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Tragedia en Maldivas: confirman la muerte de cinco buzos italianos en el atolón Vaavu

Cinco ciudadanos italianos, entre ellos una reconocida científica y su hija, fallecieron tras desaparecer durante una inmersión técnica en una cueva submarina a 70 metros de profundidad.

Redacción El Capitán 25 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: La Nación

Cinco turistas italianos murieron tras desaparecer durante una excursión de buceo científico en el atolón de Vaavu, Maldivas, luego de que la tripulación del yate Duke of York reportara su pérdida al mediodía del pasado miércoles.

El operativo de rescate desplegado por las autoridades locales confirmó el hallazgo del cuerpo de Monica Montefalcone, de 51 años, profesora de Ecología de la Universidad de Génova, localizado en una cueva submarina a 70 metros de profundidad. Junto a ella se encontraban su hija, Giorgia Sommacal, de 23 años; la investigadora Muriel Oddenino; y los instructores de buceo Gianluca Benedetti y Federico Gualtieri, de 31 años. Según informaron fuentes de la Guardia Costera de Maldivas, el grupo realizaba una inmersión cerca de Alimathaa, una zona reconocida por su biodiversidad pero también por la complejidad de sus corrientes. El hallazgo del primer cuerpo a una profundidad que duplica el límite permitido para el buceo recreativo en el país —fijado en 30 metros— sugiere que el grupo realizaba una maniobra técnica de alta complejidad que terminó en fatalidad.

Los investigadores de la policía de Maldivas centran sus hipótesis en una falla multicausal que habría impedido el ascenso de los buzos. Entre las líneas de investigación principales se analiza una posible contaminación o error en la mezcla de gases de los tanques de oxígeno, necesaria para inmersiones a profundidades extremas, o una desorientación masiva dentro de la grieta de la cueva, que posee una extensión estimada de 260 metros. Operadores del mercado turístico de lujo en la región indicaron que las condiciones meteorológicas en el momento del incidente eran adversas, con un fuerte oleaje y corrientes térmicas repentinas que podrían haber arrastrado a los buzos hacia el interior de la formación rocosa. La embarcación Duke of York, operada por la firma Luxury Yacht Maldives, contaba con todos los permisos vigentes, pero el descenso a 70 metros excede los protocolos estándar de seguridad para visitantes extranjeros.

Monica Montefalcone no era una turista ocasional, sino una experta internacional que lideraba campañas de monitoreo ambiental en el archipiélago. Trabajaba activamente para la agencia Albatros Top Boat, dirigida por Gianluca Benedetti, otra de las víctimas. Por su parte, Federico Gualtieri era un reciente graduado de la Universidad de Génova que había dedicado su tesis de grado a la propia Montefalcone, a quien describía como su guía académica y profesional. La expedición tenía un carácter científico-educativo, destinado a documentar la flora y fauna de las cuevas de Vaavu, una de las áreas menos pobladas y más preservadas de Maldivas. Fuentes diplomáticas italianas confirmaron que se encuentran en contacto permanente con las autoridades de Malé para coordinar la repatriación de los restos y el seguimiento de las pericias técnicas sobre los equipos de buceo utilizados.

Contexto

El atolón de Vaavu es un destino predilecto para el buceo de élite debido a sus arrecifes vírgenes, pero históricamente ha representado un desafío para la seguridad náutica por sus canales profundos. Las Maldivas han endurecido sus regulaciones de buceo en la última década, estableciendo un límite estricto de 30 metros para el buceo recreativo y exigiendo certificaciones especiales para inmersiones técnicas. Sin embargo, el crecimiento del turismo científico ha generado una zona gris regulatoria donde expertos realizan estudios en áreas de difícil acceso. Montefalcone había estado trabajando en Alimathaa los días previos al accidente, desarrollando programas de investigación universitaria que buscaban medir el impacto del cambio climático en los corales locales. Este antecedente de experiencia previa en la zona profundiza el misterio sobre cómo un grupo de profesionales altamente calificados terminó atrapado en una cueva a una profundidad crítica.

Históricamente, los incidentes en cuevas submarinas en esta región se han vinculado a la falta de visibilidad repentina causada por el levantamiento de sedimentos. En este caso, la cueva de 260 metros de largo donde se presume que están los cuatro cuerpos restantes es conocida por los buzos locales como una estructura de “dedos”, con múltiples ramificaciones que pueden confundir incluso a expertos si no se utiliza una línea de vida (guía física) adecuada. La relación entre las víctimas era estrecha: además del vínculo madre-hija entre Montefalcone y Sommacal, el grupo formaba un equipo de trabajo consolidado que ya había realizado misiones similares en otros atolones del Océano Índico. La comunidad científica de Génova y Turín ha manifestado su conmoción ante la pérdida de dos de sus investigadoras más activas en el campo de la biología marina.

Impacto

Este suceso genera una crisis de confianza en el sector del turismo de expedición científica, un nicho de alto valor adquisitivo para la economía de Maldivas. El Ministerio de Turismo del país evalúa implementar auditorías más rigurosas a las empresas que ofrecen servicios de “vida a bordo” (liveaboard), como el yate Duke of York, para asegurar que las inmersiones técnicas cuenten con apoyo de superficie adicional y sistemas de redundancia de gases. Para Italia, la pérdida representa un golpe al ámbito académico de las ciencias del mar, dado que Montefalcone era una referencia en el estudio de las praderas de Posidonia y los ecosistemas coralinos. El impacto también se siente en la industria del buceo recreativo, que teme que una mayor restricción de las profundidades permitidas afecte la llegada de buzos experimentados que buscan explorar las paredes verticales de los atolones.

Desde el punto de vista legal, la investigación determinará si existió negligencia por parte de la operadora Luxury Yacht Maldives al permitir o no supervisar adecuadamente una inmersión que superaba los límites de seguridad establecidos por la ley local. Expertos en seguridad submarina señalan que el hallazgo del cuerpo a 70 metros es una prueba irrefutable de que se violaron los estándares de seguridad recreativa, lo que podría derivar en demandas civiles millonarias y la revocación de licencias comerciales. La dificultad para recuperar los cuerpos restantes debido al mal clima y la profundidad extrema pone de manifiesto la falta de equipos de rescate de profundidad en los atolones periféricos, obligando al gobierno a depender de buzos militares y tecnología extranjera para completar la tarea.

Las tareas de búsqueda de los cuatro buzos restantes se mantienen suspendidas intermitentemente debido al fuerte oleaje que afecta al atolón de Vaavu. Se espera que en las próximas 48 horas, si las condiciones climáticas mejoran, un equipo de buzos especializados de la policía intente ingresar nuevamente a la cueva de 260 metros para localizar y extraer los restos de Sommacal, Oddenino, Benedetti y Gualtieri, mientras la Fiscalía de Malé inicia el peritaje de las bitácoras de inmersión del Duke of York.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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