El director técnico de San Lorenzo, Gustavo Álvarez, notificó este lunes a doce futbolistas del plantel profesional que no serán tenidos en cuenta para la próxima pretemporada, tras una serie de reuniones con la nueva comisión directiva.
La reestructuración profunda en el vestuario de Boedo marca un punto de quiebre en la gestión deportiva del club. Según informaron fuentes de la institución, los jugadores afectados deberán presentarse a entrenar en un horario diferenciado al del grupo principal y utilizarán las instalaciones asignadas habitualmente a la Reserva. Esta decisión administrativa y deportiva busca reducir el número de integrantes del primer equipo para optimizar los trabajos de campo. Entre los nombres más destacados de la nómina de prescindibles se encuentra Luciano Vietto, quien arribó al club tras su paso por Racing pero no logró consolidarse en el esquema titular. El delantero registró apenas cinco partidos desde el inicio, ingresó en otros nueve desde el banco de suplentes y marcó tres goles, condicionado principalmente por una serie de lesiones que le impidieron tener continuidad bajo el mando de Álvarez.
El proceso de depuración afecta de manera directa a la política de incorporaciones reciente, ya que cinco de los siete refuerzos que llegaron a principios de este año integran la lista de bajas. Los futbolistas que dejarán de formar parte de la dinámica diaria son Guzmán Corujo, Mauricio Cardillo, Gonzalo Abrego y Gregorio Rodríguez. El caso de Rodríguez resulta llamativo para los analistas del mercado interno, dado que el jugador había sumado 16 partidos en el último semestre, siete de ellos como titular, aportando dos goles. Por su parte, Abrego, quien se encontraba a préstamo, no logró convencer al cuerpo técnico a pesar de las oportunidades otorgadas tanto por el interinato de Ayude como por el actual entrenador. En la misma línea, el defensor uruguayo Corujo y el volante Cardillo tuvieron una participación marginal en el campo de juego, lo que aceleró la decisión de su salida anticipada antes de la finalización de sus contratos en diciembre.
La nómina de apartados se completa con jugadores que, por diversos motivos contractuales o rendimientos deportivos, perdieron terreno en la consideración del cuerpo técnico. Facundo Altamirano, quien había perdido incluso su lugar en el banco de suplentes, encabeza este segundo grupo junto al delantero colombiano Diego Herazo, quien no pudo sostener su lugar pese a haber contado con minutos de juego significativos. También figuran Franco Lorenzón, tras su regreso de un préstamo en Deportivo Morón, y Maximiliano Zelaya, cuya incorporación había generado controversia administrativa y quien se marcha sin haber sumado minutos oficiales. La lista cierra con Gonzalo Alassia, Fabricio López —quien debe regresar a Deportivo Armenio al finalizar su cesión este mes— y el juvenil Francisco Perruzzi. Desde el Departamento de Fútbol indicaron que la intención es negociar rescisiones de contrato o buscar nuevos destinos a préstamo para alivianar la masa salarial del club.
Contexto
La llegada de una nueva conducción política a San Lorenzo, encabezada por Marcelo Moretti, trajo consigo una revisión integral de los activos futbolísticos y de los contratos firmados durante la transición institucional. El club atraviesa una etapa de reordenamiento financiero tras años de irregularidad en los resultados y deudas acumuladas que limitaron el margen de maniobra en los últimos mercados de pases. Gustavo Álvarez asumió el cargo con la premisa de profesionalizar las áreas de entrenamiento y reducir un plantel que se consideraba sobredimensionado para las competencias que el equipo debe afrontar en el corto plazo. Los antecedentes inmediatos muestran que el Ciclón ha tenido dificultades para sostener un proyecto deportivo a largo plazo, habiendo pasado por múltiples interinatos y cambios de esquema que derivaron en la contratación masiva de jugadores que no lograron adaptarse a la exigencia de la Primera División.
Históricamente, San Lorenzo ha recurrido a mercados de pases con gran cantidad de incorporaciones de bajo costo o apuestas de categorías inferiores, una estrategia que la actual dirigencia busca modificar priorizando la calidad sobre la cantidad. La decisión de apartar a doce profesionales simultáneamente no tiene precedentes cercanos en la historia moderna del club y responde a un diagnóstico severo sobre el estado físico y técnico de la plantilla heredada. Según fuentes cercanas a la Secretaría Técnica, la evaluación de Álvarez fue tajante respecto a la falta de ritmo de competencia de varios de los refuerzos que llegaron en enero, lo que motivó este “barajar y dar de nuevo” antes del inicio de las tareas de reacondicionamiento físico de cara al próximo torneo local y los compromisos internacionales pendientes.
Impacto
El impacto de esta medida es doble: por un lado, genera un ahorro proyectado en los gastos operativos del fútbol profesional, pero por otro, obliga a la dirigencia a acelerar las negociaciones para desprenderse de contratos vigentes que, de no resolverse, podrían derivar en conflictos legales o deudas por falta de pago. Para los jugadores, entrenar a contraturno y en vestuarios de juveniles representa una pérdida de valor de mercado y una presión directa para buscar una salida inmediata. En términos deportivos, el plantel queda conformado por un núcleo más reducido, donde solo sobrevivieron dos de los refuerzos de principios de año: Mathías De Ritis y Rodrigo Auzmendi. Esto deja a Álvarez con la necesidad de cubrir vacantes clave, especialmente en la zona defensiva y en la generación de juego, donde las bajas de Abrego y Rodríguez dejan huecos que deberán ser llenados con juveniles o nuevas incorporaciones de jerarquía.
Para el socio y el hincha, esta decisión representa una señal de autoridad por parte del entrenador, pero también una confirmación del fracaso de la política de fichajes previa. La salida de nombres como Vietto o Altamirano, que en su momento fueron presentados como soluciones para el equipo, evidencia la falta de un plan de scouting coherente en periodos anteriores. Operadores del mercado de pases sugieren que San Lorenzo tendrá ahora el desafío de colocar a estos doce futbolistas en otros clubes para evitar que el costo de sus salarios siga impactando en el presupuesto mensual sin recibir contraprestación deportiva alguna. La situación de los jugadores que terminan contrato a fin de año es la más urgente, ya que el club buscará rescindir de común acuerdo para liberar cupos y fondos destinados a los refuerzos que el técnico ya solicitó a la dirigencia.
El próximo paso para San Lorenzo será el inicio formal de la pretemporada, donde Gustavo Álvarez trabajará con un grupo de nueve juveniles seleccionados especialmente para integrarse al primer equipo. Mientras tanto, el Departamento Legal del club iniciará las conversaciones con los representantes de los doce marginados para definir los términos de sus desvinculaciones. La tensión se mantiene en torno a cómo reaccionará el gremio de futbolistas ante la decisión de los entrenamientos diferenciados, una práctica que suele ser cuestionada pero que el club justifica bajo criterios estrictamente deportivos. El éxito de esta “limpieza” se medirá en la capacidad de la dirigencia para reforzar el equipo con nombres que realmente eleven el nivel competitivo de cara a la segunda mitad del año.