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Venezuela: confirman 4.490 muertos y 16.740 heridos tras los sismos

El gobierno de Venezuela actualizó el balance de víctimas por los terremotos del 24 de junio, elevando la cifra de fallecidos a 4.490 personas mientras la ONU estima que los desaparecidos podrían alcanzar los 50.000.

Redacción El Capitán 13 de julio de 2026 6 min de lectura
Venezuela: confirman 4.490 muertos y 16.740 heridos tras los sismos
Foto: La Nación

El gobierno de Venezuela confirmó este domingo que la cifra de fallecidos por los dos terremotos que azotaron el país el pasado 24 de junio ascendió a 4.490 víctimas fatales, mientras que los heridos ya suman 16.740 personas.

El reporte oficial, difundido a través de los canales institucionales del Poder Ejecutivo, detalla que la situación humanitaria es crítica, con más de 19.500 ciudadanos desplazados que actualmente residen en campamentos provisionales. La devastación se concentró principalmente en la ciudad de Caracas y en el estado vecino de La Guaira, donde la infraestructura sufrió daños estructurales sin precedentes. Según informaron desde el Ministerio de Vivienda y Hábitat, el relevamiento técnico preliminar indica que más de 850 edificios presentan afectaciones de diversa gravedad, mientras que 190 torres de departamentos y oficinas colapsaron totalmente durante los movimientos telúricos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron la región norte del país.

Los equipos de rescate, integrados por fuerzas de seguridad locales y brigadas internacionales, mantienen los operativos de remoción de escombros en las zonas de mayor impacto. Aunque el gobierno venezolano no ha proporcionado una lista oficial de personas con paradero desconocido, organismos internacionales como las Naciones Unidas (ONU) advirtieron que la cifra de desaparecidos podría ascender a 50.000 individuos, basándose en la densidad poblacional de las áreas donde se registraron los derrumbes totales. La asistencia médica se ha vuelto la prioridad absoluta en los hospitales de campaña instalados en las periferias de los centros urbanos, donde profesionales de la salud intentan contener posibles brotes epidemiológicos derivados del hacinamiento y la falta de servicios básicos en los refugios temporales.

La respuesta de la comunidad internacional se intensificó en las últimas 48 horas con el arribo de suministros críticos desde diversos puntos del globo. El canciller venezolano, Yvan Gil, confirmó la llegada de un cargamento proveniente de la Federación Rusa que incluye toneladas de alimentos no perecederos y enseres de primera necesidad para las familias damnificadas. En paralelo, la embajada de los Estados Unidos reportó la entrega efectiva de 100.000 kits de asistencia humanitaria en las comunidades más vulnerables. Hasta el momento, cerca de 30 naciones han enviado equipos especializados en búsqueda y rescate, además de maquinaria pesada para la limpieza de las arterias viales que conectan a Caracas con el litoral central, facilitando así el flujo de ayuda hacia La Guaira.

La República Argentina se posicionó como uno de los principales cooperantes en la región mediante un despliegue coordinado por la Jefatura de Gabinete y los ministerios de Relaciones Exteriores, Seguridad, Salud y Defensa. El operativo argentino envió más de 16 toneladas de insumos médicos y alimentos, sumado a la instalación de plantas potabilizadoras portátiles con capacidad para generar miles de litros de agua segura por hora, un recurso vital ante la rotura de las redes de acueductos. La Fuerza Aérea Argentina movilizó aeronaves desde el Aeropuerto de El Palomar y la I Brigada Aérea para trasladar a especialistas de la Armada Argentina, quienes operan con perros adiestrados en la localización de personas bajo estructuras colapsadas, junto a expertos en riesgo sísmico y operadores de drones de alta tecnología.

Contexto

El desastre natural que hoy enluta a Venezuela tiene su origen técnico en un fenómeno geológico de gran escala: el desplazamiento de la placa tectónica Sudamericana respecto de la placa del Caribe. Esta interacción liberó una cantidad masiva de energía frente a la costa norte del país, generando dos eventos sísmicos de gran magnitud con epicentros localizados en el estado Yaracuy, específicamente en las cercanías de las localidades de San Felipe y Yumare. A pesar de la ubicación de los epicentros, la configuración geológica de la región provocó que las ondas sísmicas viajaran con mayor intensidad hacia el estado de La Guaira, debido a la actividad de la falla de San Sebastián, una de las estructuras tectónicas más activas del sistema de fallas del Caribe.

Históricamente, la región norte de Venezuela ha sido vulnerable a este tipo de eventos, pero la magnitud doble del 24 de junio superó cualquier registro moderno en la zona central del país. La vulnerabilidad de las construcciones en las laderas de los cerros de Caracas y la antigüedad de los edificios en el puerto de La Guaira exacerbaron las consecuencias del sismo. Expertos en sismología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) señalaron que la sucesión de dos terremotos de magnitudes superiores a 7 en un lapso tan corto impidió cualquier tipo de evacuación organizada, atrapando a miles de personas en sus hogares y lugares de trabajo durante la jornada laboral.

Impacto

Las consecuencias económicas y sociales del desastre son de una magnitud sistémica para Venezuela. La Organización de las Naciones Unidas calculó que los daños materiales directos ascienden a unos 6.700 millones de dólares, una cifra que representa aproximadamente el 6% del Producto Bruto Interno (PBI) nacional. Este impacto financiero se traduce en la pérdida total de infraestructura productiva, educativa y sanitaria en el eje norte-costero. Se estima que hasta 6,8 millones de habitantes han sufrido consecuencias directas, ya sea por el desplazamiento forzado de sus hogares, la pérdida total de sus pertenencias o la interrupción prolongada de servicios esenciales como el suministro eléctrico y el acceso a agua potable.

En el plano social, la precariedad de los campamentos provisionales plantea un desafío de seguridad y salud pública a mediano plazo. La destrucción de 190 edificios residenciales ha dejado a miles de familias en una situación de calle permanente, lo que obligará al Estado a redefinir sus planes de vivienda en un contexto de recesión económica. La presión sobre el sistema de salud es extrema; los hospitales que quedaron en pie operan al límite de su capacidad, atendiendo no solo a los 16.740 heridos registrados, sino también a la población que presenta cuadros de estrés postraumático y enfermedades respiratorias derivadas del polvo y los escombros en suspensión en las zonas de desastre.

El próximo paso para las autoridades venezolanas y los organismos de asistencia internacional será la transición de la fase de rescate a la de recuperación temprana. Se espera que en las próximas semanas se inicie un censo exhaustivo para determinar la identidad de los desaparecidos y comenzar con la demolición controlada de los edificios que presentan riesgo inminente de derrumbe. La reconstrucción de la infraestructura básica en La Guaira y Caracas demandará años de inversión sostenida, mientras la tensión política interna se mantiene latente ante la gestión de los recursos de la ayuda humanitaria que sigue ingresando al país por vía aérea y marítima.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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