SOCIEDAD

Registran al gato andino en Mendoza: el felino más amenazado de América reaparece en Malargüe

Cámaras trampa detectaron un ejemplar de gato andino cerca de la Reserva La Payunia, confirmando la supervivencia de esta especie en peligro crítico de extinción en el sur mendocino.

Redacción El Capitán 22 de mayo de 2026 5 min de lectura
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Foto: Infobae

Cámaras trampa de la organización Wildlife Conservation Society (WCS) registraron la presencia de un gato andino en las inmediaciones del Área Natural Protegida La Payunia, en el departamento de Malargüe, provincia de Mendoza, durante un monitoreo científico reciente.

El hallazgo de este ejemplar de Leopardus jacobita, conocido popularmente como el “fantasma de los Andes”, representa un hito para la biodiversidad regional debido a que fue documentado en una zona donde nunca antes se había registrado su presencia. El animal fue captado a menos de diez kilómetros del límite del área protegida, desplazándose entre las formaciones rocosas y el paisaje volcánico característico del sur mendocino. Según indicaron especialistas de WCS Argentina, las imágenes obtenidas muestran al felino mimetizado con el entorno pedregoso, lo que ratifica la dificultad de su avistamiento y la importancia de la tecnología de sensores para su estudio. María José Bolgeri, doctora en biología y gerente de manejo regenerativo de la organización, explicó que este registro confirma que la especie continúa habitando el área y que los esfuerzos de conservación en el norte de la Patagonia están arrojando resultados concretos tras años de trabajo sostenido en el territorio.

La detección no fue producto del azar, sino de un seguimiento sistemático iniciado a partir del testimonio de un productor ganadero local que había descrito un encuentro con el animal en ese sector específico. Los investigadores de WCS Argentina, que operan en la zona desde el año 2005, utilizaron esta información para colocar los dispositivos de captura fotográfica en puntos estratégicos. Los datos recolectados permiten a los científicos evaluar no solo la presencia, sino también el estado corporal del ejemplar, su edad aproximada y sus patrones de movimiento. Estos parámetros son fundamentales para estimar la densidad poblacional en una región donde el gato andino compite por recursos con otros depredadores como el puma y el zorro colorado, y donde comparte hábitat con especies emblemáticas como el cóndor andino, el choique, la mara y las extensas poblaciones de guanacos que realizan migraciones masivas a través de las estepas patagónicas de Malargüe.

Contexto

El gato andino es considerado el felino más amenazado del continente americano y uno de los mamíferos con mayor riesgo de desaparición a nivel global. Actualmente, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica en la categoría de “en peligro de extinción”, estimando que quedan menos de 2.200 ejemplares adultos en toda su área de distribución, que abarca las zonas montañosas de Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Históricamente, la relación entre este felino y las comunidades rurales ha sido conflictiva; datos de WCS revelan que aproximadamente el 50% de los registros históricos de la especie corresponden a animales que fueron cazados por criadores de ganado para prevenir ataques a sus rebaños. Esta presión antrópica, sumada a la escasez natural de la especie, ha llevado a que cada nuevo avistamiento sea tratado como un evento de relevancia internacional para la comunidad científica y los organismos de protección ambiental.

A nivel morfológico, el Leopardus jacobita posee características únicas que lo distinguen de otros felinos similares, como el gato del pajonal. Su rasgo más distintivo es una cola excepcionalmente larga, gruesa y de forma cilíndrica, que presenta entre seis y nueve anillos anchos de color café oscuro o negro. Esta cola no solo le sirve para mantener el equilibrio en terrenos escarpados, sino también para abrigarse durante las gélidas noches de la alta montaña. Su pelaje es denso y de aspecto felpudo, con una nariz negra que es el principal indicador visual para diferenciarlo de sus parientes cercanos, que suelen tener la nariz rosada. Su dieta depende casi exclusivamente del chinchillón, un roedor de zonas rocosas cuya disponibilidad condiciona directamente la supervivencia del felino en los ecosistemas de altura y estepa volcánica.

Impacto

La confirmación de la presencia del gato andino en las cercanías de La Payunia refuerza el valor estratégico de esta reserva, que con sus 665.000 hectáreas se posiciona como un corredor biológico crítico para la conectividad de las especies en el Cono Sur. El impacto de este hallazgo es multidimensional: por un lado, valida las políticas de manejo de áreas protegidas de la provincia de Mendoza y, por otro, pone de relieve la necesidad de mitigar las amenazas que persisten sobre el hábitat. Entre los principales riesgos identificados por los especialistas se encuentran la degradación del suelo por actividades extractivas, el cambio climático que reduce las fuentes de agua y los atropellamientos en rutas provinciales. Además, la reducción de las poblaciones de chinchillones debido a la pérdida de pastizales afecta directamente la cadena trófica del gato andino, obligándolo a desplazarse mayores distancias y exponiéndolo a nuevos peligros.

Desde una perspectiva institucional, este registro impulsa la colaboración entre organizaciones no gubernamentales y el sector productivo. El hecho de que el avistamiento se haya originado por el reporte de un ganadero marca un cambio de paradigma en la relación entre la fauna silvestre y la actividad económica local. Según fuentes del sector ambiental, fomentar programas de compensación y manejo regenerativo es vital para que los productores se conviertan en aliados de la conservación en lugar de ver al felino como una amenaza para su sustento. La información obtenida a través de estas cámaras trampa será integrada en los planes de manejo de la Dirección de Recursos Naturales Renovables de Mendoza para fortalecer la vigilancia en los sectores identificados como puntos calientes de biodiversidad.

El próximo paso para los equipos de investigación de WCS Argentina consistirá en ampliar la red de monitoreo hacia zonas inexploradas del departamento de Malargüe y el norte de Neuquén. Se espera que en la próxima temporada de revisión de cámaras se puedan obtener registros de otros individuos, lo que permitiría confirmar si existe una población reproductiva estable en el área de La Payunia. La tensión pendiente radica en la implementación de medidas de protección efectivas fuera de los límites de la reserva, donde el animal carece de resguardo legal estricto y queda vulnerable a la caza furtiva y a la expansión de la frontera de actividades industriales.

Fuente: Infobae

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