La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que un fenómeno de El Niño de intensidad extrema comenzará en las próximas semanas de 2026, con el potencial de elevar las temperaturas globales a niveles históricos y generar desastres climáticos.
El organismo dependiente de las Naciones Unidas indicó que este episodio se intensificará durante el segundo semestre del año, impulsado por un calentamiento anómalo en el Océano Pacífico central. Según los registros de la OMM y diversas agencias meteorológicas nacionales, existe una probabilidad creciente de que este evento se transforme en un “Super El Niño”, una categoría que solo se ha alcanzado en contadas ocasiones desde 1950. Los especialistas monitorean con especial atención una región clave del Pacífico donde, en apenas tres meses, las aguas pasaron de temperaturas frías a niveles de calor extremo, con masas de agua cálida emergiendo frente a las costas de Sudamérica. Este cambio drástico en la termodinámica oceánica es el motor principal de las alteraciones atmosféricas que se esperan para los próximos meses.
De acuerdo con datos proporcionados por la Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office), la magnitud del fenómeno podría no tener precedentes. Adam Scaife, responsable de predicciones mensuales y decenales de dicho organismo, señaló que existe una alta confianza científica sobre la llegada de un evento de gran escala. Las mediciones técnicas indican que cuando la temperatura de la superficie del mar supera en más de 0,5 °C el promedio histórico de forma sostenida, se declara la fase de El Niño. Sin embargo, las proyecciones actuales sugieren que el calentamiento podría superar los 2 °C, el umbral técnico para ser considerado un evento “muy fuerte”. Los modelos climáticos analizados por expertos de la NASA y el Centro de Predicción Climática de la NOAA refuerzan esta tendencia, mostrando una masa de agua subterránea con temperaturas de hasta 6 °C por encima de la media avanzando hacia el este.
La científica física Michelle L’Heureux, integrante de la NOAA, explicó que el calor detectado en las profundidades marinas a cientos de metros de la superficie es un precursor directo de lo que ocurrirá en la atmósfera. Esta energía acumulada rivaliza con los episodios más intensos registrados en la historia moderna del clima. Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que las condiciones de El Niño funcionarán como un combustible adicional para el calentamiento global ya existente. Según el funcionario, los efectos serán severos y se propagarán a una velocidad devastadora, cruzando fronteras nacionales y afectando la infraestructura crítica, la producción de alimentos y la seguridad hídrica de millones de personas en diversos continentes.
Contexto
Para comprender la gravedad del anuncio, es necesario analizar los antecedentes de este ciclo climático. El Niño y su contraparte fría, La Niña, son oscilaciones naturales que ocurren cada dos a siete años. Sin embargo, el escenario de 2026 es radicalmente distinto al de décadas pasadas. En diciembre de 2025, el Pacífico central todavía mostraba signos de enfriamiento remanente, pero la transición hacia la fase cálida fue inusualmente rápida. Históricamente, el año 1998 fue recordado por un El Niño increíblemente intenso que marcó un hito en las temperaturas globales. No obstante, Zeke Hausfather, científico climático de Berkeley Earth, advirtió que si las temperaturas de 1998 ocurrieran hoy, ese año sería considerado “increíblemente frío” en comparación con el promedio de las últimas dos décadas, lo que evidencia el impacto acumulado de la actividad humana sobre el sistema climático.
El fenómeno se origina cuando los vientos alisios, que normalmente soplan hacia el oeste a lo largo del ecuador, se debilitan o cambian de dirección. Esto permite que el agua cálida acumulada en el sudeste asiático se desplace hacia las costas de América. Los registros históricos de la NOAA, que utilizan el Índice Oceánico Relativo de El Niño, muestran que los eventos de gran magnitud suelen alcanzar su pico máximo cerca de la Navidad. La preocupación actual de los científicos radica en que este ciclo se inicia sobre una base de calentamiento global ya elevada, lo que significa que el punto de partida térmico es mucho más alto que en los eventos de 1982-83 o 1997-98, los dos referentes más destructivos del siglo XX.
Impacto
Las consecuencias de un Super El Niño son multidimensionales y afectan tanto a la economía como a la biodiversidad. En Sudamérica, el sudeste asiático y Australia, el impacto principal se traduce en sequías prolongadas e incendios forestales, lo que pone en riesgo las exportaciones agrícolas y la generación hidroeléctrica. Por el contrario, en el sur de Estados Unidos y partes de la costa este de Sudamérica, el fenómeno suele manifestarse con lluvias torrenciales e inundaciones recurrentes. Según estimaciones de organismos financieros internacionales, los eventos pasados de esta magnitud provocaron pérdidas de ingresos por valor de billones de dólares debido a la interrupción de las cadenas de suministro y la pérdida total de cosechas de granos básicos como el arroz, el trigo y el maíz.
En términos de temperatura atmosférica, un El Niño intenso puede añadir aproximadamente 0,2 °C al promedio global de forma temporal. Aunque parece una cifra menor, en un planeta que ya roza los límites de los acuerdos climáticos internacionales, este incremento es suficiente para desencadenar olas de calor letales y el blanqueamiento masivo de arrecifes de coral. Zeke Hausfather indicó que es altamente probable que el año 2027 se convierta en el más caluroso jamás registrado en la historia de la humanidad, superando cualquier marca previa. Además, el fenómeno altera el monzón indio, vital para la agricultura de esa región, y puede modificar el comportamiento de los inviernos en Europa, generando un inicio de temporada suave seguido de finales extremadamente fríos en el Reino Unido y el noroeste del continente.
El próximo paso crítico para los servicios meteorológicos será determinar la persistencia de los vientos en el Pacífico durante el próximo trimestre. La mayor incógnita, según los expertos de la NOAA, sigue siendo la variabilidad de los patrones de viento, que podrían potenciar o mitigar levemente el fenómeno. Sin embargo, con la masa de calor ya desplazándose en las profundidades del océano, la comunidad científica internacional coincide en que el mundo debe prepararse para un periodo de inestabilidad climática extrema que pondrá a prueba la resiliencia de las economías globales hasta bien entrado el año 2027.