INTERNACIONAL

Mundial 2026: la FIFA proyecta ingresos récord de 13.000 millones

El torneo ampliado a 48 selecciones en Norteamérica genera una brecha económica histórica entre los beneficios de los organizadores y el alto costo para los aficionados.

Redacción El Capitán 18 de julio de 2026 6 min de lectura
Mundial 2026: la FIFA proyecta ingresos récord de 13.000 millones
Foto: BBC Mundo

La FIFA proyecta ingresos por 13.000 millones de dólares durante el ciclo del Mundial 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, consolidando una cifra récord impulsada por la expansión del torneo a 48 selecciones nacionales participantes.

El salto financiero respecto a los 7.600 millones de dólares recaudados en Qatar 2022 responde a una estrategia de escala sin precedentes. Según indicaron analistas del mercado financiero y Marion Laboure, estratega sénior de Deutsche Bank Research, el organismo rector del fútbol mundial se posiciona como el principal ganador económico del evento. Los ingresos provienen de una estructura diversificada que incluye la venta de derechos de transmisión, licencias comerciales, patrocinios globales y una agresiva política en la venta de entradas. Un componente novedoso en este esquema es la plataforma oficial de reventa de la FIFA, que aplica una comisión del 15% tanto al comprador como al vendedor, capturando un flujo de dinero que anteriormente circulaba en mercados informales. Este modelo de negocio busca capitalizar el interés de mercados masivos como China e India, cuya potencial inclusión en futuros torneos de 64 equipos garantizaría audiencias de miles de millones de espectadores adicionales.

En la otra cara de la moneda, los aficionados enfrentan una presión económica extrema debido a la implementación de precios dinámicos, un sistema que ajusta el valor de los tickets según la demanda en tiempo real. Las cifras alcanzaron niveles críticos: mientras que las entradas para la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey se ofrecieron oficialmente a 32.970 dólares, en el mercado de reventa se detectaron ofertas que superaron los 2 millones de dólares. Incluso figuras políticas de alto perfil, como el presidente estadounidense Donald Trump, cuestionaron públicamente los costos, señalando que no pagaría los 1.000 dólares previstos para el partido inaugural de su país contra Paraguay. A este gasto se suma el encarecimiento del transporte y el alojamiento; por ejemplo, el servicio de tren New Jersey Transit elevó el pasaje al estadio de 12,90 a 150 dólares durante los días de partido, aunque la indignación pública forzó una revisión parcial de las tarifas.

Contexto

La elección de Norteamérica como sede para 2026 no es casual, sino que responde a la infraestructura ya existente y a la madurez del mercado publicitario en la región. A diferencia de ediciones anteriores donde se requirieron inversiones multimillonarias en estadios nuevos, como en Sudáfrica 2010 o Brasil 2014, este Mundial utiliza recintos de primer nivel que ya están operativos. Sin embargo, Alexander Budzier, investigador de la Universidad de Oxford y director de Oxford Global Projects, advierte que esta falta de construcción nueva limita el beneficio de regeneración urbana a largo plazo. Según el especialista, los grandes eventos deportivos suelen generar empleos temporales de baja remuneración en el sector servicios, pero no necesariamente riqueza estructural para las ciudades anfitrionas. El antecedente de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde se transformó el área de Stratford, se presenta como la excepción y no como la regla para este tipo de competiciones masivas.

El ecosistema comercial también se ve alterado por la introducción de las pausas de hidratación de tres minutos. Aunque el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, las definió como una medida estrictamente deportiva para proteger a los jugadores, las cadenas de televisión las transformaron en bloques publicitarios de alto valor. En Estados Unidos, Fox Sports —que pagó 485 millones de dólares por los derechos— comercializó estos espacios bajo el formato de patrocinios exclusivos. Se estima que un anuncio de 30 segundos durante la Copa del Mundo promedia entre 200.000 y 300.000 dólares, alcanzando picos de 750.000 dólares durante los partidos de la selección estadounidense en instancias decisivas. Esta monetización del tiempo de juego refuerza la idea de que el formato ampliado es, ante todo, un modelo de negocio basado en la escala y la repetición de impactos publicitarios.

Impacto

El impacto directo se siente con fuerza en la industria de la indumentaria deportiva y el marketing de embajadores. Marcas como Adidas y Nike reportaron un crecimiento exponencial; Nike duplicó sus ventas de camisetas respecto al Mundial anterior, con Inglaterra, Francia y Brasil liderando la demanda. Por su parte, Adidas encontró en la camiseta de México su producto más vendido, mientras que en el Reino Unido, la indumentaria de Escocia superó las expectativas comerciales. El fenómeno de la “moda futbolística” impulsado por la Generación Z en redes sociales como TikTok e Instagram, según describe la periodista Cee Valentina, convirtió a las prendas deportivas en artículos de lujo y uso cotidiano, lo que garantiza ingresos sostenidos más allá de la duración del torneo.

Asimismo, figuras icónicas como David Beckham demuestran que el valor comercial trasciende el retiro profesional. Beckham, copropietario del Inter Miami —franquicia valuada en 1.450 millones de dólares—, protagonizó campañas para marcas tan diversas como Home Depot, Bank of America y Adidas, utilizando incluso versiones de inteligencia artificial para cumplir con sus compromisos publicitarios. Esta omnipresencia de marcas oficiales contrasta con estrategias de marketing de guerrilla de empresas no patrocinadoras, como Levi’s, que logró capitalizar la censura de su logotipo en el estadio de San Francisco para generar conversación en redes sociales. El Mundial 2026 se consolida así como un laboratorio de nuevas estrategias de consumo donde la tecnología y la segmentación de audiencias juegan un rol central.

Hacia el cierre del torneo, la tensión se centrará en la capacidad de las 16 ciudades anfitrionas para retener parte de los 41.000 millones de dólares que la FIFA estima se sumarán a la economía global. Mientras el organismo rector asegura que se crearán 185.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, los analistas económicos seguirán de cerca si este flujo de capital se traduce en un crecimiento real o si, como ocurrió en ediciones pasadas, el beneficio quedará concentrado en las arcas de la organización y los grandes patrocinadores transnacionales. El próximo paso será evaluar el impacto del turismo en ciudades como Boston, donde el consumo masivo de los visitantes ya puso a prueba la logística local, marcando el pulso de lo que será la Copa del Mundo más lucrativa y costosa de la historia.

Fuente: BBC Mundo

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por BBC Mundo.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias