CULTURA

La RAE y Fundéu fijan criterios de redacción ante sismos en Venezuela

La Real Academia Española y la Fundación del Español Urgente establecieron pautas lingüísticas precisas para informar sobre los recientes terremotos en Venezuela, priorizando la unidad idiomática y la precisión técnica en los medios de comunicación.

Redacción El Capitán 25 de junio de 2026 6 min de lectura
La RAE y Fundéu fijan criterios de redacción ante sismos en Venezuela
Foto: Infobae

La Real Academia Española (RAE) y la Fundación del Español Urgente (Fundéu) emitieron una serie de recomendaciones lingüísticas específicas tras los recientes terremotos registrados en Venezuela para unificar criterios de redacción en los medios de comunicación hispanohablantes.

El manual de estilo difundido por estas instituciones busca evitar calcos del inglés y errores técnicos en la descripción de fenómenos sísmicos. Según fuentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), la precisión en el uso de términos como sismo o seísmo resulta fundamental para la claridad informativa. Mientras que en América predomina el uso de sismo, en España es más frecuente seísmo, siendo ambas formas plenamente válidas. Sin embargo, los especialistas advierten que conceptos como hipocentro y epicentro suelen confundirse en las crónicas periodísticas. El hipocentro, o foco sísmico, se localiza en el interior de la corteza terrestre, mientras que el epicentro es el punto exacto en la superficie donde el movimiento alcanza su mayor intensidad. Un dato clave aportado por la academia es que estos puntos geográficos se localizan, no ocurren ni se producen, ya que no son eventos en sí mismos, sino coordenadas físicas.

En cuanto a la medición de los fenómenos, la RAE enfatiza que la expresión correcta de la magnitud debe seguir al sustantivo, como en magnitud de 7,5, y no anteponerse como de 7,5 magnitud, una estructura que constituye un calco sintáctico del inglés. Respecto a la puntuación de las cifras, se aclaró que tanto el punto como la coma son signos válidos para separar decimales, permitiendo redacciones como magnitud 7.2 o magnitud 7,5 indistintamente. Asimismo, el término doblete sísmico, utilizado para describir la naturaleza técnica de lo ocurrido en territorio venezolano, no requiere el uso de comillas. Estas precisiones técnicas se extienden a la denominación de las zonas afectadas, donde el término estado debe escribirse con minúscula inicial al referirse a una entidad política no independiente, como el estado de La Guaira, manteniendo la mayúscula solo en el artículo si este forma parte del nombre propio oficial.

La normativa también alcanza a la descripción de las consecuencias materiales y humanas. Los verbos colapsar y asolar presentan particularidades gramaticales que suelen generar dudas. Colapsar puede utilizarse como transitivo, por ejemplo, el terremoto ha colapsado cientos de edificios, o como intransitivo, indicando que los edificios han colapsado. Por su parte, asolar, en su acepción de destruir, permite tanto la conjugación irregular tradicional (asuelo, asuela) como la regular (asolo, asola), según lo establecido en la Nueva gramática de la lengua española. Los expertos del Diccionario panhispánico de dudas subrayan la importancia de no confundir devastar con desbastar, siendo esta última referida a quitar las partes bastas de un objeto. Se rechazan terminantemente formas híbridas como debastar o desvastar, que carecen de sustento académico.

Contexto

La Real Academia Española fue fundada en Madrid en 1713 por Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, octavo marqués de Villena, con el objetivo de preservar la unidad del idioma. Desde la actualización de sus estatutos en 1993, la institución ha reforzado su política lingüística panhispánica en conjunto con otras 22 corporaciones que integran la ASALE, organismo creado en México en 1951. Esta estructura permite que el español, hablado por más de 500 millones de personas, mantenga una cohesión esencial a pesar de su evolución natural y la incorporación constante de neologismos. La alianza con Fundéu, una entidad sin fines de lucro, potencia esta misión al trasladar las normas académicas al ritmo vertiginoso de las redacciones digitales y los servicios de noticias internacionales.

Históricamente, la RAE ha enfrentado críticas por su supuesta lentitud en la aceptación de términos surgidos en redes sociales o el reconocimiento del lenguaje inclusivo. Como respuesta a estas demandas de la modernidad, en 2020 se lanzó el Observatorio de Palabras. Este repositorio digital funciona como un espacio provisional para términos que, aunque no figuran en el Diccionario de la Lengua Española (DLE), generan dudas frecuentes entre los hablantes. Allí se analizan extranjerismos, tecnicismos y regionalismos que están en proceso de evaluación, permitiendo que la academia mantenga un diálogo fluido con las nuevas generaciones de usuarios sin comprometer de forma inmediata la estructura normativa del idioma.

Impacto

La correcta aplicación de estas normas tiene un impacto directo en la credibilidad de los profesionales de la comunicación y en la calidad de la información que recibe la ciudadanía. En el ámbito laboral, el uso preciso de la sintaxis y la ortografía construye una imagen de seriedad y conocimiento, mientras que los errores pueden proyectar una percepción de descuido o falta de preparación. En situaciones de emergencia, como los sismos en Venezuela, la precisión terminológica evita confusiones sobre la ubicación de los daños o la gravedad de los eventos. Por ejemplo, el uso correcto de términos como zona cero, que debe escribirse en minúsculas y sin resaltes tipográficos, o la preferencia por labores de rescate sobre el anglicismo esfuerzo de rescate, garantiza una comunicación más clara y profesional.

Además, la unificación de criterios sobre nombres propios de infraestructuras, como el aeropuerto internacional Simón Bolívar, donde el sustantivo genérico va en minúscula, facilita la indexación de noticias en plataformas digitales globales. La distinción entre sobreviviente y superviviente, ambas formas aceptadas pero con usos geográficos diferenciados (la primera más común en América y la segunda en España), demuestra la flexibilidad de la norma para adaptarse a las realidades regionales sin fragmentar la lengua. Esta cohesión lingüística es lo que permite que un reporte técnico generado en Caracas sea perfectamente comprensible en Buenos Aires, Madrid o Ciudad de México, fortaleciendo el puente de comunicación entre los interlocutores del mundo hispanohablante.

Hacia adelante, la RAE y la ASALE continuarán monitoreando la evolución de los términos técnicos y sociales para su posible inclusión en la vigésima cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española. La tensión entre la norma académica y el uso coloquial de la lengua en plataformas digitales seguirá siendo el eje de los próximos debates lingüísticos, especialmente en lo que respecta a la velocidad de validación de nuevos vocablos. Se espera que en los próximos meses el Observatorio de Palabras incorpore nuevos términos derivados de la inteligencia artificial y las crisis climáticas globales, manteniendo el compromiso de velar por la unidad de un idioma en permanente expansión.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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