El voluntariado profesional en Argentina se consolidó este año como un motor crítico para la inserción laboral juvenil, logrando reducir la brecha de capital social en sectores vulnerables mediante programas de mentoría y capacitación técnica directa.
En un mercado laboral cada vez más competitivo, miles de jóvenes enfrentan barreras que exceden la formación académica. Según datos de la Fundación EMPUJAR, la falta de referentes profesionales y el desconocimiento de los códigos corporativos actúan como obstáculos invisibles. María Luján Morienega, de 22 años, relató que su ingreso al programa “Tu Empleo” fue motivado por la necesidad de superar miedos y falta de certezas sobre sus capacidades. Como ella, Magalí Quena, de 19 años, destacó que el acompañamiento de mentores voluntarios permitió no solo adquirir herramientas técnicas, sino también fortalecer su identidad y confianza emocional para afrontar entrevistas laborales. Estas experiencias reflejan una tendencia creciente donde el conocimiento acumulado por trabajadores experimentados se transfiere de manera directa a quienes buscan su primera oportunidad en el sector formal.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina, sino que responde a una tendencia corporativa global. El informe Giving in Numbers 2024, elaborado por Chief Executives for Corporate Purpose (CECP), reveló que entre 2021 y 2023 las horas dedicadas al voluntariado por parte de empleados crecieron un 75%. En el ámbito local, la Fundación EMPUJAR moviliza anualmente a más de 1.500 profesionales voluntarios. Estos especialistas participan en simulaciones de entrevistas, talleres de oratoria y visitas guiadas a plantas industriales o edificios de oficinas. Florencia Segal, responsable de desarrollo institucional de la fundación, explicó que las desigualdades comienzan mucho antes del primer currículum, ya que muchos jóvenes provienen de hogares donde el empleo formal no ha sido la norma durante generaciones, privándolos de códigos y expectativas que otros incorporan de forma natural en su entorno familiar.
Contexto
La problemática del empleo juvenil en Argentina se enmarca en una crisis estructural de acceso al denominado “capital social”. Este concepto, definido por especialistas en sociología del trabajo, abarca el conjunto de vínculos, referencias y experiencias que facilitan la comprensión del funcionamiento de las organizaciones. Históricamente, el acceso a estos activos estuvo ligado al nivel socioeconómico de la familia de origen. Sin embargo, en la última década, las organizaciones de la sociedad civil y las áreas de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) han intentado democratizar este acceso. La brecha se hace evidente cuando un postulante, a pesar de tener el título secundario, desconoce cómo presentarse ante un reclutador o qué habilidades blandas son valoradas en una posición administrativa o técnica.
El antecedente inmediato de este auge se encuentra en la transformación de las políticas de sustentabilidad de las grandes compañías. Anteriormente, el voluntariado se limitaba a tareas asistenciales o de infraestructura. Actualmente, el enfoque viró hacia el “voluntariado basado en habilidades” (skills-based volunteering). Profesionales como Valeria Fernández Tryskier, licenciada en Psicología con 15 años de experiencia en gestión de personas, o Laura Bacigalupo, experta en e-commerce, representan este nuevo perfil de voluntario que aporta su expertise técnico para guiar a jóvenes como Martín o Félix Benítez, de 19 años, quienes a menudo carecen de una red de contactos que los oriente en sus primeros pasos profesionales.
Impacto
El impacto de estas iniciativas es bidireccional y afecta tanto a la productividad de las empresas como a la movilidad social ascendente. Para los jóvenes, el beneficio inmediato es la adquisición de herramientas concretas: el 90% de los participantes de estos programas logran mejorar su desempeño en procesos de selección. No obstante, el impacto más profundo reside en la expansión del horizonte de posibilidades. Cuando un joven que nunca entró a una oficina corporativa mantiene un diálogo directo con un gerente o un especialista, se rompe una barrera psicológica que suele autolimitar las aspiraciones de carrera. La transferencia de capital social permite que el talento individual no se pierda por falta de conexiones o desconocimiento de protocolos básicos.
Desde la perspectiva empresarial, el voluntariado profesional mejora el clima interno y el compromiso de los empleados (engagement). Los datos del CECP indican que las compañías con programas de voluntariado activos presentan menores tasas de rotación de personal. Los voluntarios, al actuar como mentores, desarrollan habilidades de liderazgo y empatía que luego aplican en sus equipos de trabajo. Además, este sistema funciona como un radar de talento: las empresas entran en contacto con jóvenes capacitados y motivados que, de otro modo, no habrían llegado a sus bases de datos de Recursos Humanos. Se genera así un ecosistema donde la inversión social se traduce en una mejora del tejido laboral general.
El desafío hacia adelante radica en la escalabilidad de estos modelos para alcanzar a los sectores más postergados del conurbano bonaerense y el interior del país. Mientras la participación de los empleados siga en alza, la tensión pendiente se centrará en la capacidad de las pymes para integrarse a estas redes de mentoría, que hoy son lideradas mayoritariamente por grandes corporaciones. La consolidación de estos puentes entre el mundo profesional y la juventud vulnerable será determinante para las estadísticas de empleo del próximo bienio, en un escenario económico que demanda cada vez más especialización y adaptabilidad.