La búsqueda de Lucas Gámez, el niño argentino de ocho años desaparecido tras los sismos en Venezuela, entró en una fase crítica este lunes mientras su madre, Blancalida Martínez Coronado, anunció su retiro de las redes sociales.
La decisión de la mujer responde a una ola de hostigamiento digital y cuestionamientos sobre la veracidad de la tragedia, en un momento donde los equipos de rescate concentran sus esfuerzos en un punto específico de La Guaira. Según informaron fuentes de la Cancillería Argentina y del Ministerio de Seguridad, los especialistas trabajan actualmente sobre una señal térmica detectada mediante tecnología de escaneo en el sitio donde el menor fue visto por última vez. Los rescatistas intentan perforar un túnel de acceso hacia el origen de esa fuente de calor, que podría indicar la presencia de sobrevivientes bajo los escombros del edificio donde Lucas se encontraba junto a su tío al momento del desastre. La familia mantiene la esperanza de un hallazgo con vida, a pesar de que la información logística sobre la ubicación exacta del niño en el instante del colapso sigue siendo fragmentaria debido a fallas en los ascensores de la estructura.
Martínez Coronado utilizó su cuenta de Instagram para comunicar su alejamiento temporal, denunciando comentarios que calificó como provenientes de personas con “alma oscura”. La madre del menor relató que recibió críticas por realizar actos simbólicos, como cantarle el cumpleaños a su hijo desaparecido, y enfrentó acusaciones infundadas que sugerían que la situación era un montaje mediático. “He decidido que lo mejor es dejar un tiempo la cuenta. Es doloroso leer gente que opina sobre cómo debería llevar este proceso o personas que creen que Lucas ya salió y su papá y yo armamos este show para salir en la televisión”, expresó la mujer en su último posteo. En sus declaraciones, pidió a quienes mantienen la fe que continúen con las cadenas de oración, mientras los equipos técnicos del Sistema Nacional de Búsqueda y Rescate (USAR) intensifican las maniobras de remoción de escombros en un terreno extremadamente inestable y peligroso.
Contexto
El desastre natural que afecta a Venezuela se originó el pasado 24 de junio con un doble sismo de magnitudes 7,2 y 7,5 en la escala de Richter, afectando principalmente la zona norte del país y el estado de La Guaira. De acuerdo con el último balance oficial proporcionado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez el sábado pasado, la cifra de fallecidos ascendió a 2.954 personas, lo que representa un incremento de 309 víctimas fatales respecto al reporte del viernes previo. El informe gubernamental detalla además que existen 16.592 heridos y que más de 16.000 ciudadanos perdieron sus hogares debido al colapso total o parcial de 856 edificios. Aunque el gobierno venezolano no ha publicado una cifra oficial de desaparecidos, estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sugieren que el número de personas cuyo paradero se desconoce podría alcanzar las 50.000, dada la densidad poblacional de las áreas costeras afectadas.
Lucas Gámez se encontraba de vacaciones en el balneario de La Guaira, ubicado a unos 40 kilómetros de Caracas, cuando ocurrió el primer movimiento telúrico. Minutos antes del sismo, el niño había regresado de la playa hacia un departamento situado en un segundo piso. Los antecedentes recopilados por los investigadores indican que el ascensor principal del edificio estaba fuera de servicio, lo que obligó al menor y a su tío a utilizar una vía alternativa de egreso o desplazamiento interno justo antes del derrumbe. Esta variable técnica es la que dificulta hoy la precisión de las tareas de excavación, ya que no se tiene certeza de si quedaron atrapados en un palier, en una escalera de emergencia o en un segundo elevador. La zona cero en La Guaira presenta un panorama de devastación casi total, con infraestructuras hoteleras y residenciales reducidas a escombros, lo que ha forzado a miles de damnificados a instalarse en refugios improvisados en parques públicos.
Impacto
La desaparición del niño argentino motivó una respuesta diplomática y operativa inmediata por parte del gobierno de Javier Milei, que envió dos cargamentos de ayuda humanitaria coordinados por el Ministerio de Defensa y la Cancillería. El despliegue incluye a 16 operadores del Ejército Argentino especializados en plantas potabilizadoras de agua, además de brigadas USAR con capacidad para intervenir en estructuras colapsadas, inundaciones e incendios. La presencia argentina en el terreno es significativa: se han enviado drones con operadores térmicos, perros de búsqueda de la Armada Argentina y del Ejército, 134 carpas, 48 kits de cocina, camillas y equipos de aire acondicionado para los hospitales de campaña. Este operativo no solo busca localizar a Gámez, sino también asistir en la crisis sanitaria que atraviesa la región ante la falta de servicios básicos y el riesgo de brotes infecciosos en los centros de evacuados.
El impacto social de la tragedia se ve agravado por la saturación de los sistemas de emergencia locales y la falta de equipos pesados para la remoción de grandes bloques de hormigón. Para la comunidad argentina residente en Venezuela y para los familiares de las víctimas, la detección de la fuente de calor representa la última oportunidad técnica de encontrar sobrevivientes antes de que se cumplan los protocolos internacionales que marcan el fin de la fase de rescate activo. Los especialistas en estructuras colapsadas advierten que el tiempo es el factor determinante, ya que las condiciones de ventilación y acceso a agua dentro de los huecos de vida de los edificios derrumbados son extremadamente limitadas tras más de dos semanas del evento inicial. La presión sobre los equipos de rescate es máxima, mientras el entorno político y social venezolano se mantiene en vilo por la actualización constante de las cifras de víctimas.
En las próximas horas, los equipos técnicos argentinos y venezolanos esperan completar la excavación del túnel hacia el punto de calor identificado. El éxito de esta maniobra determinará si la señal corresponde efectivamente a una persona con vida o si se trata de una interferencia térmica del terreno. Mientras tanto, la familia de Lucas Gámez permanecerá en contacto directo con las autoridades consulares en Caracas, a la espera de una confirmación oficial que ponga fin a la incertidumbre sobre el paradero del menor, en un escenario donde la tensión entre la esperanza de un milagro y la realidad de la devastación marca el ritmo de las operaciones en La Guaira.