de poda invernal en las próximas semanas, las autoridades sanitarias recomiendan realizar una inspección final de los cortes efectuados para detectar signos tempranos de exudación de savia o coloraciones extrañas en la madera. El próximo paso crítico para los propietarios será el monitoreo durante el inicio de la primavera, momento en que las infecciones contraídas durante el invierno suelen manifestarse con mayor claridad ante el aumento de la presión de la savia y las temperaturas medias.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias