YPF implementó este jueves un incremento del 1% en el valor de sus combustibles en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como parte de una estrategia para amortiguar la inestabilidad del crudo internacional.
Con este ajuste, el litro de nafta súper en las estaciones de servicio de la Capital Federal promedia los $2034, mientras que la versión premium alcanzó los $2239. En el segmento del diésel, el gasoil común se ubicó en $2080 y el grado tres o premium ascendió a los $2303. Estos valores, según indicaron operadores del sector energético, representan el piso del mercado nacional debido a la estructura impositiva diferencial que beneficia a la Ciudad de Buenos Aires y a la fuerte competencia entre las banderas que operan en el distrito. De acuerdo con los nuevos cuadros tarifarios, llenar un tanque de 50 litros con nafta súper requiere ahora una inversión de $101.700 en los surtidores de la compañía de mayoría estatal.
La decisión de la petrolera, comunicada por su presidente y CEO, Horacio Marín, responde a la necesidad de equilibrar los precios internos con la paridad de importación sin afectar drásticamente el consumo. Marín explicó que la compañía busca preservar la demanda y evitar sobresaltos en el surtidor, extendiendo un mecanismo de amortiguación diseñado para filtrar la volatilidad del barril de Brent, afectado por el conflicto bélico en Medio Oriente. Según datos del último reporte para inversores presentado por la firma, el valor de importación se situó un 18% por encima de los precios locales, lo que generó un desfase técnico cercano al 15% en las estaciones de servicio, a pesar de las actualizaciones mensuales que se vienen registrando desde el inicio del año.
El movimiento de YPF, que domina el 55% del mercado de despacho de combustibles en Argentina, funciona como un ancla para el resto de los competidores. Fuentes del mercado mayorista señalaron que empresas como Shell, Axion Energy y Puma Energy suelen aguardar los movimientos de la firma líder antes de modificar sus propios tableros de precios para no perder competitividad en el volumen de ventas. Este ajuste del 1% se produce tras el vencimiento de una pausa de 45 días que la empresa había iniciado el pasado 1º de abril, luego de detectar una caída del 10% en las ventas durante el cierre de marzo. Ante la persistencia de la inestabilidad externa, la conducción de la petrolera decidió duplicar la duración de este mecanismo de protección para el consumidor final.
Contexto
El escenario actual de los combustibles en Argentina está marcado por una fuerte contracción del consumo y una política de sinceramiento de precios que comenzó en diciembre pasado. Según datos oficiales de la Secretaría de Energía de la Nación, el consumo promedio diario de combustibles registró una baja del 3,1% mensual durante marzo, reflejando el impacto de la pérdida del poder adquisitivo en los usuarios particulares y el transporte de carga. Un informe detallado de la consultora Politikon Chaco reveló que las ventas totales cayeron un 1,8% interanual en todo el país, siendo el segmento de las naftas el más afectado con un retroceso del 2,4%, cifra que superó la baja del 1,1% registrada en el despacho de diésel.
Históricamente, la brecha entre el precio local y el internacional (export parity) ha sido un punto de tensión en la política energética argentina. Durante el primer trimestre del año, YPF admitió que el precio en surtidor registraba un atraso significativo respecto de los costos de reposición. No obstante, la caída en los niveles de demanda obligó a la empresa a moderar el ritmo de los aumentos. El esquema de amortiguación aplicado actualmente no incluye variables como los impuestos internos, el precio de los biocombustibles, el tipo de cambio oficial administrado por el Banco Central o los costos operativos de logística. Estos rubros mantienen sus ajustes habituales de forma independiente a la decisión de la petrolera sobre el margen del crudo.
Impacto
El incremento del 1% impacta de manera directa en la estructura de costos de la logística y el transporte, aunque en una magnitud menor a la de meses anteriores. Para el sector agropecuario y el transporte de larga distancia, el nuevo valor del gasoil grado tres por encima de los $2300 representa una presión adicional en una temporada clave para la movilidad de granos. Desde el Ministerio de Economía monitorean estos movimientos, ya que el combustible tiene una incidencia ponderada en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), tanto por su efecto directo en el rubro transporte como por su impacto indirecto en la distribución de alimentos y productos de consumo masivo.
Por otro lado, la aplicación del sistema de micropricing por parte de YPF permite a la empresa definir valores diferenciales según la zona geográfica y el horario de carga, lo que genera una dispersión de precios que puede ser mayor en el Gran Buenos Aires y en las provincias del interior del país. En el resto de las jurisdicciones, donde la carga impositiva es superior a la de Capital Federal, el litro de nafta súper ya supera con holgura los $1100 en promedio, lo que profundiza las asimetrías regionales en el costo de vida. La estrategia de la compañía busca, en última instancia, recuperar márgenes de rentabilidad para financiar su plan de inversiones en Vaca Muerta, sin provocar un colapso mayor en los niveles de despacho en las estaciones de servicio.
Hacia adelante, la atención del mercado se centra en el próximo viernes, fecha en la que originalmente vencía el congelamiento y que ahora queda sujeta a la nueva extensión del mecanismo de amortiguación. Se espera que el Gobierno nacional defina en las próximas semanas si aplicará nuevos ajustes sobre el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC), los cuales fueron postergados parcialmente para evitar un impacto inflacionario mayor. De concretarse la actualización impositiva pendiente, los precios en el surtidor podrían sufrir un nuevo incremento adicional al margen operativo de las petroleras antes de que finalice el trimestre.