Expertos del mercado inmobiliario bonaerense aseguraron que realizar cinco reformas de bajo costo permite incrementar el valor de tasación de una vivienda hasta un 15% mediante mejoras en pintura, iluminación y revestimientos específicos.
En un escenario de alta competitividad para la venta y el alquiler, la presentación estética se convirtió en un factor determinante para cerrar operaciones. Alan Flexer, gerente de la sucursal San Isidro de la inmobiliaria Narvaez, explicó que los compradores actuales muestran una sensibilidad extrema hacia espacios críticos como la cocina, los baños y las áreas exteriores. Según el directivo, no resulta imperativo encarar una remodelación integral que afecte la estructura del inmueble para marcar una diferencia en el precio final. Por el contrario, la aplicación de materiales neutros y una puesta en valor enfocada en la funcionalidad y el mantenimiento preventivo logran mejorar la percepción del interesado. Flexer destacó que intervenciones como la renovación de artefactos de iluminación, la actualización de muebles de guardado y la mejora de balcones mediante paisajismo son herramientas clave para optimizar la rentabilidad de la unidad sin realizar una inversión de capital desmedida.
La pintura se posiciona como el punto de partida obligatorio para cualquier proceso de revalorización. Guillermo Ortega, gerente de la red de pinturerías Sui Color, recomendó realizar un “lavado de cara” integral utilizando productos de buena calidad pero de marcas propias, que pueden costar hasta un 50% menos que las firmas líderes del mercado. Ortega señaló que el ahorro más significativo se produce en la mano de obra, ya que muchas pinturerías ofrecen asesoramiento técnico gratuito para que los propios dueños ejecuten las tareas en paredes, techos, pisos y carpintería. Esta tendencia de autogestión en las reformas permite volcar el presupuesto ahorrado en materiales de mayor impacto visual. La utilización de colores innovadores ya listos para usar facilita que el propietario pueda estandarizar la estética de la vivienda, eliminando rastros de humedad o desgaste que suelen ser los principales motivos de regateo durante las visitas de potenciales compradores.
Por otro lado, el baño representa uno de los ambientes donde la percepción de valor puede cambiar de forma más drástica con cambios superficiales. El arquitecto Damián Revelli detalló soluciones accesibles para modernizar baños anticuados sin demoler azulejos. Una de las opciones más eficientes es la utilización de placas plásticas SPC, conocidas como mármol flexible, que se adhieren directamente sobre la superficie vieja con silicona. Revelli sugirió optar por formatos de 2,40 x 1,20 metros con espesores considerables para simular paneles de vidrio o piedra natural. Además, el profesional hizo hincapié en la iluminación como un factor transformador: la instalación de hasta doce puntos de luz dicroica distribuidos en zonas estratégicas como el espejo, la ducha y el inodoro puede modificar completamente la amplitud percibida. Complementariamente, la colocación de espejos de grandes dimensiones, que cubran la pared de punta a punta, y la elección de griferías en tonos negros o dorados, aportan un aire de modernidad que justifica un incremento en el valor pretendido.
Contexto
El mercado inmobiliario argentino atravesó en los últimos años un proceso de estancamiento en los precios de venta, lo que obligó a los propietarios a buscar diferenciales para destacar sus unidades en un stock sobreofertado. Históricamente, las remodelaciones se asociaban a procesos traumáticos de obra húmeda, con altos costos en dólares y plazos inciertos. Sin embargo, la aparición de nuevos materiales como el SPC, las pinturas de alta cobertura y la tecnología LED permitió que las reformas cosméticas ganen terreno. Según datos de cámaras del sector, una propiedad que no recibe mantenimiento estético durante más de cinco años puede sufrir una depreciación de mercado superior al 20%, independientemente de su ubicación. Esta realidad impulsó la profesionalización del “home staging”, una técnica de marketing inmobiliario que busca preparar la vivienda para que sea atractiva al mayor número de personas posible con la mínima inversión necesaria.
Impacto
La implementación de estas reformas tiene un impacto directo en la liquidez del activo inmobiliario. Operadores del mercado sostienen que una propiedad bien presentada no solo se vende a un precio más alto, sino que reduce el tiempo de permanencia en los portales de búsqueda en un 40%. Para el propietario, esto significa una recuperación rápida de la inversión realizada en materiales. En términos de rentabilidad por alquiler, una vivienda renovada permite seleccionar perfiles de inquilinos más solventes y justificar ajustes de precio por encima del promedio de la zona. Además, el uso de materiales modernos y de fácil limpieza reduce los costos de mantenimiento a largo plazo, evitando que el deterioro estructural avance sobre la rentabilidad del inmueble. La mejora de los espacios exteriores, como balcones y jardines, también responde a una demanda creciente post-pandemia, donde el comprador valora el contacto con el aire libre como una prioridad absoluta.
El próximo paso para los propietarios interesados en revalorizar sus activos será la integración de estas mejoras estéticas con criterios de eficiencia energética, una tendencia que comienza a ser consultada por los compradores más jóvenes. Se espera que en el corto plazo, la incorporación de paneles solares pequeños o sistemas de domótica básica se sumen a la lista de reformas de bajo costo con alto impacto en el precio final. Por el momento, la combinación de pintura fresca, iluminación estratégica y baños modernizados sigue siendo la fórmula más efectiva para defender el valor del metro cuadrado en un mercado que castiga severamente el descuido visual y la falta de mantenimiento funcional.