Argentina y España disputan este domingo a las 16:00 la final de la Copa del Mundo en Nueva York, Estados Unidos, en la edición número 24 del certamen máximo del fútbol masculino organizado por la FIFA desde su creación en 1930.
El encuentro define al nuevo monarca del fútbol global en un escenario de máxima seguridad, donde el trofeo original de oro macizo no será entregado de forma definitiva a ninguna de las dos federaciones. Según confirmaron fuentes de la FIFA, el reglamento vigente establece que la pieza auténtica, diseñada por el escultor italiano Silvio Gazzaniga, debe retornar a la sede de la institución en Zurich, Suiza, inmediatamente después de la ceremonia de premiación. El equipo ganador recibirá en su lugar el denominado “Trofeo del Ganador de la Copa Mundial”, una réplica confeccionada en bronce y enchapada en oro, una medida de protección que el organismo rector adoptó para evitar los incidentes delictivos que marcaron la historia del trofeo anterior, la Copa Jules Rimet.
La actual Copa del Mundo, que reemplazó a la Jules Rimet a partir de 1974, es una obra de ingeniería y arte que pesa 6,17 kilos, de los cuales cinco kilos corresponden a oro puro de 18 quilates. Con una altura de 36,5 centímetros y una base de 13 centímetros de diámetro, el diseño presenta a dos figuras humanas que sostienen el planeta Tierra en un gesto de victoria. La estructura se apoya sobre dos anillos de malaquita, una piedra semipreciosa de color verde que simboliza la conexión con la naturaleza. En la base metálica se encuentran grabados los nombres de todos los campeones desde el Mundial de Alemania 1974, incluyendo a Argentina en tres oportunidades (1978, 1986 y 2022), Alemania (1974, 1990, 2014), Italia (1982, 2006), Brasil (1994, 2002), Francia (1998, 2018) y España (2010).
Contexto
La historia de los trofeos mundiales está atravesada por tensiones políticas y episodios policiales que forzaron a la FIFA a endurecer sus protocolos de seguridad. El primer trofeo, la Copa Jules Rimet, representaba a la diosa Nike y fue obra del francés Abel Lafleur. Durante la Segunda Guerra Mundial, el torneo debió suspenderse en 1942 y 1946, lo que impidió que la competencia mantuviera su ritmo cuatrienal. Previamente, en 1934, el Mundial de Italia estuvo marcado por la presión del régimen de Benito Mussolini, quien según registros históricos amenazó con represalias físicas a su plantel si no obtenía el título. En aquel equipo italiano jugaron cuatro argentinos nacionalizados: Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría, quienes terminaron alzando la copa bajo un clima de extrema hostilidad política.
El destino de la Jules Rimet terminó en tragedia institucional. Tras ser ganada en propiedad por Brasil en 1970 al alcanzar su tercer título, la copa fue robada en 1983 de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) en Río de Janeiro. Las investigaciones del detective Miguel Murilo señalaron a José Luiz Vieira y Francisco Rocha como autores materiales, pero apuntaron al argentino Juan Hernández, un fundidor de metales preciosos, como el cerebro detrás del plan. Aunque Hernández nunca confesó explícitamente, la justicia brasileña lo condenó por el hecho. Los informes de la época sugieren que el trofeo, de 3,8 kilos de oro y base de lapislázuli, fue fundido y convertido en lingotes, desapareciendo para siempre del patrimonio deportivo mundial.
Impacto
La decisión de mantener el trofeo original en Zurich tiene un impacto directo en la logística de las celebraciones nacionales. A diferencia de lo ocurrido hasta 1970, cuando el campeón conservaba la pieza original por cuatro años, hoy la seguridad prima sobre la tradición de exhibición. Para las federaciones de Argentina y España, el triunfo de hoy representa no solo la gloria deportiva, sino la obtención de una réplica oficial que es la única autorizada para permanecer en las vitrinas de sus respectivos países. Este sistema de réplicas de bronce enchapado garantiza que el valor intrínseco del oro y la importancia histórica de la pieza original no corran riesgos ante posibles intentos de robo o vandalismo durante los festejos populares.
Desde el punto de vista económico y simbólico, la Copa del Mundo se ha transformado en el objeto más valioso del deporte internacional. El diseño de Gazzaniga, que algunos analistas asocian visualmente con las formas curvas de la naturaleza, ha resistido el paso de cinco décadas sin modificaciones. La inscripción de los campeones en la base es un proceso meticuloso que se realiza tras cada final, asegurando que la cronología del fútbol quede sellada en el metal precioso. Para la Argentina, una victoria hoy significaría sumar la cuarta estrella a su escudo, consolidándose como la cuarta potencia histórica detrás de Brasil (5), Alemania (4) e Italia (4), mientras que para España representaría su segunda conquista tras el éxito de Sudáfrica 2010.
El cierre de esta edición número 24 en Nueva York marca un hito en la expansión del torneo hacia mercados norteamericanos, consolidando un modelo de negocio donde la seguridad del trofeo es tan prioritaria como el espectáculo televisivo. Una vez que el árbitro marque el final del partido y se realice la entrega de medallas, la Copa del Mundo original iniciará su traslado bajo custodia privada hacia el aeropuerto, con destino final a la caja fuerte de la FIFA en Suiza. El próximo paso para el fútbol mundial será la planificación del centenario del torneo en 2030, mientras el trofeo actual seguirá sumando nombres a su base hasta que el espacio físico obligue a una nueva reforma en su diseño o estructura.