ECONOMÍA

Mineros artesanales se enfrentaron con la Policía en La Paz y exigen la renuncia de Rodrigo Paz

Miles de trabajadores mineros protagonizaron violentos disturbios en el centro paceño con detonaciones de dinamita, en medio de una crisis por falta de combustibles y dólares que asedia al Gobierno boliviano.

Redacción El Capitán 23 de mayo de 2026 5 min de lectura
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Foto: Infobae

Mineros artesanales se enfrentaron este jueves con la Policía Boliviana en el centro de La Paz, tras intentar romper el cordón de seguridad hacia la Plaza Murillo para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz.

La jornada de protesta, que movilizó a miles de trabajadores del sector cooperativista y artesanal, derivó en una batalla campal en las inmediaciones de la sede de Gobierno y el Congreso Nacional. Según informaron fuentes del Ministerio de Gobierno, los manifestantes utilizaron cartuchos de dinamita para intentar dispersar a las fuerzas de seguridad, que respondieron con el lanzamiento sistemático de gases lacrimógenos. El conflicto se originó por una serie de reclamos sectoriales que incluyen la demanda de nuevas áreas de explotación minera, el acceso garantizado a cupos de combustible para maquinaria y modificaciones urgentes en el marco regulatorio de la actividad. Sin embargo, con el transcurrir de las horas y ante la falta de acuerdos concretos, la movilización viró hacia una consigna política unificada: el pedido de dimisión del mandatario Rodrigo Paz, quien asumió la presidencia hace apenas seis meses.

A pesar de que una delegación de los trabajadores logró ingresar al Palacio de Gobierno para iniciar una mesa de diálogo, las conversaciones no prosperaron. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, manifestó que el Poder Ejecutivo mantiene una postura de apertura para escuchar las demandas, aunque aclaró que muchas de las exigencias técnicas requieren un análisis de factibilidad que no puede resolverse bajo presión callejera. Mientras tanto, en el casco histórico paceño, la tensión escaló con corridas y detonaciones que afectaron la actividad comercial y administrativa. Testigos presenciales y operadores del área de seguridad reportaron que las columnas de mineros intentaron avanzar por diversas arterias laterales para flanquear la protección policial de la Plaza Murillo, lo que generó un clima de zozobra en la población civil y el cierre preventivo de estaciones de servicio y locales gastronómicos en el radio céntrico.

Contexto

La actual ola de conflictividad social en Bolivia no es un hecho aislado, sino el resultado de una degradación económica que se profundizó en el último semestre. El país atraviesa una severa escasez de divisas extranjeras, lo que ha dificultado las operaciones de importación de insumos básicos y, fundamentalmente, de hidrocarburos. Esta falta de combustible ha paralizado parcialmente el transporte de carga y la actividad minera, motor fundamental de la economía nacional. Antes de la llegada de los mineros a la capital, el Gobierno ya enfrentaba focos de conflicto con organizaciones rurales que rechazaban una ley destinada a habilitar la hipoteca de tierras agrícolas. Si bien la administración de Rodrigo Paz decidió anular dicha normativa en un intento por desactivar las protestas, la medida resultó insuficiente frente a un pliego de reclamos que ahora incluye aumentos salariales y el control de la inflación galopante.

A este escenario se suma la fractura política interna del país. El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, denunció formalmente que las movilizaciones forman parte de un plan de desestabilización orquestado por sectores afines al ex presidente Evo Morales. Según la visión oficialista, el bloqueo de rutas y las marchas hacia La Paz tienen un trasfondo político electoral más que una base de reclamo social genuino. Por su parte, Morales, a través de sus canales oficiales, rechazó estas acusaciones y sostuvo que la revuelta es una respuesta natural de los sectores populares ante un Gobierno que, según sus palabras, traicionó las promesas de estabilidad. La situación se volvió aún más compleja tras la reactivación de procesos judiciales contra el ex mandatario por presunto abuso de una menor, lo que motivó a sus seguidores, incluidos los denominados “Ponchos Rojos” y campesinos aymaras, a iniciar marchas desde El Alto y otros puntos del altiplano hacia la sede de Gobierno.

Impacto

El impacto de estas protestas se siente con especial rigor en la logística y el abastecimiento básico de la población boliviana. Los bloqueos de rutas, que se extienden por varios departamentos del país, han interrumpido el flujo de camiones que transportan alimentos frescos, medicamentos esenciales y suministros críticos como el oxígeno para los centros hospitalarios. Fuentes del sector salud indicaron que la situación en las guardias médicas es de alerta máxima debido a la imposibilidad de reponer insumos básicos por los cortes en las carreteras principales. Además, la paralización del transporte de carga afecta directamente a las exportaciones, agravando la ya crítica falta de dólares en el Banco Central de Bolivia, lo que genera un círculo vicioso de desabastecimiento y encarecimiento de los productos de la canasta básica.

Desde el punto de vista institucional, la presión sobre Rodrigo Paz coloca a su gestión en una situación de extrema fragilidad. La Central Obrera Boliviana (COB), históricamente un actor de peso en la gobernabilidad del país, ha endurecido su discurso y se ha sumado a las críticas contra el manejo económico del Ejecutivo. La convergencia de los mineros —un sector con gran capacidad de movilización y choque— con las organizaciones indígenas y sindicatos urbanos plantea un desafío de seguridad interior que el Gobierno intenta contener sin recurrir a una represión que pueda derivar en un costo político irreversible. La parálisis legislativa y la falta de acuerdos en el Congreso para aprobar créditos internacionales complican aún más la capacidad de respuesta del Estado ante las demandas de los manifestantes, quienes aseguran que no abandonarán las calles hasta obtener soluciones estructurales.

Para los próximos días se espera que la conflictividad se mantenga en niveles altos, con la llegada de nuevas columnas de manifestantes desde el interior del país. La tensión pendiente se centra ahora en la respuesta que dará el Poder Judicial ante la incomparecencia de Evo Morales y cómo esto podría actuar como un catalizador para un bloqueo nacional de caminos de carácter indefinido. El Gobierno de Paz se enfrenta a la encrucijada de negociar con sectores que ya no reconocen su autoridad o intentar sostener el orden público en un escenario de creciente aislamiento político y asfixia económica.

Fuente: Infobae

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Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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