INTERNACIONAL

Jorge Argüello advierte sobre la ruptura del orden global vigente

El exembajador argentino Jorge Argüello presentó su libro 'Efecto Mariposa', donde analiza la crisis de los organismos multilaterales y el impacto del nuevo liderazgo de Donald Trump en la geopolítica mundial.

Redacción El Capitán 1 de junio de 2026 5 min de lectura
Jorge Argüello advierte sobre la ruptura del orden global vigente
Foto: La Nación

El diplomático Jorge Argüello presentó en Buenos Aires su nuevo libro, donde advirtió que la capacidad de previsión en el escenario internacional se encuentra agotada debido al colapso de las instituciones nacidas tras la Segunda Guerra Mundial.

El análisis del exrepresentante ante las Naciones Unidas y los Estados Unidos plantea que el sistema de reglas globales atraviesa una mutación profunda e irreversible. Según indicaron analistas de política exterior, la parálisis de organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Consejo de Seguridad de la ONU refleja un desplazamiento del poder desde las instituciones hacia los Estados individuales. Argüello, quien presentó cartas credenciales ante Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden, sostiene que la incertidumbre es hoy la variable dominante, desplazando la predictibilidad que caracterizó a la diplomacia del siglo XX. En este esquema, la figura de Trump emerge como un líder sin las ataduras partidarias de su primer mandato, consolidando el movimiento MAGA como el eje central de la política estadounidense.

La inoperancia de los foros multilaterales se manifiesta, según el diplomático, en la incapacidad de resolver conflictos de alta intensidad como la invasión rusa en Ucrania o la crisis en la Franja de Gaza y el Líbano. Mientras que en décadas anteriores el Consejo de Seguridad intervenía mediante el despliegue de Cascos Azules o forzando mesas de negociación, hoy la Asamblea General de la ONU ha perdido su capacidad de generar resoluciones con consecuencias planetarias reales. Este vacío de autoridad institucional ha dado lugar a fenómenos antes impensables, como el rearme acelerado de Alemania y Japón, países que históricamente mantuvieron perfiles bajos en materia militar tras su derrota en 1945. Para Argüello, este giro de las potencias del Eje es una de las señales más elocuentes del fin de ciclo del orden liberal internacional.

En cuanto a la representación argentina en el exterior, el exembajador destacó la postulación de Rafael Grossi para la secretaría general de las Naciones Unidas. Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), compite en una terna que incluye a figuras de peso regional como Michelle Bachelet y Rebeca Grynspan. De acuerdo con fuentes de la Cancillería, la solvencia técnica de Grossi y su capacidad para generar confianza en escenarios críticos lo posicionan como un candidato competitivo. Argüello subrayó que el propio Grossi ha sido crítico con el funcionamiento actual de la ONU, una postura que considera necesaria para cualquier intento de reformulación del organismo que pretenda sobrevivir a la transición geopolítica en curso.

Contexto

El orden internacional que Argüello describe como “en descomposición” se gestó en 1945, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, las potencias vencedoras diseñaron un entramado de instituciones destinadas a evitar nuevos conflictos a gran escala y regular el comercio global. Sin embargo, la emergencia de China como potencia mesurada y el giro proteccionista de los Estados Unidos han erosionado los cimientos de la OMC y otros entes reguladores. Entre 2007 y 2011, durante su gestión como representante permanente ante la ONU, Argüello fue testigo de una transición donde las resoluciones todavía gozaban de cierto acatamiento, una realidad que contrasta con el escenario actual de desacato sistemático a las normas internacionales.

La evolución de Donald Trump es otro factor contextual determinante. En su primer mandato (2017-2021), el líder republicano carecía de experiencia en la gestión pública y dependía de la estructura tradicional de su partido. En la actualidad, tras haber superado diversos procesos electorales internos, Trump ejerce un control absoluto sobre el Partido Republicano, habiéndolo transformado en un movimiento personalista. Esta metamorfosis política en la principal potencia del mundo altera las alianzas tradicionales, incluyendo el vínculo histórico entre Estados Unidos y el Reino Unido, lo que abre interrogantes sobre el posicionamiento norteamericano respecto a la soberanía de las Islas Malvinas y otros reclamos territoriales globales.

Impacto

La ruptura de la previsibilidad global afecta directamente la planificación estratégica de los países emergentes, incluida la Argentina. El alineamiento de la administración actual con los Estados Unidos e Israel se produce en un momento donde las reglas de juego no son claras y donde el uso de países aliados en “pulseadas” geopolíticas ajenas es una práctica recurrente. Según operadores del mercado internacional, la volatilidad de las decisiones en la Casa Blanca, especialmente en materia de aranceles y tratados comerciales, obliga a las economías periféricas a adoptar esquemas de política exterior mucho más flexibles y menos dependientes de los marcos institucionales tradicionales que ya no ofrecen garantías de cumplimiento.

Asimismo, el impacto se extiende a la seguridad regional. El rearme de potencias que antes eran neutrales o estaban limitadas por tratados de posguerra altera el equilibrio de fuerzas global, incentivando una carrera armamentista que podría replicarse en otras latitudes. La noción de que “la ausencia de reglas es la regla” implica que los conflictos territoriales o comerciales ya no se dirimirán en paneles de expertos en Ginebra o Nueva York, sino mediante el ejercicio directo del poder estatal. Esto coloca a la diplomacia en una situación de vulnerabilidad, donde la creatividad y la capacidad de reacción inmediata de los embajadores pasan a ser más relevantes que los tratados firmados décadas atrás.

El escenario futuro inmediato estará marcado por la incertidumbre sobre la transformación del Consejo de Seguridad y la efectividad de los nuevos liderazgos disruptivos. La comunidad internacional observa con atención si la postulación de Rafael Grossi logra traccionar una reforma interna en la ONU o si, por el contrario, el organismo quedará relegado a un rol meramente testimonial. La tensión pendiente radica en descubrir qué tipo de orden surgirá del caos actual, un proceso que, según Argüello, se está gestando a una velocidad que supera la capacidad de análisis de la academia y la política tradicional.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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