CULTURA

El sistema judicial y la cultura del gasto: el dilema de los viáticos

Una serie de auditorías y devoluciones espontáneas de fondos en el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento exponen las fallas estructurales en el manejo de recursos públicos.

Redacción El Capitán 19 de junio de 2026 5 min de lectura
El sistema judicial y la cultura del gasto: el dilema de los viáticos
Foto: La Nación

El Consejo de la Magistratura de la Nación y el Jurado de Enjuiciamiento enfrentan una revisión de sus estructuras administrativas tras denuncias por cargos injustificados y el manejo irregular de viáticos durante misiones oficiales en el interior del país.

La problemática, que cobró relevancia institucional a partir de las presentaciones del entonces consejero Beinusz Szmukler, puso el foco en la existencia de estructuras de personal sobredimensionadas dentro del organismo encargado de seleccionar y sancionar magistrados. Según fuentes del Consejo de la Magistratura, la burocracia interna creció por encima de las necesidades operativas reales, consolidando cargos de difícil justificación técnica. Esta situación derivó en una presión pública que obligó a las autoridades a iniciar debates internos sobre la eficiencia del gasto y la transparencia en la contratación de asesores y colaboradores permanentes, en un contexto donde la sociedad demanda mayor austeridad a los organismos vinculados al Poder Judicial.

El foco de la controversia se desplazó luego hacia el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación, un cuerpo cuya función es esporádica y específica: juzgar y remover jueces. A pesar de su naturaleza excepcional, el organismo mantenía una estructura administrativa amplia y costosa. Durante el proceso seguido contra el exjuez federal de Salta, Ricardo Lona, una delegación de miembros del jurado y personal técnico se trasladó a dicha provincia para realizar audiencias presenciales. De acuerdo con registros contables de la administración judicial, cada integrante recibió viáticos para cubrir alojamiento, movilidad y comidas. Sin embargo, el viaje reveló una práctica arraigada en la administración pública argentina que excede lo estrictamente normativo y roza lo cultural.

Al regresar de Salta, se produjo un hecho sin precedentes administrativos: algunos integrantes de la comitiva intentaron devolver el dinero público que no habían utilizado. La hospitalidad local y las invitaciones de instituciones como la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes hicieron que los gastos reales fueran significativamente menores a los proyectados. Según operadores del sector administrativo, las oficinas no contaban con formularios ni procedimientos para recibir reintegros de fondos. La falta de antecedentes generó discusiones insólitas sobre qué oficina debía registrar el ingreso y bajo qué norma legal debía encuadrarse, evidenciando que el sistema estatal está diseñado para ejecutar partidas, pero no para recuperar excedentes de manera ágil.

Contexto

La crisis de transparencia en estos organismos tiene su raíz en agosto de 2004, cuando investigaciones periodísticas detallaron la presencia de empleados que percibían salarios sin cumplir funciones efectivas, popularmente denominados como “ñoquis”. En aquel entonces, las denuncias de Szmukler apuntaban a un esquema de favores políticos que inflaba las planillas del Consejo de la Magistratura. Este antecedente es fundamental para entender por qué la devolución de viáticos años después fue recibida con resistencia interna. No se trataba de un problema técnico de contabilidad, sino de una ruptura con la costumbre de “viaticar”, término informal que describe la percepción de gastos de movilidad como un sobresueldo o ingreso complementario no regulado.

Históricamente, el sistema de viáticos en Argentina ha funcionado bajo una lógica de suma alzada, donde el funcionario no suele estar obligado a rendir el excedente si los gastos fueron menores a lo estipulado por la categoría del cargo. Esta naturalización de pequeños privilegios ha permitido que, a lo largo de décadas, se consoliden estructuras paralelas de financiamiento indirecto para el personal jerárquico. La resistencia a la devolución de los fondos del caso Salta demostró que la normativa vigente no solo era insuficiente, sino que la propia inercia institucional desalentaba la honestidad administrativa para no exponer la discrecionalidad con la que se manejan estos recursos en otros ámbitos del Estado.

Impacto

El impacto de estas irregularidades y de la posterior dificultad para reintegrar fondos sobrantes afecta directamente la legitimidad del sistema judicial ante la ciudadanía. Según analistas de organismos de control, la persistencia de estas prácticas genera un perjuicio económico acumulativo que, aunque parezca menor en casos individuales, representa una cifra millonaria al consolidar el presupuesto anual de la justicia. La falta de mecanismos claros para la rendición de cuentas fomenta una cultura de opacidad donde el gasto público se desvincula de la eficiencia operativa. Esto obliga a una reingeniería de los procesos de auditoría interna para evitar que los viáticos sigan funcionando como un adicional salarial encubierto.

Además, la situación puso en evidencia la necesidad de modernizar los sistemas de gestión financiera del Estado. La imposibilidad inicial de procesar un reintegro voluntario mostró un vacío legal que protege el gasto ineficiente. Desde el Ministerio de Economía y la Sindicatura General de la Nación se ha señalado en diversas oportunidades que la burocratización del ahorro es uno de los mayores obstáculos para la reforma del Estado. Mientras no existan incentivos para la devolución de excedentes y castigos efectivos para la contratación de personal innecesario, la estructura administrativa continuará expandiéndose sin control real sobre sus resultados o su utilidad social.

La persistencia de estos problemas institucionales, dos décadas después de las primeras denuncias, sugiere que el desafío de la transparencia en la Argentina no es solo legislativo, sino profundamente cultural. La naturalización de beneficios como los cargos hereditarios, los asesores sin funciones y los viáticos automáticos constituye una deformación cotidiana que erosiona la confianza en las instituciones. El próximo paso para el Consejo de la Magistratura será la implementación de un sistema de rendición electrónica obligatoria que elimine la discrecionalidad en el uso de fondos públicos, una medida que aún enfrenta resistencias en diversos sectores del Poder Judicial.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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