El Juzgado en lo Criminal y Correccional N° 12 dictó el 4 de abril de 2017 el sobreseimiento definitivo de Bárbara Vélez y Federico Bal, tras un extenso proceso judicial por lesiones dolosas leves calificadas y denuncias cruzadas por hurto.
La resolución judicial, que puso fin a una de las disputas legales más mediáticas de la última década en Argentina, determinó que no existían elementos probatorios suficientes para condenar a ninguna de las partes. El fallo no solo desestimó los cargos por agresiones físicas, sino que también desvinculó a la actriz de la acusación de hurto y dejó sin responsabilidad penal al conductor por el mismo delito. Según indicaron fuentes judiciales en aquel momento, la decisión se basó en la imposibilidad de establecer una autoría material categórica frente a relatos que resultaban diametralmente opuestos y que no pudieron ser corroborados por peritajes externos definitivos.
Durante la instrucción de la causa, los informes médicos jugaron un rol central, aunque terminaron exponiendo la complejidad del vínculo. La División Medicina Legal de la Policía Federal Argentina consignó que Federico Bal presentaba un hematoma de tres centímetros en la rodilla izquierda y una contusión en el brazo izquierdo, sobre una zona tatuada. Los peritos estimaron que dichas lesiones tenían una antigüedad de entre tres y cinco días, compatibles con el impacto contra un objeto duro, y establecieron que el tiempo de curación no superaría los treinta días. No obstante, el magistrado interviniente detectó inconsistencias en el relato del actor, quien inicialmente denunció golpes en rodillas y brazos, pero luego amplió su declaración mencionando lesiones en los muslos y la mano izquierda supuestamente provocadas con el taco de un zapato, las cuales no fueron constatadas en el reconocimiento médico oficial.
Por otro lado, el examen realizado a Bárbara Vélez por Guillermo Darsy, médico legista de la Comisaría de la Mujer y la Familia en Tigre, reveló un cuadro de mayor gravedad física. El informe detalló múltiples hematomas en el brazo derecho de diferentes diámetros, una escoriación tenue en el hemicuello derecho vinculada a una opresión cervical anterior y un globo hemático en la región occipital. Estas lesiones fueron calificadas como leves y resultaron compatibles con la ventana temporal de los hechos denunciados. El perito médico Carmelo Nápoli, quien analizó el caso, sostuvo que la joven fue víctima de violencia de pareja, subrayando que, si bien las marcas físicas desaparecerían en menos de un mes, las secuelas psicológicas persistirían de manera prolongada en su psiquis.
Contexto
El conflicto entre Vélez y Bal se hizo público en mayo de 2016, cuando la actriz posó para la portada de una revista de actualidad exhibiendo hematomas en sus brazos, lo que desencadenó una denuncia formal por violencia de género. Este hecho ocurrió en un momento de alta sensibilidad social en Argentina respecto a la problemática de la violencia contra las mujeres, marcando un precedente en la cobertura mediática de casos que involucran a figuras del espectáculo. Bal, por su parte, respondió con una contradenuncia alegando que Vélez había destrozado su departamento en un ataque de ira y que él solo había intentado contenerla físicamente para evitar mayores daños materiales y personales.
La relación, que se había iniciado en el verano de 2015 y fue seguida de cerca por los programas de espectáculos, terminó en medio de acusaciones de infidelidad, celos extremos y episodios de violencia que ambos admitieron en sede judicial, aunque con versiones contrapuestas sobre quién ejercía el rol de agresor. Los peritajes psicológicos realizados durante el proceso intentaron determinar perfiles de personalidad, pero la Justicia concluyó que las pruebas recolectadas carecían de la “fuerza convictiva suficiente” para romper el principio de inocencia de cualquiera de los dos imputados. La falta de testigos directos de los incidentes ocurridos en la intimidad del departamento del actor fue un factor determinante para el cierre de la causa.
Impacto
El fallo de 2017 tuvo un impacto significativo en la jurisprudencia de casos mediáticos, al demostrar las dificultades que enfrenta el sistema judicial para resolver situaciones de violencia doméstica cuando no existen pruebas objetivas irrefutables más allá de los testimonios de los involucrados. Para los especialistas en derecho penal, el sobreseimiento por falta de pruebas dejó un vacío de justicia para ambas partes, ya que ninguna pudo limpiar su imagen pública de manera definitiva ni obtener una reparación legal por los daños denunciados. La sentencia subrayó que la existencia de lesiones leves en ambos cuerpos no era prueba suficiente de una agresión unilateral, sino que podía responder a una dinámica de violencia cruzada difícil de desentrañar legalmente.
Desde una perspectiva social, el caso reactivó el debate sobre el tratamiento de la violencia de género en los medios de comunicación y la responsabilidad de las instituciones al abordar denuncias de este calibre. El perito Nápoli advirtió en sus conclusiones que la fragilidad de la vida de las mujeres en contextos de violencia de pareja es un tema que la Justicia no siempre logra capturar en su totalidad a través de los códigos vigentes. El impacto también se sintió en las carreras profesionales de ambos: mientras Bal continuó su trayectoria en la conducción y el teatro, Vélez optó por un perfil más bajo durante los años siguientes, aunque el tema vuelve a la agenda pública cada vez que alguno de los protagonistas hace referencia a su pasado común.
En la actualidad, el caso permanece como un punto de referencia sobre los límites de la prueba pericial en conflictos de pareja. Aunque la causa penal está cerrada y tiene autoridad de cosa juzgada, la reciente reaparición de testimonios y descargos públicos sugiere que la tensión emocional y la disputa por la narrativa de los hechos siguen vigentes. El próximo paso en este tipo de conflictos suele darse en el ámbito civil si alguna de las partes decidiera avanzar por daños y perjuicios, aunque tras siete años del fallo, las posibilidades de nuevas acciones legales parecen remotas, quedando la resolución final supeditada al juicio de la opinión pública.